Encuentro Internacional de la AMM en París

Francisco Javier Fernández ChentoAsociación de la Medalla MilagrosaLeave a Comment

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Autor: Evelyne Franc, H.C. .
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Entre el 15 y el 20 de Noviembre de 2009 tuvo lugar este Encuentro Internacional con el que se cerró el Año Jubilar de la AMM en el Centenario de su aprobación pontificia.

En efecto, el día 20, se clausuró muy solemnemente dicho Centenario con una Eucaristía celebrada en la Capilla de las Apariciones de la Santísima Virgen a Santa Catalina Labouré. Fue presidida el P. Superior General, y Director General de la AMM, P. Gregorio G. Gay, C.M., y concelebrada por una treintena de sacerdotes, en su mayoría Directores Nacionales de la AMM, a la que asistieron todos los participantes en el Encuentro Internacional, así como numerosas Hijas de la Caridad, y fieles habituales de la Capilla, pues dicha Eucaristía se había anunciado con tiempo, ya que no era en una hora normal de celebración.

En el momento de dar a Dios todo el honor y toda la gloria, en la doxología final del canon, previamente preparada por medio de una monición, todos nos unimos en un gesto de gratitud, en Cristo, por Él y con Él, por las muchas gracias recibidas en este Año Jubilar que concluíamos, y que tanto impactó a todos los grupos y miembros de la AMM. Allí, en el lugar de donde todo partió, junto al altar que siempre nos congrega, y junto a María, cuya presencia es aún tan palpable en aquella Capilla, expresamos el gozo y gratitud de toda la Asociación, y de todos y cada uno de sus miembros en todo el mundo, por todo lo que supone la AMM, como don del Señor y de María.

Previamente habíamos celebrado el Encuentro Internacional casi en régimen de Asamblea, aunque sin poder darle este nombre ya que no existe este tipo de encuentros en los Estatutos aún en vigor. Confiamos en que la próxima vez que se produzca esta reunión sea ya como una auténtica Asamblea, fruto de los Estatutos que se elaboraron en este encuentro.

En efecto, la principal tarea del Encuentro Internacional fue regalarle unos nuevos Estatutos Internacionales a la AMM, en su año Jubilar, o, mejor, adaptar y completar los anteriores, saliendo al paso de nuevas situaciones y buscando que respondan a las inquietudes de la Iglesia y del mundo de hoy.

Teníamos muy claro que había que tener en cuenta dos grandes fidelidades, y a partir de ellas elaborar un texto que las desarrollasen. Por supuesto, el primer objetivo que nos alentaba era ser fieles a la Asociación querida por la Santísima Virgen para llevar el Mensaje que Ella nos dejó. Fue nuestra primera preocupación: responder a María, agradeciendo su iniciativa y tratando de preguntarnos por el hoy de la Asociación.

La segunda inquietud correspondía a lo que hemos estado celebrando este año. La fidelidad al querer de la Iglesia, expresado en los Estatutos que le dio San Pío X en 1909, y renovado en los que la Santa Sede aprobó en 1998. Tal vez fue una de las reflexiones más iluminadoras de todo el Encuentro. San Pio X, en sus Estatutos, nos define como una «asociación de fieles». La misma definición recogen los Estatutos de 1998. Es decir, somos una asociación, de acuerdo con el canon 298, integrada por clérigos y laicos, lo cual responde muy bien a las características de los miembros, ya que, según San Pío X, basta con «haber recibido la medalla bendecida, y llevarla con uno mismo, repitiendo, complacidos, la jaculatoria de la medalla» para serlo. En ese sentido, nuestra Asociación es algo singular dentro de la Iglesia y en especial en nuestra Familia Vicenciana. ¿A quién no se le ha impuesto la Medalla, y la lleva consigo, repitiendo con frecuencia la invocación del «Oh María…»? Podemos decir que todos nosotros, Misioneros CM, Hijas de la Caridad, y laicos de cualquier rama de la Familia Vicenciana somos verdaderamente miembros de la AMM. Aunque es cierto que entre este gran número de miembros, hay algunos, ya sean laicos, Misioneros o Hijas de la Caridad, e incluso religiosas y religiosos de otros Institutos, que se comprometen, temporal o indefinidamente, con las tareas de la Asociación, y por eso a dichos miembros, en los Estatutos propuestos, se les llama «comprometidos». La Asociación va mucho más allá de una asociación meramente laical; por eso, sus estructuras deben responder a su propia condición jurídica. Esta fue la gran tarea o desafío que se había ido estudiando a lo largo de todo el año, con la elaboración del texto de los Estatutos, a través de las aportaciones de las AMM Nacionales y del Consejo General de la AMM. Ahora el texto estudiado en el Encuentro está ya en los pasos previos a la presentación a la Santa Sede para su aprobación.

