Evangelización y Servicio

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicenciana, Hijas de la CaridadLeave a Comment

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Autor: Therezinha REMONATTO · Año publicación original: 1992 · Fuente: Ecos 1992.
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«Ustedes fueron fundadas únicamente para servir al mundo de los desheredados, de los «pequeños».
Yo les exhorto más que nunca a compartir la miseria del mundo contemporáneo…»

maria-discipula-1340x1008Al escuchar los informes de los grupos, he podido percibir que ya se han dado muchas respuestas a esta cuestión, según la llamada del Papa. Por mi parte, me gustaría añadir algunos puntos más que, acaso, puedan enriquecer la reflexión que han hecho ustedes.

Las Hijas de la Caridad, por medio de un voto especial, se comprometen a servir a los Pobres, corporal y espiritualmente. Este voto nos es específico: es nuestra razón de ser. El voto de Servicio a Cristo en los Pobres es un acto de Amor afectivo y efectivo… (Cf. Conf. de S. Vicente y Const. 2.9). Por lo tanto, ha de haber en nosotras una preocupación constante por todo el Hombre.

La consagración es el fundamento sólido del Servicio a los Pobres y es la que le confiere su verdadero sentido. Por su parte, el Servicio a los Pobres especifica nuestra Consagración. Nuestros votos ratifican el don o la entrega total a Dios, entrega que vivimos esencialmente en el Servicio a Cristo en los Pobres.

Apoyada en esto, mi exposición va a detenerse en dos aspectos: Evangelización y Servicio, es decir, Servicio espiritual y corporal.

Los últimos Documentos y Discursos del Santo Padre son claros e incisivos al afirmar que la Evangelización ha de tomar otra fisonomía, otro dinamismo, y en ese sentido, él la llama: NUEVA EVANGELIZACION.

I. Nueva evangelización

La primera vez que el Papa se sirvió de esta expresión fue en el Encuentro del CELAM (Conferencia Episcopal Latino-Americana), en Puerto Príncipe (Haití), el 9 de marzo de 1983.

Pronto, esta expresión: Nueva Evangelización pasó a ser como una especie de «eslogan», sobre todo en los ambientes eclesiales de América Latina. Inicialmente, la propuesta hecha por el Papa de una nueva evangelización se limitaba a este continente, como preparación a los 500 años de su «descubrimiento» y de su primera evangelización…

Pero poco tiempo después, Juan Pablo II preconiza una Nueva Evangelización para todo mundo, también como preparación al III Milenio del Cristianismo. Se trata de dos fechas-símbolos: 1992 y 2000, que han de ser consideradas y aprovechadas como un tiempo oportuno de gracia, de decisión y de mudanza en la forma de anunciar la Buena Nueva, como también de dar testimonio de ella con nuestra vivencia.

A — Características de la nueva evangelización

A los participantes del CELAM, en Haití, en 1983, Juan Pablo II les explicitó con toda claridad tres características de la Nueva Evangelización:

  • Nueva, en su ardor (en su entusiasmo),
  • Nueva en sus métodos y
  • Nueva en su expresión».

Pero en su Discurso está implícita otra cuarta característica: Nueva en sus sujetos: la urgencia que presentan los Pobres.

«Los más pobres tienen que tener un lugar de preferencia en vuestros corazones de «padres» y en vuestra solicitud de pastores», les dijo el Papa a los Obispos allí reunidos. Al final, les recordó el Documento de Puebla y lo puso como baliza o como marco de una Nueva Evangelización para América Latina. Ahora bien, este Documento establece la «Opción Preferencial por los Pobres», no sólo como objeto de la Acción Eclesial, sino como Sujetos de la Evangelización.

En sus diversas alocuciones, el Papa menciona los Desafíos, las Tentaciones, las Esperanzas y las Exigencias de la Nueva Evangelización.

1. Desafíos que presenta el momento histórico de la Nueva Evangelización.

  • La escasez de agentes, es decir de evangelizadores seglares debidamente cualificados;
  • La secularización de la sociedad, que propone valores diferentes de los que presenta el Evangelio;
  • El contratestimonio de algunos cristianos; ciertas divisiones que se dan en la Iglesia;
  • El clamor de una urgente Justicia;
  • La corrupción en la vida pública, los conflictos armados, la falta de sentido ético;
  • La falta de solidaridad entre las Naciones.

