El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 111 al 115

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Robineau, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Asociación Feyda.
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111. Retrasa las correcciones.

Es también propio de la prudencia y discreción de un superior no corregir a los inferiores inmediatamente, salvo que la falta sea tal, que la advertencia y la corrección no puedan diferirse más tiempo por alguna razón. Pues bien, así es como se portaba el Señor Vicente.1

112. Respeto al prójimo.

Nunca refería los defectos del prójimo, ni hablaba mal de él, sino siempre en su favor, apreciando y practicando la norma del bienaven­turado obispo de Ginebra, que dice que un acto, que tiene cien caras, hay que mirarlo e interpretarlo según la más favorable. Y un día que se descuidó —esto es— que le pareció que me había dicho alguna pa­labra, que dejara entender que tenía mala opinión de cierta persona, vino a pedirme perdón.

Las cartas que escribía, así como las palabras que decía, estaban siempre sazonadas con una gran prudencia y discreción.2

113. Sus disposiciones, cuando estaba en casa de los Gondi.

Me parece que también es haber obrado tan prudente como Cristianamente haberse portado durante su estancia en casa del Se­ñor General de las Galeras, del modo como nos lo ha hecho ver. El Señor Husson, abogado de la Corte del Parlamento (ya hemos habla­do antes), que el año 1650 había entrado en la casa del Señor duque de Retz, suplicó al Señor Vicente, que le dijera cómo había que hacer para conservar el espíritu de devoción en medio del ajetreo del que nunca están carentes las casas de los grandes. El Señor Vicente le respondió que, cuando estaba donde el Señor General de las Galeras, su padre, había actuado de tal manera, que había considerado al Se­ñor General como si fuera Nuestro Señor; a la Señora Generala, como la Santísima Virgen; a los Oficiales, domésticos y a las demás perso­nas, que acudían por diferentes asuntos a aquella casa, como los após­toles y la gente, que acudía, a Nuestro Señor. Y que de este modo en medio del gran mundo, nunca se había separado de Jesucristo.

114. Actitud prudente por lo que toca al Cardenal de Retz.

A propósito de esto, se condujo con prudencia, cuando detuvieron al Señor Cardenal de Retz, desde el comienzo hasta el día en que murió; y si Dios quiere restablecerlo en su sede, o que la paz y el acuerdo se haga con el Rey, como lo esperamos de la bondad de Nuestro Señor Jesucristo, indudablemente se dirán muy buenas co­sas en alabanza del Señor Vicente y de la familia de los Gondi, que no se pueden decir por el momento.3

115. Su salida prudente de la casa de los Gondi en 1617.

Cuando vivía en casa del Señor General, hizo un acto maravilloso de prudencia, así como de desapego de las riquezas y de las personas del mundo, porque, como no pudiera remediar alguna cosa que veía, que no iba según fuera de desear por causa de los escrúpulos cierta­mente grandes de la difunta Señora Generala, determinó salir de la casa e ir a otro sitio, el que fuera, y marchó a Bresse, donde, dicen, se hizo enseguida con un curato. Pero su ausencia, como le causara a la buena Señora grandes penas y lamentos, porque se había marchado el Señor Vicente, ella hizo lo imposible para que volviera. Para ello, con el fin de conseguirlo, intervino el Señor Arzobispo de París, y enviaron a Bresse, para hacerle volver, al Señor Dufresne, señor de Villeneuve. Sin embargo, el Señor Vicente siempre se mantuvo en su determinación. Finalmente, se decidió a volver, ya que el Padre, que por aquellos días estaba en Lyon para tal efecto, fue de ese parecer. Habiendo ido pues a Lyon con ese fin, y presentando sus razones a aquel buen Padre, éste inspirado por Dios, como es muy creíble, no obstante todo lo que le había dicho, le indicó que debía volver a residir donde dicha Señora, y encargase de la dirección de su alma.

Nota: Tenga en cuenta que el difunto Señor Portail me dijo un día alguna cosa sobre esto; eso creo; pero sólo me explicó en general la razón por la que el Señor Vicente cedió. Hay que ver las Memorias aportadas por el Señor Dufresne.4

  1. Retrasar los avisos.

    El Sr. Vicente sugiere a las Hijas de la Caridad el 22 de octubre de 1650, «no hay que estar avisando a todas horas, porque, a veces, lo que creemos que es una falta, no lo es; antes hay que hacer oración y pensar: «Lo que ha hecho mi Hermana, ¿es una falta de importan­cia?» (IX.534/499).

  2. «Siga usted, Señor, viendo las cosas y los actos del prójimo con espíritu de caridad; y aunque sus actos tuvieran cien caras, practi­quemos el consejo de nuestro bienaventurado Padre, y mirémoslas por la cara mejor». A Pedro Escart, 11 de febrero de 1643 (II.365/301).
  3. Actuación prudente en su relación con el Cardenal de Retz.

