El testimonio creíble abre la mente y el corazón de muchos al deseo de Dios y a la vida verdadera

Francisco Javier Fernández ChentoPastoral Vocacional0 Comments

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Autor: Luis Hernando Gil Yépez, C.M. · Año publicación original: 2012 · Fuente: Pastoral Vocacional Vicentina Colombia.

Director Pastoral Vocacional Vicentina


Tiempo de lectura estimado: 5 minutos

“Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin”. (PF: 15).

Esta frase del papa Benedicto XVI me ha parecido muy diciente y significativa para comenzar esta reflexión. Creo que sintetiza lo que el papa ha venido diciendo sobre el llamado de Dios: “el testimonio que suscita vocaciones”. Creo que debemos convencernos de una frase bíblica: “La cosecha es abundante”. Hoy nos quejamos de que no hay vocaciones consagradas y sí, hay que decir vocaciones consagradas, pues también se nos olvida que la vocación no se puede reducir al ámbito clerical o de la vida consagrada, incluso, este término de vida consagrada, puede también estar limitando la vocación o reduciéndola a unos estados de vida o estilos de vida. Es importante poner mucho cuidado, pues bien sabemos que la vocación se extiende a todos los ámbitos de la vida. Uno de ellos, es la familia como don de Dios y vocación. Lugar donde se teje la vocación. El papa Benedicto XVI en su mensaje para este año de la jornada mundial de oración por las vocaciones nos trae como tema las “Vocaciones don de la caridad de Dios”, con ello quiere decirnos, que la vocación del hombre consiste en la conciencia de ser hijos de Dios, de sentirnos amados por él y ser capaces de comunicar este amor a la humanidad en la que se hace presente el rostro de Cristo sediento de paz, de justicia y amor. La vocación es dejarse amar por Dios amando.

En el 2002, en Pamplona, España el obispo Fernando Sebastián Aguilar decía: ““No hay vocaciones”, sería más exacto decir “que vocaciones sí hay, porque Dios sigue llamando para todo aquello que la Iglesia y el mundo necesitan. Lo que no hay son respuestas”. Si la cosecha es abundante, quien la va a recoger, esta es la cuestión. Pero si no hay quien la recoja, dirán algunos. La convicción y la conciencia de esta realidad teologal tienen que impulsarnos o lanzarnos a recoger lo que Dios ya ha sembrado en el corazón de cada persona. Qué puede estar fallando. Seguramente vamos a encontrar muchas causas del fenómeno. El papa Benedicto XVI en Roma les dice al clero: “El Señor llama siempre, lo que falta es la escucha”. Pero pienso que la falta de escucha no es tanto de los que el Señor quiere llamar sino más bien de nosotros los iluminados que nos cerramos a sus palabras, favoreciendo, en el fondo, intereses egoístas. Cuando esto se da, se cae en el desanimo, en la falta de iniciativas, en la falta de inventivas. En otras palabras, sigue fallando la metodología en la que insistía el Beato Juan Pablo II, cuando hablaba de la Nueva Evangelización: ardor, métodos y expresiones. No hay metodologías sino hay unas convicciones firmes, no hay caminos sin opciones y compromisos bien delineados.

La realidad en la que viven muchos llamados no es muy favorable. Se hace difícil escuchar entre tanto ruido la voz de Dios o será qué es en este ruido  cuando tengo que esforzarme por escuchar a Dios. Aun así, el mejor ambiente es el silencio interior y quiero citar una vez más al obispo antes citado: La voz de Dios se oye sólo cuando hay un cierto grado de silencio interior, es una voz íntima, que resuena sólo a cierta profundidad de uno mismo. El que vive volcado sobre el exterior, acaparado y seducido por las cosas exteriores no puede oír la llamada de Jesucristo. Si uno no se pregunta para qué está en el mundo, qué es lo que de verdad vale la pena en la vida, qué quiere Dios de mí, nunca llegará a percibir ni formular una respuesta. Donde no hay pregunta tampoco llega la respuesta. Estamos ante varias realidades a las que debemos hacerle frente. De que nos sirven puntos de referencia, de que nos sirve estar iluminados, de que nos sirve haber recibido tantos años de formación, de que nos sirve hablar de los pobres, de que nos sirve… si no nos esforzamos, en primer lugar, por revitalizar la apertura del corazón y de la mente a los designios de Dios. Nuestro compromiso de cristianos es una realidad que debemos asumir y mucho más nuestra consagración, la que no debemos descuidar por ningún motivo. Revitalizar significa recrearla constantemente, de tal manera que nuestras convicciones y opciones no se vayan a pique. Lo segundo, es una consecuencia de lo primero, el testimonio creíble, del que tanto han hablado los últimos papas. El mundo de hoy nos cuestiona terriblemente, muchas veces sin razones, pero nos cuestiona, y esto de alguna manera tiene que ser un llamado de Dios, especialmente a nosotros los “iluminados”, que fácilmente nos dejamos embotar la mente de las luces oscuras del relativismo que nos conducen a abandonar nuestra vocación. El reclamo que se escucha es a volver al amor primero, frase que en un tiempo se hizo común y que hoy es una necesidad de abordarla efectivamente. El papa nos muestra el itinerario para que esto, que puede estar mal en nuestra vida como consagrados se revitalice:

  1. Confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza.
  2. Celebrar la fe en la liturgia con intensidad y ardor, especialmente la Eucaristía.
  3. Vivir conforme a nuestra fe, de tal manera que nuestro testimonio sea cada vez más creíble.
  4. Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y orada
  5. Reflexionar sobre la fe profesada, para dar razón de nuestra esperanza “con el corazón se cree y con los labios se profesa”.

La segunda parte de la frase tiene que ver con muestro compromiso, que podría decir, es una consecuencia lógica de aquel actuar, es casi por añadidura: “abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera”. En el contexto de la pastoral vocacional, nos referimos especialmente a muchos jóvenes deseosos de infinito y que quieren darle sentido a sus vidas. Nuestra Congregación en Colombia que está próxima a celebrar el primer centenario como Provincia constituida debe tener como prioridad el trabajo permanente, constante y fiel por las vocaciones para asegurar la vida de la Provincia y su continuidad en la historia, esto será posible si hay en nosotros sus miembros un auténtico sentido de pertenencia expresado en la identidad como vicentinos, en la vivencia de las virtudes vicentinas, en la relación fraterna de amigos y hermanos, en el compromiso desinteresado con el pobre, en la escucha de la Palabra encarnada que nos habla en los acontecimientos, en la oración personal y comunitaria y en la celebración del misterio eucarístico. Somos responsables de una herencia, pero hacen falta herederos a quien otorgarle este gran legado que Vicente de Paul nos dejó. Po eso, el futuro de la Provincia comienza desde ya, en la medida en que nos comprometamos desde ahora, a salir al encuentro del joven, a invitarlo a vivir una experiencia de fe en Jesucristo, a inquietarlo en su corazón, a proponerle a Jesús evangelizador de los pobres al estilo de San Vicente, y sobre todo, a sorprenderlo con nuestro testimonio que suscita vocaciones.

Que María, modelo de fe, esperanza y caridad nos acompañe en la tarea de la pastoral vocacional y que interceda para que muchos jóvenes inquietos en su corazón, descubran a su Hijo Jesucristo como la puerta de entrada a la fe autentica que los conducirá a ser moradas de la presencia de Dios entre los pobres.

Francisco Javier Fernández Chento

Director General y cofundador de La Red de Formación Vicenciana.

Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregación de la Misión y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia canónica de Zaragoza (España) de la Congregación de la Misión.

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