2. Tentaciones contra la vocación cristiana, que desfiguran el rostro del hombre.

  • Búsqueda de modelos sociales que prescinden de la vocación cristiana y de sus valores;
  • Intento de hacer de la Fe una ideología, debilitando así la Comunión Eclesial. En la misma línea, promover la difusión de las sectas religiosas.
  • Búsqueda de soluciones con la fuerza de las armas o con la opresión ideológica, o también, hacerse ídolos de la riqueza y del placer;
  • Uso de las drogas y de la permisividad pornográfica, factores que causan el debilitamiento de la fibra moral y de la Esperanza de los Pobres;
  • Campañas contra la vida;
  • Interferencia de Potencias que tratan de imponer sus intereses y sus ideologías, manteniendo a las Naciones Pobres bajo su dependencia.

En la Encíclica Centesimus Annus, Juan Pablo II explica con claridad que, aprovechando la caída del comunismo, el capitalismo liberal podría verse inclinado a desarrollar de nuevo y con más vigor sus aspectos negativos de explotación del hombre por el hombre.

Además de esto, una de las tentaciones más sutiles para los países del Este sobre todo, sí sería de manera especial la de no saber resistir a la atracción del materialismo capitalista, después de haber conocido los horrores del materialismo marxista.

3. Esperanzas de la Nueva Evangelización

  • La de una Iglesia unida en su Misión Evangelizadora;
  • La del crecimiento de las vocaciones en algunos países;
  • La de una Iglesia fuertemente empeñada en la Catequesis;
  • La de los Jóvenes, que quieren dar nuevo vigor a su fidelidad a Dios y a su pueblo;
  • La de un laicado comprometido en su Misión Eclesial y en su papel en el mundo;
  • La de los Movimientos de Trabajadores que luchan por conseguir condiciones más dignas de vida y de trabajo;
  • La de los sectores intelectuales que empiezan a reencontrar valores éticos y culturales en el pueblo.

4. Exigencias para la eficacia de la Nueva Evangelización

  • Invertir lo mejor de las energías en la construcción de verdaderas comunidades cristianas, como la de los primeros hermanos en la Fe, sobre todo en el estilo de vida evangélico: en el compartir, en la vivencia plena de la Eucaristía;
  • Todos los bautizados deben sentirse miembros vivos de la Iglesia y comprometidos en su Misión;
  • Formación constante de los Evangelizadores y de los Evangelizados: una formación integrante e integral – cultural, profesional, doctrinal, espiritual y apostólica;
  • Espiritualidad basada en la fidelidad a la Palabra de Dios, fidelidad al hombre y a su historia, en la cual prosigue la acción del Espíritu Santo.

B – Nueva evangelización y «opción preferencial por los pobres»

Además de ser una constante en la tradición bíblica y eclesial, la «Opción preferencial por los Pobres» constituye uno de los aspectos más importantes de la Nueva Evangelización.

La predilección de la Iglesia por los Pobres le viene de Cristo. Es una caracterísica de la espiritualidad cristiana, que vivieron las primeras comunidades cristianas y tantos Fundadores de Congregaciones o Sociedades de Vida Apostólica, como también lo hicieron San Vicente y Santa Luisa al fundar la Compañía de las Hijas de la Caridad, cuyo carisma bien conocemos: El servicio a Cristo en los pobres.

Hoy, la vida consagrada sólo tiene sentido si es profética y fiel de manera creativa a su carisma vocacional… si vive en escucha permanente a las manifestaciones de Dios en el mundo, a las llamadas de los Pobres y de la Iglesia, en las diversas situaciones del actual contexto histórico.

La Nueva Evangelización reafirma la preferencia evangélica por los Pobres, sin complejos y sin miedos, pues esa predilección dimana de la Revelación bíblica. Las motivaciones de esta Opción deben fundamentarse en la Fe, en la Esperanza y en el Amor, a imitación de Cristo.

El punto de arranque de la Opción preferencial por los Pobres, como todos saben, se encuentra en Medellín y Puebla. No obstante, últimamente se percibe cierto debilitamiento en la práctica pastoral de la Iglesia con relación a esta Opción preferencial, tal como la entendía Puebla; pero el Papa insiste de continuo en ella ante las Conferencias Episcopales, como ya hemos visto.