    Hasta el fin de su vida Vicente de Paúl permaneció muy unido a la familia de los Gondi. Propuesto por Pedro de Bérulle como preceptor de los hijos de Felipe Manuel de Gondi, había entrado en dicha casa en el momento en que acababa de nacer el tercer hijo, Juan Francis­co Pablo, bautizado en Montmirail el 20 de septiembre de 1613 (Bi­blioteca del Institut 1328 fe 2). Después de una breve interrupción de sus servicios (julio de 1617 – 24 de diciembre de 1617) para encargar­se de la parroquia de Chátillon-les-Dombes (XIII.43-45/X.50), había vivido hasta terminar junio de 1625, teniendo domicilio fijo, en la calle Tiquetone, entre la calle Montorgueil y la calle Dussoubs. Gracias al General de las Galeras, había sido nombrado por el rey capellán ge­neral de las Galeras, el 8 de febrero de 1618 (XIII.55/X.59). Después de haber prestado juramento el 12 de febrero, se había ocupado de los galeotes presos en París en la cárcel de San Roque, donde, en expresión del conde Voyer d’Argenson, se podrían vivos.

    Después de haber asistido a la Señora de Gondi hasta su muerte (23 de junio de 1625), había ido a Marsella para manifestar a Felipe Manuel de Gondi su fidelidad en la prueba (Abelly, I.71; IX.613/552- 553).

    El 20 de octubre se instalaba en el Colegio de Bons-Enfants que le había sido otorgado el 1 de marzo de 1624 y cuya posesión por procu­rador la tomó Antonio Portail el día siguiente (X.72-73 sólo en espa­ñol; A.N.H.5-3 288. Cf. Annales 1940, p. 458).

    Más aún, estaba en la casa de los Gondi al morir Juan Francisco, segundo hijo de los Gondi. En ese mismo momento Juan Francisco Pablo, el tercer hijo, fue destinado a ser de la Iglesia, y recibió los beneficios de su hermano: las abadías de Quimperlé (8.000 libras de renta) y la de Machecoul (15.000 libras de renta).

    El 31 de dicembre de 1627, Juan Francisco Pablo llegaba a ser canónigo de la catedral de París y proseguía sus estudios con los Jesuítas del Colegio de Clermont, donde aprendió seis lenguas (latín, griego, hebreo, alemán, español e italiano). Tomó sus grados en la Sorbona después de haber seguido los cursos de J. Lescot y de Isambert (29 de enero de 1638).

    Pero este alumno superdotado era también inquieto y un enamora­dizo belicoso. A los 17 años tenía sobre su conciencia tres duelos. A los 18 años, inspirándose en la obra de Agustín Nascardi, escribe la Conspiration de Fiesque. Juan Duplessis, Cardenal de Richelieu, que no sentía ninguna simpatía por los Gondi y había obligado al her­mano mayor a dimitir del cargo de General de las Galeras, declaró inmediatamente: «Es un espíritu peligroso». Más tarde tratará a Juan Francisco de «pequeño arrogante», de «cara patibularia»…

    Depués de un viaje a Italia, donde pasa por Florencia, Venecia y Roma, vuelve a París. «Hacía yo un poco el devoto, —escribirá más tarde en sus Memorias— y acudía a las Conferencias de San Lázaro (Mémoíres 1.167). Me hice más ordenado, al menos en aparien­cia… No hacía el devoto, porque no podía estar seguro de que pudie­ra durar mucho tiempo en mi fingimiento; además, apreciaba mucho a los devotos…; en fin, mi forma de actuar me resultó bien hasta el punto de que ciertamente estuve de moda entre las personas de mi profesión, y hasta los devotos decían con el Sr. Vicente, que me había aplicado aquellas palabras del Evangelio: que no tenía bastante pie­dad, pero que no estaba demasiado lejos del reino de Dios» (Mémoíres 1,177-180).

    Para caracterizar y comprender la política de Vicente de Paúl para con los Gondi es necesario recordar el sentido agudo del agradeci­miento, de que tenía conciencia. «Hay dos cosas en mí —declaraba­: el agradecimiento y el no poder dejar de alabar el bien» (Abelly 111.268). Fue gracias a la familia de los Gondi, que había donado 45.000 libaras, que la Congregación de la Misión vió la luz el 17 de abril de 1625 (XIII.197-202/X.237; A.N.D.209).