En el Encuentro de París estuvo presente, todo el tiempo, el P. General, y los delegados de 26 países, con un total de sesenta personas. Vinieron de países tan distantes como Australia, India, Tailandia, Filipinas, Chile, Perú, Camerún, Estados Unidos, México, además de otros países americanos, africanos o europeos. De ellos, 21 eran sacerdotes C.M., 14 Hijas de la Caridad, dos religiosas de otras Congregaciones, y 26 laicos. En la apertura, después del saludo del P. General, la M. General, Sor Èvelyne Franc nos hizo también un saludo de acogida muy cariñoso, expresando el afecto que la Compañía siente por la AMM. Por cierto que todas las reuniones las tuvimos en la Sala de Asambleas de la Casa Madre de las Hijas de la Caridad, donde todo fueron atenciones y delicadezas con el grupo. La mayor parte del grupo era de lengua española, pero también había una buena representación de lengua inglesa, francesa, polaca y portuguesa, por lo cual, a lo largo de todo el Encuentro, en traducción simultánea realizada por las Hermanas traductoras de la Casa Madre, se utilizaron dichas lenguas. También ayudó en las traducciones Yamine Cajuste, la Presidenta Internacional de JMV, que tuvo una ponencia sobre el tema de «Desembocadura de JMV en la AMM».

Uno de los días del encuentro, nos desplazamos a Fain-lès-Moutiers, donde celebramos la Eucaristía en la Parroquia. Allí renovamos nuestro bautismo en la misma pila bautismal en que fue bautizada la pequeña Zoe Catalina Labouré. Fue muy emotivo el gesto, al renovar nuestro compromiso de hijos de Dios en el mismo lugar en que ella nació a la Vida.

Todos los participantes hemos coincidido en que estos han sido unos días de gracia, que dejarán huella en nuestro entrega a la AMM.

Saludo del P. General en el encuentro Internacional de la AMM
16 de Noviembre de 2009

Permítanme de nuevo decirles a todos ustedes: ¡BIENVENIDOS! a este «Encuentro Internacional de la Asociación de la Medalla Milagrosa» Le llamamos «Encuentro Internacional» porque, al no tenerlo establecido en nuestros Estatutos, no podemos llamarle «Asamblea General». Después de este Encuentro, que tiene como objetivo la elaboración de nuestros Estatutos Generales, podremos, en adelante, celebrar nuestras Asambleas Generales, siendo la próxima dentro de cinco o seis años, dependerá de lo que decidamos durante estos días.

En su carta de invitación a este Encuentro, el P. Enrique Rivas, Subdirector General, mencionó que iban a ser unos días muy hermosos pues en ellos vamos a hablar de todo aquello que amamos y tiene razón. Estamos aquí reunidos por nuestro amor a la Virgen María y, a la vez, nuestro amor a la querida Asociación de la Medalla Milagrosa.

En el transcurso de todo este año hemos celebrado nuestro Año de Jubileo; ha sido un tiempo de agradecimiento a María por el mensaje de su manifestación a Santa Catalina Labouré y, al mismo tiempo, un momento de agradecer a la Iglesia por la aprobación de la Asociación hace cien años. Nuestra esperanza es consolidar la Asociación de la Medalla Milagrosa en este encuentro. Ciertamente vamos a tener que trabajar, y trabajar seriamente, tratando de tener claridad sobre los lineamentos generales que queremos llevar en nuestra Asociación, y esto será manifestado a través de los Estatutos Generales.

Los Estatutos, al igual que las Normas o cualquier otro documento escrito que da orientaciones a una Asociación, una Congregación… lleva en sí mucha experiencia. Yo puedo decir que el P. Rivas ha trabajado duro, con nosotros en el Consejo, referente a todo lo que es el documento de base de los Estatutos Generales que hoy tenemos. Hemos revisado una y otra vez los diferentes aportes que han hecho algunos de los países, aunque fueron muy pocos en comparación de los cincuenta y tres países en donde existe la Asociación de la Medalla Milagrosa. Los aportes fueron valiosos y hemos tratado de incorporar todo aquello que nos pareció significativo para la elaboración de los Estatutos.

