El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 331 al 335

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Robineau, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Asociación Feyda.
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331. Cuando el primer fracaso en el expedición de Madagascar.

También se ha dejado ver bien su ecuanimidad con ocasión de la ruina y del naufragio de tres o cuatro barcos en diversas ocasiones, que habían salido dispuestas para darse a la vela rumbo a Madagascar. Todo ello, todas las pérdidas ocurridas en esa coyuntura no han sido capaces de quebrantar su espíritu, ni hacer perder su equilibrio y, mucho menos le ha dado motivos para abandonar esa obra, la cual —según nos dijo varias veces— él no la había buscado; fue el Nuncio del Papa, actualmente Cardenal de la Santa Iglesia Romana, llamado Monseñor Bagni (ya difunto), quien puso los ojos sobre la pobre Com­pañía de la Misión. Pues bien, digo que ni con mucho todos esos desastres le habrían impedido continuar sus envíos a Madagascar, sino al contrario, parece que eso le valió para darle aún más ánimos. Y de hecho, en el último barco que salió para allí hizo embarcar a cuatro Sacerdotes y un Hermano, cuando anteriormente sólo manda­ba dos o tres y, una vez, solamente a cuatro.

Notas del P. Dodin:

Ecuanimidad cuando el primer fracaso de la Misión de Madagascar. Entre el 21 de mayo de 1648 y el 7 de marzo de 1660, el Sr. Vicente de Paúl organizó siete expediciones para Madagascar.

1°. 21 de mayo de 1648. Salida de La Rochela.

Carlos Nacquart: nació en Treslon (dióc. de Soissons), 1617; C.M., el 6 de abril de 1640; fallece el 29 de mayo de 1651 (Mémories, IX,37-139; Notices bibliogr. 192-193; Notices imprimés, III.93).

Gondrée (Nicolás): nació en Assigny (Somme), 1620; C.M., 11 de abril de 1644; fallece en Madagascar el 29 de mayo de 1649; (Mémories, IX.141-158; Notices, III.43-56).

2º. 8 de marzo de 1654. Saint-Nazaire:

Bourdaise (Santos): nació en Blois; C.M., el 6 de octubre de 1645; votos, el 7 de octubre de 1647; fallece en Madagascar el 25 de junio de 1657 (Mémories, IX,177-348; Notices,III.180-214).

Mousnier (Juan Francisco): nació en Saintes en 1625; C.M., el 19 de diciembre de 1643; votos, el 1 de enero de 1646; fallece en Madagascar en 1656 (Mémories, 159-221; Notices, III.129).

3º. 29 de octubre de 1655. La Rochela:

—Prévost (Nicolás): nació en La Roche-Guyon (dióc. de Rouen 1612); C.M., el 6 de octubre de 1646; fallece en Madagascar, septiembre de 1656 (Mémories, IX,280-336).

—De Belleville (Mateo): nació en Brix (dióc. de Coutances, 1627); C.M., el 1 de mayo de 1654; fallece el 18 de enero de 1656, en Sierra Leona (Notices, III.157-163: Mémories, IX,243-265).

—Dufour (Claudio): nació en Allanche (dióc. de Clermont), 1618; C.M., el 4 de mayo de 1644; fallece el 18 de agosto de 646 (Mémories,IX.243-279; Notices, III.14-23).

4º 1 de noviembre de 1656.

—Daveroult (Pedro): nació el 20 de junio de 1614, Béthune; C.M., el 13 de abril de 1653; votos, el 13 de enero de 1656.

—Delaunay (Cristobal) coadjutor: nació en Haute-Chapelle (dióc. de Le Mans), 1634; C.M., el 4 de octubre de 1653; votos, el 6 de enero de 1656 (Mémories, IX.353-363).

—Le Blanc (Francisco): nació en Limerick,1620; C.M., el 14 de octubre de 1645; votos, el 15 de octubre de 1647; fallece en 1679 (Annales, LV, 288; Circulaires. I, 63; Notices. III, 172-178).

—De Fontaines (Pasquier): nació en Bailleul-sur-Berthault el 9 de septiembre de 1630; C.M., el 29 de abril de 1653; votos, el 25 de abril de 1656.

5º 14 de marzo de 1658. Salida de Nantes . Intento con los Sres. Le Blanc, Amoul de Fontaines, Daveroult, Delaunay.

Fracaso debido a una tempestad violenta.

6º. 19 de abril de 1659. Intento (Cf. VII.510/434).