    Tan pronto como muere Luis XIII. Vicente de Paúl acompaña a Felipe Manuel de Gondi y a la Marquesa de Maignelay para pedir a Ana de Austria el nombramiento de J.F.Pablo como coadjutor del arzobispo de París. La presentación tuvo lugar el 12 de junio de 1643, y la Bula pontifical fue expedida el 5 de octubre del mismo año. Juan Francisco Pablo hizo su retiro en San Lázaro. Recibió la consagra­ción episcopal el 31 de enero de 1644 en Notre Dame de París. Su tío, el Cardenal Juan Francisco de Gondi, ofició asistido por Nicolás de Nets (Orléans) y Domingo Séguier (Meaux). Será nombrado car­denal el 19 de septiembre de 1652, y será arzobispo de París el 21 de marzo de 1654..

    Lo volveremos a encontrar en San Lázaro el 11 de junio de 1645 consagrando a Mons. Francisco Perrochel nombrado para el obispa­do de Boulogne. Estuvo asistido por F. Fouquet y por E. Vialart, obis­po de Chálons.

    La política sediciosa de J.F.Pablo, obispo de Corinto, hizo que Mazarino le hiciera arrestar en el Louvre el 19 de diciembre de 1652. Lo encerraron en la torre del homenaje de Vincennes. El Padre del Coadjutor, Felipe Manuel, que después de la muerte de su esposa había ingresado en el Oratorio, protestó enérgicamente. Pero en vano. La Corte le mandó que guardara silencio y que se retirara a su casti­llo de Villepreux. Vicente de Paúl fue inmediatamente a animarlo y consolarlo (IV.535/496, 26 de diciembre de 1652; Collet 11.475). A pesar de las protestas del Cabildo de Notre Dame, de la Sorbona y del Parlamento, el Coadjutor de París estuvo detenido 19 meses y 21 días.

    Sin embargo, en el arzobispado el anciano Cardenal iba decayendo y el «recluso», así lo llamaba Vicente de Paúl, estaba tan bien infor­mado sobre el estado de su tío, que había firmado la delegación que le había presentado Roger, notario apostólico, concediendo todos sus poderes a Pedro Labeur.

    El Arzobispo de París murió el 21 de marzo de 1654 a las 4 de la mañana. El capellán que celebraba la misa ante el Coadjutor del cas­tillo de Vincennes pronunció con voz muy fuerte la frase del Canon de la misa «Pro Antistite nostro Joanne Francisco Paulo». El prisio­nero fue advertido de esa forma del papel que iba a desempeñar. En París desde las 5 de la mañana Pedro Labeur, provisto de sus pode­res, pidió ser recibido por el Cabildo. Presentó su delegación, prestó el juramento, y en la catedral el canónigo Séguier proclamó solemne­mente la toma de posesión de la sede arzobispal en nombre de Juan Francisco Pablo de Gondi. Cuando Le Tellier se presentó a las 10 de la mañana para declarar vacante la sede arzobispal, pudo constatar la inutilidad de su gestión.

    En San Lázaro, Vicente de Paúl está al corriente de los actos. Escribiendo el 27 de marzo a Carlos Ozenne, superior de Varsovia, co­mentaba así el acontecimiento: «Dios dispuso el sábado pasado del Sr. Arzobispo de París, y al mismo tiempo el Sr. Cardenal de Retz ha tomado posesión de esta iglesia por procurador y ha sido recibido por el Cabildo, aunque él sigue permanentemente en el bosque de Vincennes. La Providencia le había hecho nombrar antes de que lo detuvieran, ya que estaba pensando por entonces en hacer un viaje a Roma y quiso hacer esos nombramientos para el caso en que Dios dispusiera de su tío durante su viaje, de forma que los dos Vicarios Generales, que son canónigos de Notre Dame, están ya desempe­ñando sus funciones, y hemos recibido a los ordenandos por orden suya. Todo el mundo admira esta previsión, que ha tenido un efecto tan oportuno, o, mejor dicho, los planes de Dios que no ha querido dejar ni un sólo día a esta diócesis sin Pastor, cuando querían nombrar a otro distinto del que él quería» (V.109/102)..

    El 21 de marzo de 1654, el Cabildo pedía la liberación de J.F. Pablo de Gondi, y los dos Vicarios Generales, Sres. Chevalier y Lavocat ordenaban que el Santísimo Sacramento fuera expuesto en todas las parroquias de las diócesis.

    Para tratar de resolver la crisis, el Presidente Beliévre fue a Vincennes el 28 de marzo y trató de arrancar la dimisión de Juan Francisco Pablo de Gondi. El Padre Felipe Manuel de Gondi, al ente­rarse de la noticia, lloró.