De nuevo quiero hablar de esta experiencia de haber vivido la Asociación en diferentes lugares del mundo y en diferentes culturas. No pretendemos que la Asociación sea uniforme, lo que deseamos es que haya unidad en las diferentes expresiones, manifestaciones del nuestra devoción a la Medalla Milagrosa, en nuestra manera de ir difundiendo su mensaje en los diferentes países.

Fuera del trabajo, que va a ser serio y en el que deseamos tener la participación de todas las personas presentes para que de veras sea un documento que viene de la base, deseamos, al mismo tiempo, que ésta sea una oportunidad para rezar como Asociación aquí, en nuestra Sede religiosa que es la rue du Bac, la oportunidad de profundizar más nuestro Amor a la Virgen María e ir fortaleciéndonos para llevar este mensaje a todos los que desean oír hablar del amor de Dios, a través del amor a su Madre María.

También que ésta sea una oportunidad de conocernos, somos una Asociación Internacional y, obviamente, nuestra mejor experiencia es la de nuestra propia Asociación en nuestra área local. Tal vez tenemos un poco de conocimiento a nivel nacional, pero ésta es una Asociación Internacional y nuestro deseo es ir estrechando lazos entre nosotros, para que este mensaje sea conocido universalmente y ver que este amor para con nuestra Madre María y su Hijo Jesucristo, manifiesta también nuestro amor al mundo entero.

Esperamos que no sea solamente un tiempo de trabajo, tiempo de oración, tiempo de conocimiento mutuo si no la oportunidad de disfrutarnos como hermanos y hermanas, miembros de la Familia Vicentina que somos. Que esta alegría, que se puede ir profundizando entre nosotros y viene de la misma alegría que nuestra Madre María manifiesta en el momento del Magníficat, ese gran saludo a su prima Isabel como respuesta a este encuentro de amor con ella y también entre las criaturas que están dentro de sus vientres, sea la oportunidad de expresar el gozo de saber que somos amados por Dios.

No tengo más que decirles, solo que esto es lo que vamos a tratar de poner en práctica a través de todo lo que nos han presentado aquí. Seguro que el P. Enrique va a ayudarnos a que seamos puntuales en la participación en cada una de las actividades. Me alegra mucho poder estar presente con todos ustedes, todos somos miembros de la Asociación de la Medalla Milagrosa y miembros que tenemos derecho a hablar y dialogar entre nosotros, sea como sacerdotes, sea como Hijas de la Caridad, sea como laicos comprometidos en nuestra Iglesia. Esto es único en la Asociación, esta rama de la Familia Vicentina es una rama a la que pertenecen, plenamente, miembros de cualquier estado vocacional. Vamos a manifestar, al resto de la Familia Vicentina, nuestra capacidad de trabajar juntos, como equipo, como Asociación Internacional, para cumplir con nuestro deber que es el ir promoviendo este amor a Nuestra Madre y este amor a su Hijo Jesucristo.

Concluyo pidiéndole al Señor que nos ayude a ser fieles a nuestro lema «cien años en camino con María Milagrosa, en gratitud y creatividad» Que esta celebración sea un motivo de gratitud y que el Señor nos llene de creatividad para dar continuidad a esta bella misión que a todos nos ha sido encomendada. Que Dios les bendiga.

G. Gregory Gay, C.M.
Superior General

Saludo de la M. General en el encuentro Internacional de la AMM
16 de Noviembre de 2009

Queridos Padres, Hermanas, Amigos:

Han comenzado ustedes oficialmente el Encuentro, esta mañana, con la Eucaristía presidida por el Padre Gregory, nuestro Superior general y su Director general, seguida de sus palabras de bienvenida.  Ahora, tengo el gozo de acogerles aquí, no sólo en mi nombre, sino en nombre de todas las Hijas de la Caridad. Todas las Hermanas de la Casa Madre se alegran igualmente de su presencia entre nosotras. Algunas Consejeras generales están también con ustedes, entre ellas Sor Iliana Suárez, que es la responsable de establecer el vínculo entre su Asociación y la Compañía de las Hijas de la Caridad.