—Hebron (Francisco): nació en Alengon, en noviembre de 1617; C.M., el 20 de agosto de 1653; votos, el 6 de enero de 1658.

—Turpin (Pedro): nació en Roye el 9 de abril de 1629; C.M., el 16 de septiembre de 1655; votos, el 6 de octubre de 1658.

7º. Otoño-invierno de 1659.

Partida de Nantes el 18 de agosto de 1659; la partida estaba previs­ta para el 24 de octubre; después se retrasó al 4 de noviembre de 1659. El 22 de noviembre, Vicente de Paúl menciona la partida de Nantes (VIII.175,183/160,168). El 6 de diciembre la partida que se había previsto que se haría desde Nantes se decide que se haga des­de La Rochela. El 15-21 de diciembre, galerna; por eso, desembar­can en Soulac y en San Juan de Luz. El 18 de enero de 1660, nueva salida.

La misión fracasa y los misioneros están de vuelta en París en julio de 1661.

332. Sumisión a Dios, cuando morían misioneros.

También se puede ver su ecuanimidad, cuando perdía muchos y muy buenos miembros de la Compañía que han muerto, como son los Señores: Portail, Lamberto, Blatiron, Duchesne, Thibault, Nacquart, Guérin y otros y, a pesar de todo, cuando se enteraba de una muerte, de primeras aparecía sensiblemente conmovido, pero poco después se reponía conformándose al beneplácito de Dios.

Todavía voy a decir esto a propósito del Señor Nacquart: que, cuando recibió la noticia de su muerte, tuve el honor de estar donde él, y he de confesar que la noticia le produjo una fuerte sacudida y, de hecho, al leer el testamento del difunto, que le habían enviado en el paquete que recibió, no pudo contenerse sin llorar y suspirar (hay que confe­sar que el testamento es muy conmovedor), pero poco después se repuso en su igualdad habitual.

Notas del P. Dodin:

Sumisión, cuando muere algún misionero.

Defunciones que más afectaron a Vicente de Paúl:

—Guérin (Juián), el 13 de mayo de 1648.

—Nacquart (Carlos), el 29 de mayo de 1651.

—Aux Couteaux (Lamberto), el 31 de enero de 1653.

—Duchesne (Pedro), el 31 de enero de 1654.

—Thibault (Juan), el 5 de marzo de 1655.

—Blafiron (Esteban), agosto de 1657.

—Portail (Antonio), el 14 de febrero de 1660.

333. Sumisión a Dios cuando la defección de los misioneros.

Cuántos otros motivos de dolor no ha recibido, y principalmente cuando varios miembros de la Compañía se salían de ella. La mayor parte de ellos habían costado mucho a la Casa formarlos, y al mar­charse de allí, veía marcharse los que fueron para él tantas ocasiones de hacerle practicar la ecuanimidad.

Notas del P. Dodin:

Sumisión, cuando falla algún misionero.

L. Robineau deplora la pérdida financiera, porque los individuos han sido educados a expensas de la Congregación. La perspectiva debe ser ampliada y las competencias puestas al día.

—El hecho de las salidas de la C.M.

26 de agosto de 1642 (II.287/241).

«El Sr. Louistre (Pedro) y el Sr. Fourdim (Gabriel) han salido de la Compañía, como el Sr. Lecuyer y otro clérigo, además de dos o tres que tenemos fuera, y creo que también M.N. (Juan Thibault que es­taba en Lugon podría marcharse cualquier día)».

6 de septiembre de 1642 (II.292/245).

«Me parece que seguirá el camino de M.N., que finalmente se ha salido de la Compañía, así como algunos otros que usted no conoce». 11 de noviembre de 1644 (II.489/417).

«Le he pedido al Sr. Lamberto que despida a los Sres. Perceval, Le Noir, du Chastel y Le Roy. También hemos purgado de nuevo y vuel­to a purgar a nuestro seminario. Quedan treinta, que se portan muy bien, gracias a Dios».

23 de octubre de 1648(III.378/347).

Salida del Sr. de Fondimare… hay que someterse a la disposición de la Providencia por lo que toca a las entradas y salidas de la Compa­ñía, e imitar la conformidad a la voluntad de Dios que vemos en Nuestro Señor en relación al beneplácito hace y atiende a todas las cosas siempre para su gloria y para el bien de las personas. Según eso, debemos considerar la salida de esas personas como un bien para la Compañía y quizá también para ellos.