Ya San Vicente nos decía:

«Los pobres son nuestros señores y maestros».

Y esto no es pura retórica. Los Pobres realmente nos evangelizan y convierten, como el mismo San Vicente lo experimentó. La Nueva Evangelización ha de reconocer el potencial evangelizador que existe en los Pobres: su saber compartir la Fe, su solidaridad, su servicio, su sencillez, su disponibilidad, su manera de acoger la Palabra de Dios y la del hermano. Los pobres evangelizan también con su propia existencia, su clamor, las «pequeñas liberaciones y conquistas» que consiguen a través de diversas Organizaciones… Es cierto que no se puede caer en el extremo de idealizar al Pobre en su potencial evangélico. Pero la verdad nos obliga a reconocer que representan una riqueza moral, con frecuencia desconocida…

* * *

Una vez hecha esta breve exposición, a modo de síntesis, vuelvo al Tema de la Asamblea General de 1991:

«La hija de la Caridad en el mundo y para el mundo de hoy».

Y me refiero también a la Alocución del Santo Padre dirigida a los miembros de la misma Asamblea, a los que dio un nuevo «Envío a Misión» con estas palabras:

«Queridas Hermanas, en nombre de Cristo y de la Iglesia, me atrevo a movilizarlas de nuevo en favor del mundo inmenso y tan diverso de la pobreza».

Entonces, surge sin duda en nuestros corazones esta preguntar. Cómo ir a ese mundo de los Pobres, con la identidad propia de la Hija de la Caridad, en un proceso dinámico y renovado?

Y la respuesta a esta pregunta nos lleva a hablar del servicio. Lógicamente, en la práctica no se separan Evangelización y Servicio: ambos son inseparables. Pero, a efectos didácticos, hemos de abordar uno tras otro.

II. Servicio

La Hija de la Caridad, a imitación de los doce Apóstoles, intenta ser fiel al seguimiento de Cristo, prolongando en el mundo su presencia de SERVIDOR. Asume el vivir su carisma de una forma creativa y original, en un continuo esfuerzo de fidelidad al Evangelio y a las Constituciones, con una actitud de sierva.

La experiencia que San Vicente y Santa Luisa tuvieron junto a los Pobres, a los que prestaron las más diversas formas de servicio corporal y espiritual, sigue siendo de toda actualidad, porque esta inspiración de los Fundadores tiene su origen en el Evangelio.

Para nosotras, esa experiencia consiste, precisamente, en saber unir Evangelización y Servicio, en un proceso dinámico y con una presencia profética, frente a la realidad en la que hoy vive el Pobre.

«La iniciativa nace del Amor», decía Madre Rogé, y puede, por lo tanto, desaparecer con la rutina. El peligro para una Hija de la Caridad es el de que tenga una mirada y un corazón acostumbrados a lo que vive, a lo que ve, a lo que hace. De ahí, la necesidad de las revisiones apostólicas.

Son tres los pilares que sustentan nuestra actitud de SIERVAS:

1) La contemplación del misterio de un Dios hecho hombre – Pobre, Solidario y Servidor;

2) La convicción de la necesidad de una continua conversión para seguir a Cristo Libertador y Siervo;

3. El esfuerzo por descubrir, en Fe, el rostro de Cristo en el Pobre: en el enfermo de Sida, en el niño de la calle, en el analfabeto, el marginado, etc.

La vivencia diaria de nuestro ser siervas tiene sus exigencias y se traduce en gestos concretos y en ciertas actitudes.

Voy a citar solamente algunas de éstas, entre tantas otras:

III. Actitudes

Disponibilidad para un verdadero servicio

Decía Madre ROGÉ: «No se puede poner en marcha ningún Proyecto Comunitario, local o provincial, no se puede alcanzar ninguna perspectiva misionera, si cada sierva, es decir, cada Hermana, hace lo que quiere y como quiere…

Una vez que se han comprometido libremente a servir a Cristo, su entrega debe ser «sin retorno», la entrega de una sierva humilde, pobre y disponible» (Ecos n.911 – noviembre 1976, p. 429)

Y continúa Madre Rogé:

«La verdadera sierva ‘comulga’ con la vida de su Amo. Cuanto más desprovisto de todo sea éste, tanto más querrá ella estar a su servicio. Está obligada por vocación, según decía San Vicente, a servir a los más miserables, a los más abandonados, a los más destrozados por la miseria corporal o espiritual…» (Idem).