Saludo de manera especial a cada uno de ustedes, miembros laicos, Padres, Hermanas, que participan en esta hermosa Asociación tan importante en el seno de la Familia Vicenciana. Doy gracias al Señor por el gran trabajo de evangelización que realizan en todo el mundo para ayudar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a vivir diariamente, unidos a María, con fe, esperanza y caridad.

Es una gracia especial, para ustedes y para nosotras, poder celebrar el Centenario de su Asociación en el mismo lugar de las Apariciones de la Virgen María a Santa Catalina Labouré. En efecto, en esta Capilla a la que acuden numerosos peregrinos, cada uno se siente acogido por María. «Vino en 1830, pero todavía está aquí…», decía una joven. Sí, María atrae a todos sus hijos, por no sé qué fuerza misteriosa, pero no para retenerlos, sino para conducirlos a su Hijo: «Venid al pie de este altar».

Me gusta pensar que, durante estas jornadas de reflexión, la Virgen María estará también sentada entre ustedes, en esta sala, para escucharles y comunicarles las gracias necesarias cada vez que ustedes se las pidan.  Y aunque este encuentro está más centrado en la definición de los Estatutos de la Asociación, la Virgen María sabrá darles el impulso y el dinamismo misionero para escoger el modo de formular estos Estatutos, en fidelidad a la misión confiada a la Asociación en el seno de la Iglesia del tercer milenio.

Sin duda, van ustedes también a dedicar tiempo para orar detenidamente en la Capilla, a fin de dejarse impregnar del mensaje que María confió a Santa Catalina. Es un «tesoro», cuyo extraordinario dinamismo de gracia, para el mundo de hoy, no terminaremos nunca de descubrir.

Aprovecho esta ocasión de bienvenida para detenerme con ustedes en la persona de Santa Catalina.  Para todos nosotros, no sólo es el testigo privilegiado de la Virgen María, sino también quien vivió, cada día, el amor evangélico de una manera extraordinariamente vicenciana.

Desde joven, Catalina se dejó atraer por Dios; a los nueve años, la muerte de su madre fue una etapa clave en su camino espiritual con María. La atención a los pobres formaba también parte de sus prioridades puesto que, siendo aún muy joven, se privaba de comer para compartir con los enfermos de su pueblo.

A los 24 años, Catalina entró en la Compañía de las Hijas de la Caridad. Además de la elección de María para convertirla en su mensajera, Sor Catalina vivió a diario, sencilla pero verdaderamente, el carisma vicenciano. Su prioridad fue el servicio de los pobres, alimentada y fortalecida por una profunda vida espiritual y eucarística.

La existencia de esta joven es hoy una llamada para los jóvenes a escoger el camino de la caridad activa, el equilibrio de vida, la santidad en la existencia diaria.

Por la sencillez de su vida, Santa Catalina forma parte de la gente humilde a la que lleva a dirigirse «buena y sencillamente» a María y a Jesús y a ponerse al servicio de sus hermanos que sufren.

Toda vocación al servicio de Dios y del prójimo, comprendido el laicado, puede inspirarse en el testimonio de vida de Santa Catalina. Ella aparece «como el primer testigo de un nuevo estilo de santidad, sin gloria ni triunfos humanos, que el Espíritu Santo comenzó a suscitar para los tiempos modernos», como dice el Padre Laurentin.

En nuestra Compañía, hablar de Santa Catalina es hablar también de nuestros Fundadores. Es bueno constatar que hoy, el Jubileo del 350 aniversario de la muerte de los Fundadores coincide con el centenario de su Asociación. ¿No es poner de relieve la complementariedad de la Asociación y de la Compañía y, al mismo tiempo, oír las llamadas para nuestro mundo actual? Todavía hoy, la Medalla es un don de Dios ofrecido a nuestros contemporáneos, una invitación a dar testimonio del poder siempre nuevo del Evangelio ante los desafíos del mundo, una llamada a comprometerse con ardor en la construcción de un mundo más justo y más fraterno.

Queridos amigos, confío su encuentro al Señor, a la Virgen María, a Santa Catalina, a San Vicente y a Santa Luisa. Que ellos los ayuden, que nos ayuden a todos a dar un nuevo dinamismo a nuestro carisma específico en el seno de la Familia Vicenciana, para que siempre esté al servicio de los más débiles y que juntos sepamos dar testimonio de la ternura de Dios hacia los pobres.

Sor Evelyne Franc
Hija de la Caridad

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