Federico Ozanam, Carta 0024: A Ernest Falconnet

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Federico OzanamLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Federico Ozanam · Traductor: Jaime Corera, C.M.. · Año publicación original: 2015 · Fuente: Federico Ozanam, Correspondencia. Tomo I: Cartas de juventud (1819-1840)..
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Importancia de los conocimientos literarios y filosóficos, cualquiera que sea la carrera que se adopte.

Lyon, 24 de agosto de 1830.

Señor Ernest Falconnet,

Pronto serán las diez, he desayunado bien, el estómago está satisfecho, no tengo ningún mal, no tengo ninguna clase de necesidad, a mi alrededor todo está muy tranquilo, el espíritu está por ello tan libre como le es posible, tan libre como se necesita para escribir al altísimo y poderoso señor Claude Marie Ernest Falconnet, futuro bachiller.

Y he aquí que, en este momento, mi señor gato se ha subido a mi hombro y, fijando el ojo sobre lo que estoy escribiendo, recibe una lección de estilo epistolar.

Pues bien, señor mío, ¿cómo está su preciosa salud? ¿Qué ha sido de los dolores de cabeza? ¿Cómo se encuentra su ilustrísimo espíritu y su genio engendrador? ¿Es alegre, moroso, gozoso, triste? ¿Es la fantasía sombría, rodeada de espesas nubes, o bien se inspira en las rientes campiñas de Mâconnais[1]? ¿Lees algo al amigo Descartes? Sobre todo, ¿lo meditas? ¿Empiezas a convertirte en filósofo y a preguntarte por el porqué de las cosas? Ha llegado el momento de prepararse para el gran viaje de la vida, ánimo. En cuanto a mí, estoy lejos de saber qué carrera tendré que recorrer. He querido ser abogado y he tenido siempre la intención de cultivar las letras y la filosofía. Pero hoy, cuando los sucesos están tan embrollados, ¿se puede saber qué sucederá? ¿Quién me dice que, una de estas cuatro mañanas, no me encontraré, como mi señor padre, en el puente de Arcole o en Lodi[2], o tal vez en Londres, en Viena con el sable en la mano y la mochila a la espalda? Se habla tanto de guerras que, probablemente, acabarán haciéndola; creo, incluso, que es la única salvación de la patria, porque los espíritus están tan divididos, los partidos tan opuestos, las facciones tan distintas que va a hacer falta una guerra contra el extranjero para reunir los espíritus e impedir la guerra civil.

En todo caso, venga lo que venga, yo no dejaré por eso de seguir con mis estudios, porque, si algún día tengo que convertirme en un joven capitán, no me serán inútiles. Todo el que contempla la filosofía con seriedad, y no la ve como un objeto de lujo, se da cuenta bien pronto de que la filosofía es útil en todos los estados, al soldado como al sacerdote.

¿Qué hay más útil para el militar que el estudio de las lenguas? ¿No estaría muy contento de saber alemán e italiano si alguna vez me tocara guerrear en Italia o en Alemania? Por otro lado, nada más necesario a un militar que la religión y, en consecuencia, los estudios religiosos.

Hasta la poesía tiene su utilidad para distraerse algunas veces, incluso en lo más duro de la guerra; la guerra es un hermoso tema de inspiración; [David][3] componía sus cantos sublimes yendo a caballo y llevando las armas en la mano.

Así que, como quiera que sea, yo sigo con mis estudios como de costumbre. He terminado mi idilio de Juana de Arco en Vaucouleurs, leo a mi Heródoto y mis monólogos de […][4] y, al mismo tiempo, la historia literaria de Italia de Ginguené[5], historia, en mi opinión, llena de erudición, pero también superficial.

Sigo, a la vez, con mis trabajos para nuestra obra futura. He encontrado cosas muy curiosas acerca de las creencias de los tártaros, sobre la Trinidad de la India, sobre la Trinidad egipcia: todo prueba hasta ahora a favor nuestro.

Estoy tratando de adquirir algunos conocimientos preliminares sobre el sánscrito que, ciertamente, tendremos que estudiar para poder llevar a cabo nuestro plan. Por lo que he visto hasta el presente, se parece mucho al griego, al alemán, al latín […][6] de una veintena de palabras que he visto esas son las semejanzas que he encontrado, y encontraré sin duda muchas otras más adelante, pero todo eso es solo muy preliminar.

Adiós, mi querido amigo, quiere siempre a tu camarada.

A.-F. Ozanam.

Tengo que ponerme a estudiar esa terrible mitología hindú, que es extremadamente confusa. Trabaja firme sobre los celtas.

Fuente: Archives Société de Saint Vincent de Paul (copia). • Edición: LFO1, carta 20.

[1]*    Distrito situado al sur de la región vitivinícola de Borgoña, en Francia. Su nombre proviene de Mâcon.

[2]*    Referencia a la participación del padre de Federico, Jean-Antoine Ozanam, en las batallas del puente de Arcole (del 15 al 18 de noviembre de 1796) y del puente de Lodi (10 de mayo de 1796), que consolidaron el poder de Napoleón en Italia.

[3]      Falta el nombre en la copia.

[4]      Falta el nombre en la copia.

[5]      L’Histoire littéraire de l’Italie (La historia literaria de Italia) apareció de 1811 a 1835, en catorce volúmenes. Pierre-Louis Ginguené (1748-1815) es el autor de los tomos del 1 al 12, los otros se deben a Franco Salfi (1759-1832).

[6]      Laguna en la copia.

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