El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 246 al 250

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Robineau, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Asociación Feyda.
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246. El verdadero misionero debe arriesgarse.

Eso es también lo que le hacía decir que no seremos verdaderos cristianos hasta que no estemos dispuestos a perder todo por el amor de Dios, y a dar nuestras vidas por Jesucristo.

Notas del P. Dodin:

Sentencia omitida por L. Abelly.

247. El Señor Vicente desea sufrir para evitar las faltas.

Es el mismo celo el que le hace decir un día que, si se pudiera hacer que sufriendo diariamente una herida en su carne, «yo la sufriría de buena gana», con tal de que por ese medio se pudieran impedir las faltas que se cometen a lo largo de la jornada en la Compañía.

Notas del P. Dodin:

Frase omitida por L. Abelly.

248. Cualidades requeridas para ser superiores.

A propósito de la Compañía le he oído decir, que si una persona no es exacta en el cumplimiento de las Reglas, especialmente en la exac­titud al levantarse y en asistir a la oración, sin faltar, no es apta y no debe ser superior, ni director de Seminario. Y que los que a continua­ción tengan el derecho a nombrarlos se guarden mucho de poner para superiores o directores a semejantes personas, porque una de las principales cualidades que se requieren en un superior, es la exac­titud en hallarse siempre el primero en todos los actos de comunidad, mientras se lo permitan su salud y sus ocupaciones, pero aún más particularmente al levantarse y en la oración de la mañana. «Y si se han puesto —decía— para superiores hasta ahora a quienes no reunían esas cualidades, ha sido la necesidad en los comienzos la que nos ha obligado a ello. San Ignacio, al comenzar, se vio obligado a poner de director de los novicios en la casa de Roma a un novicio y, además de eso, de superior en su ausencia y regente de teología porque era un buen sacerdote de Flandes, y era muy sabio».

Notas del P. Dodin:

El ejemplo de San Ignacio está citado en la carta de marzo, 1647, Juan Dehorgny (III.153/142).

«¿No hizo San Ignacio, antes de morir, cien fundaciones de dos o tres personas cada una?. Y no le faltaban dificultades, ya que envia­ba novicios, haciéndoles a veces superiores; pero todo se llevó a cabo con mucho fruto y no sin Providencia».

249. Elocuencia, cuando habla de la Compañía.

Hacía aparecer maravillosamente su celo cuando hablaba sobre el tema de las funciones de la Compañía. «¡Qué felices son —nos de­cía— los que están destinados a tierras lejanas y a asistir a los po­bres!». Y otras veces: «¡Miren qué campo más hermoso nos propone Dios —decía— con ocasión de Madagascar o de las Islas Hébridas!. Pidamos a Dios que abrase nuestros corazones con el deseo de ser­virle; démonos a Él, para que haga de nosotros lo que le plazca. San Vicente Ferrer —decía— se animaba con la visión que Dios le daba de que llegaría un día en que unos sacerdotes abrasarían toda la tierra; al menos, si no es ésta la Compañía a la que Dios ha hecho la gracia de ser la de esos sacerdotes, pidámosle que nos haga parecidos y pre­cursores de ellos».

Notas del P. Dodin:

Elocuencia en pro de las misiones de Madagascar y las Islas Hébridas.

Recogido por L. Abelly (III.101); (XII.73/XI.762; E.944).

250. El demonio disminuye el celo por las misiones.

Nos dijo un día que el demonio había suscitado en el espíritu de una persona de la Compañía, de una de las casas particulares de la misma Compañía, que no había que dar tantas misiones, porque había que hacer un gasto grande, pero que había escrito que él no entendía la cosa así, sino que no se dejase de trabajar y que esto iría bien después por la gracia de Dios.

Notas del P. Dodin:

Disminuye el celo por las misiones.

Detalle omitido por L. Abelly.

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