El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 326 al 330

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Robineau, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Asociación Feyda.
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326. El Señor Vicente se acusa de haber carecido de aguante.

Un día, un sacerdote de la Compañía, que posteriormente se salió de ella (de esto hace ya muchos años), como el Señor Vicente le dijera que fuera al Oficio con los demás a la iglesia, él le respondió que se hallaba indispuesto. Y como el Señor Vicente le respondiera estas palabras: «¿Es verdad eso, Señor?». Él no hizo caso. Mas poco después, en público ante la Compañía, el Señor Vicente se acusó de haber carecido de aguante (eso le parecía) con aquel sacerdote, por­que le había replicado: «¿Es eso cierto, Señor?», como manifestando en cierto modo que dudaba de lo que le decía.

De esto podemos juzgar cómo era la virtud de la tolerancia del Señor Vicente, porque por una falta tan pequeña de aguante había hecho un penitencia tan ejemplar.

Notas del P. Dodin:

El Sr. Vicente se acusa.

Anotación propia de L. Robineau; ausente en Luis Abelly.

327. Aguanta al Hermano Robineau.

Usaba también de mucho aguante con cada individuo de la Compa­ñía, y a mí en particular. Puedo asegurar plenamente que me ha aguan­tado varias veces en mis momentos de mal humor, formas de actuar, presteza, y lo peor, de mis defectos con una paciencia y una caridad verdaderamente cristianas.

Notas del P. Dodin:

Le tolera al Hermano Robineau el mal humor, la manera de actuar, el genio vivo, etc.

Notas omitidas por L. Abelly.

328. Se soportaba a sí mismo.

No solamente usaba el Señor Vicente de aguante con los demás, sino también consigo mismo: en cualquier coyuntura que fuese y en cualquier indisposición que sufriera y en cualquier tribulación que fuera, aparecía siempre, de ordinario, alegre y rara vez triste o apesadum­brado, le escuchaba y le hablaba a uno como si estuviera el más contento del mundo.

Notas del P. Dodin:

Dominio de sí mismo. (Cf. N° 317-328).

329. Ecuanimidad en la Adversidad.

Llevaba el semblante siempre igual, y rara vez se le veía que no estuviera contento y dispuesto a hacer un favor a quien fuera.

Algunas veces le iban a decir: «Señor, por una declaración del Rey le han deducido un cuarto de las rentas de sus propiedades y derra­mas, coches y carrozas, o bien, dos cuartos». En otra ocasión un militar o algún Oficial o un Hermano venía a decirle: «Señor, hemos perdido en tal finca nuestra tal cosa, o bien, mire, la granja de tal o cual hacienda se ha quemado (eso sucedió en Fréneville durante las guerras); tal finca ha sido saquedada», y así en otras ocasiones pare­cidas de tristeza y contratiempo que le iban a anunciar. Pues bien, en todos esos accidentes y circunstancias su queja habitual era: «¡Ben­dito sea Dios!», o también esta otra: «Debemos someternos y acep­tar de buena gana todo lo que le plazca a Dios que nos suceda». Otras veces decía: «Creo que finalmente nos veremos obligados a ir de vicarios por las aldeas, si el buen Dios no se compadece de noso­tros». He ahí todo el alboroto que armaba.

Notas del P. Dodin:

Ecuanimidad.

Síntesis mencionando detalladamente el saqueo de la hacienda de Fréneville.

330. Ecuanimidad cuando el asunto de la hacienda de Orsigny.

Cuando él dejó traslucir mucho la igualdad de su espíritu fue a pro­pósito del pleito de una de las haciendas de Orsigny, que nos había sido donada por un secretario del Rey, de modo que, cuando yo le llevé la noticia, empezó al instante a bendecir a Dios diciendo: «¡Ben­dito sea Dios!». Y repitió esas palabras cinco o seis veces según se dirigía a la iglesia (véase lo dicho en el Cuaderno de la mortificación interior, vQ). Así pues, la igualdad de su espíritu es tanto más de admirar en esa circunstancia, porque la razón de la Compañía en ese proceso pareció buena a ocho de los más famosos abogados del Par­lamento de París, que fueron consultados sobre ese punto, y que al­gunos de ellos les consultó el Señor Vicente, y ellos dijeron que no podía perder el pleito. Y el Señor Defitta, uno de ellos, le llegó a decir que aquello no era un proceso; ¡tan favorable veía el asunto para la Compañía!.

Notas del P. Dodin:

Tolera pacientemente la pérdida de la hacienda de Orsigny.

La hacienda, situada en la aldea de Orsigny (91 400), fue aceptada por Vicente de Paúl el 22de diciembre de 1644 (A.N.S. 6 687). Des­pués de la muerte del Señor y de la Señorita de Norais, donantes, los herederos reclamaron la propiedad de la finca. Ganaron el pleito ( 3 de septiembre de 1658). El Hermano L. Robineau informó la mala noticia al Sr. Vicente (N° 164).

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