3 de enero de 1651 (IV.134/131).

—»… Tenemos a uno que, después de haberlo mantenido y formado en los estudios desde hace 13 o 14 años, en cuanto se ha visto orde­nado sacerdote, nos ha pedido dinero para retirarse, y no hace más que esperarlo para salirse».

25 de abril de 1653 (IV.580-541).

«Hemos perdido este año 6 o 7 personas de la Compañía por la idea que les había dado un mal espíritu de que nuestros votos son nulos». —Causas de las salidas.

25 de diciembre de 1642 (II.324/271).

«Se nos amenaza con que el Sr. N., a quien por dos veces le escribí que se saliera de la Compañía, se pondrá a escribir en contra nuestra. In nomine Domini, más vale ofrecerse a las maledicencias de un hom­bre que tener a uno de esa calaña. ¡Ay Señor!. ¿Qué es lo que hemos dejado de hacer por ponerle en el buen camino de los demás?. El mismo le decía a una señora de insigne piedad que me había hecho más daño que todos los demás juntos. No me importa lo que me haya hecho a mí; pero la verdad es que ha hecho mucho daño a la Compa­ñía. Diez que sean como deben ser valen más que cien, y cien que no hayan sido llamados, o que no respondan a los designios de Dios, no valen ni como diez. Dios mismo nos lo indicó, cuando, antes de darse una batalla, mandó publicar que se retirasen todos los perezosos y todos los que se hubieran casado o plantado una viña o construído una casa aquel año, sabiendo que ésos causarían más daño que pro­vecho en el combate». (I Mac 3,56).

28 de agosto de 1656 (VI.69/70).

«¿Qué comunidad hay que no rechace a los que se presenten, si carecen de las cualidades requeridas, o que no despida a los que no se porten bien?. Hace algún tiempo que conversaba con un gran Prelado, que sabía lo que son las Comunidades, y le hablaban de una, alabándola porque no despedía nunca a ninguna persona después de haberla recibido. Entonces aquel Prelado exclamó: «¡Pobre Comuni­dad! ¡Tú no tiendes a tu perfección, ya que es buena para ti toda clase de gente!».

«No todos los árboles que se plantan se muestran lozanos, ni salen todos los granos que ha sembrado el labrador. El Reino de Dios es comparado con la red que se lanza la mar, que suele recoger peces buenos y malos, y el pescador se queda con los buenos y devuelve los otros al mar. El Hijo del Dios no recibió en su compañía a todos los que se le presentaron, ni usó tampoco de su autoridad para retener a los que se quisieran retirar, sino que lo dejó en manos de los que quedaron, diciéndoles: Numquid et vos vultis abire cum illis? (Jn 6,68). Y si no expulsó a Judas fue porque tenía que ser el principal instrumento de su Pasión».

Selección realizada por Cristo: Mt 8,21; Luc 9,59; Mc 5,16. 26 de mayo de 1658 (VII.163/146).

«Más vale que una persona se retire que retenerla en ese peligro, ya que a esas cosas hay que acudir con la misma presteza que al fuego. La Compañía no pierde nada, sino que gana, al perder a un hombre que vive desordenadamente y no quiere salir (quizá se refie­ra a Francisco Lilbe, que se marchó poco después)».

28 de noviembre de 1642 (II.554/266).

«No se extrañe más de esas salidas. A Nuestro Señor le siguieron y le abandonaron varios miles de personas, y se redujeron a ciento veinte fieles a su muerte. San Ignacio (de Loyola) al empezar la San­ta Compañía, que por medio de él fundó Nuestro Señor, despidió a doce de una sola vez, y ustedes ya saben que no hemos despedido a nadie que fuera sacerdote ni a nadie más que a M.N.; le escribí hace unos días, y le rogué que se marchara por varias razones importan­tes. Dios sabe y da a conocer a los hombres cuánto más bendice a un pequeño número de escogidos que a uno grande, entre los cuales haya a quienes les cuesta el esfuerzo y quienes sienten apego a las mujeres, a las viñas o a las casas».

30 de octubre de 1647 (XIII.662/X.790).

«Señorita, ha hecho usted muy bien en despedir a esa Hermana.

