Fieles a San Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Flores-Orcajo · Año publicación original: 1985 · Fuente: CEME.
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espiritualidad«El carisma mismo de los Fundadores se revela como una experiencia del Espíritu (EN 11), transmitida a los propios discípulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sintonía con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne». (MR 11).
«El fin de la Congregación de la Misión es seguir a Cristo evangelizador de los pobres. Este fin se logra cuando sus miembros y munidades, fieles a San Vi cente…» (C 1).
La llamada a la fidelidad es una de las ideas clave de las actuales Constituciones. La que aquí se dirige a todos los miembros y a todas las comunidades (no bastan las fidelidades individuales, se requieren las comunitarias) significa también que San Vicente es considerado como inspirador y maestro. Se pide ser fieles al fin de la Compañía, al fin que San Vicente le asignó y como él lo enseñó.
1. La fidelidad al Fundador «principio de renovación».
El Vaticano II estableció el siguiente principio para la renovación y adaptación de los Institutos de vida consagrada:
«Contribuye al bien mismo de la Iglesia el que los Institutos tengan su peculiar índole y función. Por tanto, deben ser reconocidos y conservados el espíritu y los propósitos de los Fundadores, así como las sanas tradiciones, todo lo cual constituye el patrimonio de cada instituto». (PC 2, b).
Pablo VI recuerda el mismo principio de renovación en la Evangelica Testificatio: *Con razón el Concilio insistió sobre la obligación de ser fieles al espíritu de los Fundadores, a las intenciones evangélicas, a sus ejemplos de santidad, viendo en ello uno de los principios de renovación y uno de los criterios más seguros para cada Instituto cuando intenta emprender unas obras». (ET 11).
2. Fidelidad al carisma de San Vicente.
.La índole propia lleva consigo un estilo particular de santificación y de apostolado que va creando una tradición típica cuyos elementos objetivos pueden ser fácilmente individuados. Es necesario, por tanto, en las circunstancias de evolución cultural y de renovación eclesial, que la identidad de cada Instituto sea asegurada de tal manera que pueda evitarse el peligroo de la imprecisión con que los religiosos, sin tener suficientemente en cuenta el modo de actuar propio de su índole, se insertan en la vida de la Iglesia de manera vaga y ambigua…». (MR 11).
Como todo carisma lleva cierta carga de genuina novedad de vida en la Iglesia, no siempre su discernimiento es fácil. Por eso, continúa diciendo el documento citado:
«La caracterización carismática propia de cada Instituto requiere, tanto por parte del Fundador cuanto por parte de sus discípulos, el verificar constantemente la propia fidelidad al Señor, la docilidad al Espíritu, la atención a las circunstancias y a la visión cauta de los signos de los tiempos, la voluntad de inserción en la Iglesia, la conciencia de la propia subordinación a la Jerarquía, la audacia en las iniciativas, la constancia en la entrega, la humildad en sobrellevar los contratiempos». (MR 12).
3. Las Constituciones un medio para ser fieles a San Vicente.
Las Constituciones son solamente un instrumento al servicio del carisma. No es posible encerrar en ellas todo el contenido del mensaje espiritual de San Vicente. Hay otros medíos. Sin embargo, no obstante todas las limitaciones de las Constituciones, el cumplimiento de éstas es garantía de fidelidad a San Vicente. Nos lo asegura la Asamblea General de 1980 en la Introducción a las Constituciones:
«La Congregación, dócil a la voluntad de la Iglesia, revisa y declara su derecho fundamental propio, con el que ha de vivificar, según la inspiración del Concilio Vaticano II, su actividad apostólica y su vida en el mundo actual».
Considera, además, la Asamblea general de 1980 que es necesario remontarse a los orígenes, a la experiencia espiritual e intenciones de San Vicente, para poder conocer más plenamente y guardar con mayor fidelidad la índole original y el espíritu del Fundador y también para sacar de las mismas fuentes una inspiración más insistente a fin de responder a la vocación y de esta manera: «Mantenerse y expresar el lugar y el fin que le fueron legados en la Iglesia». (Intr. p. 21).
¿Conozco suficientemente a San Vicente para plantearme la cuestión de la fidelidad a su espíritu, intenciones y propósitos?
¿Soy de los que piensan que basta trabajar, aunque no se haga vicencianamente?
ORACION:
«Señor Dios nuestro que dotaste de virtudes apostólicas a tu presbítero Vicente de Paúl para que entregara su vida al servicio de los pobres y a la formación del clero, concé-denos, te rogamos, que, impulsados por el mismo espíritu, amemos lo que él amó y practiquemos lo que él enseñó. Por Jesucristo nuestro Señor». (Fiesta universal de S. Vicente, 27 de septiembre).

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