Esto lleva consigo la necesidad de unas actitudes de:

  • acogida al Pobre, con una gran sensibilidad respecto a sus derechos;
  • escucha y diálogo, con el fin de llegar a descubrir sus valores y ayudarle a tomar conciencia de su potencial;
  • respeto a sus derechos humanos, ayudándole a tomar conciencia también de ellos, dentro de la justicia;
  • solidaridad, tomando parte en su vida, sus dificultades, sus luchas, alentándole a desarrollar su potencial humano, tanto tiempo sin explotar, con miras a su auto-promoción;
  • Fe, que permita llevarles alegría y esperanza, ante la seguridad de que Dios los ama;
  • oración encarnada en la vida, rezando con ellos y por ellos. El mundo de hoy, cada vez más desenganado en su busca del placer, en la evasión de la droga, en el desatino del terrorismo, experimenta una gran sed de Dios y de los valores espirituales.

Por último, las Constituciones (2. 9) nos dicen: «Cualesquiera sean su forma de trabajo y su nivel profesional, se mantienen ante los Pobres en una actitud de siervas, es decir, en la puesta en práctica de las virtudes de su estado: humildad, sencillez y caridad. Tienen especial empeño en conservar el desinterés del corazón y el sentido de la gratuidad, que se manifiestan en el espíritu de su servicio y en la calidad de su presencia».

El Documento InterAsambleas y las reflexiones de la misma Asamblea de 1991 presentan algunas líneas de acción encaminadas a hacer de nosotras constructoras de la Nueva Evangelización y de la promoción plena del hombre, mediante la vivencia de la Justicia y del Amor; nos indican también cómo mantenernos en la postura de Siervas, al recomendarnos:

  • Reservar tiempos fuertes de oración, como alimento de nuestra acción;
  • Reservarnos tiempos fuertes en Comunidad, para infundir dinamismo a la vida fraterna, vivida con alegría, sabiendo compartir, todo ello como exigencia de la Misión;
  • Reservar tiempo para la formación personal y comunitaria, para estar al corriente de lo que ocurre en la sociedad y en la Iglesia con el objetivo de ayudar a los Pobres y empobrecidos, a defender sus derechos, sin apartarse del amor y la justicia;
  • Cuestionarnos acerca de las prioridades y proseguir con audacia y creatividad la revisión de Obras y actividades;
  • Emprender con valentía la reforma de nuestro estilo de vida, buscando la cercanía a los Pobres, contentándonos con lo necesario y rechazando lo superfluo;
  • Tomar a María como modelo de disponibilidad, de Sierva, en nuestro caminar diario y como «Estrella de la Evangelización para todos los pueblos, llevándoles la alegría, la Fe y la Esperanza». (Cf. Juan Pablo II);
  • Dar nuevo impulso a la Pastoral Vocacional, haciéndola dinámica y creativa, con el fin de formar nuevas Siervas para el Servicio a los Pobres.

Y respecto a este punto, conviene que nos cuestionemos:

  • ¿Perciben las jóvenes que estamos plenamente convencidas de nuestra Vocación de Hijas de la Caridad?
  • ¿Nos ven como personas consagradas que dan testimonio de Alegría, de Fraternidad, de Amor y Ternura hacia los Pobres?
  • ¿Nos ven rezar?
  • Por nuestra parte, como Hijas de la Caridad, ¿creemos en la Pastoral Vocacional y en sus frutos?

«Hay que creer en lo que se hace y hacerlo con entusiasmo». El Dueño de la Mies sigue llamando Obreros para su Cosecha…

Conclusión

Me gustaría poner fin a esta exposición con las palabras del mismo Cristo que, a mi modo de ver, trazan un programa de vida para la Hija de la Caridad, Sierva:

«Os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros. En verdad, en verdad os digo: No es el siervo mayor que su señor, ni el enviado mayor que quien le envía. Dichosos vosotros si practicáis estas cosas que sabéis…» (Jn. 13, 15-17).

 

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