Cuando tenga algunas semejantes, hará siempre muy bien en no rete­nerlas, si después de haber utilizado toda clase de medios y de recur­sos para mantenerlas en su obligación, como ha hecho con ésta, si­guen sin querer corregirse. Sé muy bien que tener que llegar a esa solución es algo así como desgarrársele el corazón y rompérsele a uno las entrañas; a mí me pasa lo mismo: cuando veo que hay que despedir a alguien, siento un disgusto tan grande que preferiría mu­cho más sentir tres ataques de fiebre, pero no queda más solución que hacerlo. Hay que tener fuerzas para ello; el cirujano tiene que saber algo más que aplicar sinapismos; es menester que sepa cortar y sajar un miembro, cuando los demás corren el peligro de dañarse por su culpa. Jesucristo, que es la Sabiduría eterna del Padre nos quiso dar precisamente esta lección, cuando dijo: «Basta una oveja sarnosa para contagiar a todo un rebaño».

Nota Oveja sarnosa.

No se trata de la oveja sarnosa en el Evangelio o en el Nuevo Testamento.

El Sr. Vicente presenta la peligrosidad de la oveja sarnosa desde el 20 de marzo de 1643 (II.381/316) y en otras partes (X.220/ IX.825;IV.592/551;XII.361/X1.634;V1.382/360).

La primera utilización se encuentra en Juvenal, Sátira II, verso 79­80: «Unius scabie cadit et porigine porci, uvaque conspectu livorum ducit ab uva».

San Benito utiliza igualmente la comparación de la oveja sarnosa: «Si el infiel se marcha, que se marche (1 Cor 7,15), para que la oveja enferma no contagie a todo el rebaño», (Regla c.28, 7-8).

Francisco de Sales utiliza la misma comparación: «Cuidado con que algunas de mis ovejas sarnosas y errabundas no contagien y no ha­gan extraviarse al rebaño bien amado, guardado dulcemente en las cercanías de esta majada». (Ed. de Annecy,t.XV,169).

En otros sitios Vicente de Paúl habla de la «gangrena» (III.379/347;III.515/474;VII.380/324; VII.417/358).

334. Modestia a pesar de los cargos y los honores.

Pero lo que me parece más admirable en el Señor Vicente es, que el cargo que ha tenido no le haya hecho apreciarlo en su justo valor, es decir, que, aunque haya estado empleado en el Consejo del Rey para los asuntos beneficiales durante varios años, aunque haya sido el primer Superior General de la Congregación de la Misión y, a la vez, de la Comunidad de las Hijas de Caridad, Fundador e Instituidor de una y otra, no por eso ha disminuído nada en su espíritu de humil­dad y de mansedumbre, de cordialidad para con todos. También he­mos oído decir a este propósito, que un día cierto prelado que vino a visitarlo a San Lázaro, y admirado de una humildad tan grande en un hombre tan encumbrado en los cargos y honores, no pudo menos de decir: «¡El Señor Vicente es siempre el Señor Vicente!», queriendo decir con eso que era, a pesar de todo aquello, tan humilde, tan man­so, tan respetuoso y cordial como antes de que estuviera dedicado a unos cargos tan altos y elevados, haciendo mentira el refrán, que afirma a menudo: «los grandes cargos y honores cambian las cos­tumbres». Pero el Señor Vicente tenía un alma demasiado noble y demasiado bien nacida para degenerar de la práctica de esas hermo­sas virtudes de la humildad, la mansedumbre y la caridad.

Notas del P. Dodin:

Modestia en los honores.

(Abelly,III.196-226).

335. Práctica de la conformidad con la voluntad de Dios.

Poco antes de morir, le fueron a decir que el reverendo Padre de Gondi estaba muy enfermo. Cuando oyó aquello, manifestó inmedia­tamente que se amoldaba en eso a la voluntad de Dios.

Notas del P. Dodin:

Práctica de la voluntad de Dios.

Desde 1629 Vicente de Paúl se muestra fiel a la doctrina de Benito Canfield, La Régle de perfection contenat un bref et Incide abrégé de toute la vie spirituelle réduite á ce seul point de la volonté de Dieu. París, Chastellain, 1609 (B.N.D. 25 666) que dice «anticipe sur l’étre de Dieu» p.64, mientras que la misma obra del mismo editor, con la misma fecha de 1609 dice «enjambe sur l’étre de Dieu». (Bibliothéque de Troyes, N2 5539, p.156). La expresión «enjamber» (pasar por encima, franquear, adelantarse) será la prefe­rida del Sr. Vicente (1.68/132). Cf. la edición de J. Orcibal, P.U.F., 1982.

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