    Preocupado por mantener el orden, el gobierno hizo trasladar al Arzobispo al castillo de Nantes (30 de marzo). Pero, meses más tar­de, el 8 de agosto de 1654, el Arzobispo, descolgándose por una cuer­da, se fugaba del castillo, caía del caballo y se fracturaba el hombro; se sobreponía al dolor y singlaba hacia Le Croisic. Desde allí llegó a San Sebastián, atravesaba España, ganaba Italia por mar. Después de atracar el 3 de noviembre en Piombino (Toscana), atraviesa Florencia, Siena, y entra en Roma el 28 de noviembre y se alberga primeramente en casa del abad Charrier. Al enterarse de la evasión y de la estancia en Roma, Mazarino, al volver a Francia, ordena a todas las Comunidades religiosas que nieguen la hospitalidad al Arzobispo (Affaires étrangéres. Roma 126 f2 457). Mons. Scotti, mayordomo del Palacio Apostólico, convoca entonces al superior de la casa de la Misión de Roma, Sr. Tomás Berthe, y le pide que reciba a J.F.Pablo en la casa de la Misión. Como conocía las órdenes de la Corte parisina, T.Berthe, aunque con reticencias, recibe al fujitivo. Furor de la Corte de Luis XIV, que, después de haber prohibido a los Sacerdotes de la Misión que recibieran a J.F. Pablo, intima la orden al Sr. Tomás Berthe y a sus cohermanos que cierren la casa y que vuelvan a París (B.N. Ms.20. 66 P171 y 20.66 P219).

    El Sr. Tomás Berthe escribió sobre todo esto al Sr. Vicente (2 car­tas, ambas fechadas el 5 de febrero de 1655 (V.269/244 y 273/247).

    Dos meses más tarde, Tomás Berthe estaba en París y el 4 de abril de 1655, el Sr. Vicente, dirigiéndose a los misioneros, se mostraba muy satisfecho por haber practicado «el agradecimiento con nuestro fundador y nuestro prelado», y también por haber «prestado al Papa un acto de obediencia, que ordenó al superior de la Misión,que reci­biese en la Misión a dicho Sr. Cardenal», y «en tercer lugar, por haber hecho aún otro buen acto de obediencia, acatando las órdenes del Rey, el cual, al no estar satisfecho de la conducta del Sr. Cardenal de Retz, ha visto mal que lo hayamos acogido en Roma… Ved cómo se han ido entrelazando todas las virtudes y cómo una engendra a la otra, y ésta a otra. ¡Oh! ¡Cuánto estimo el que la Compañía haya cumplido con este deber de obediencia al Soberano Pontífice! ¡Cuán­to deseo que la Compañía adopte los sentimientos de inmensa grati­tud y que haga especial profesión de obedecer al Soberano Pontífice, de obedecer al Rey, su príncipe… «(XI.172.97).

    El 8 de febrero, De Lione daba cuenta a Brienne de la ejecución de su misión (Affaires étrangéres. Roma 117, P275). Inocencio X se mostró desde el principio muy favorable a J.F. Pablo de Gondi y le envió el capelo de cardenal el 2 de diciembre de 1654. Su muerte, el 7 de enero de 1655, puso otra vez la cuestión sobre el tapete.

    El cónclave convocado el 15 de enero de 1655 duró 3 meses. Los Cardenales franceses querían hacer elegir al Cardenal Rapacioli. El Cardenal de Retz se unió a los que obtuvieron la elección del Carde­nal Chigi, el cual, el 7 de abril de 1655, tomó el nombre de Alejandro VII.

    Mazarino había pedido que votaran contra Chigi: «Es un sujeto más peligroso que otros», declaraba, pero por prudencia escribía el 4 de marzo: «Lo considero como un sujeto de los más dignos para el pon­tificado» (Carta a De Lionne).

    El Cardenal de Retz trató de hacer creer que Chigi había sido ele­gido por razón de sus manejos. El informe de Gueffier a Brienne no menciona el nombre de Retz entre los votantes (Carta de Gueffier a Brienne, 12 de abril. 1655. B.N. Cinq Cents, Colbert. 363, f2 1479).

    El 6 de abril, vísperas de su elección, el Cardenal había abrazado al Cardenal de Retz y éste último le debió decir en la ceremonia de San Pedro al abrazarlo; «Ecce opus manuum tuarum». El abad Charrier escribió esas palabras a Francia (Retz, Mémoíres, IV.54). Cuales­quiera que fueran los sentimientos del nuevo Papa, Retz, habiendo solicitado el palio el 13 de mayo, Alejandro VII se lo concedió la mañana del 14 de mayo.

    En París, Vicente de Paúl, al dirigirse a los misioneros el mes de abril de 1655, se manifestaba satisfecho de la elección. «Nuestro Señor ha querido darnos un Papa. Me han dado la noticia cuando iba a la reunión —de las Damas de la Caridad—. La hermana del Sr. Car­denal Mazarino se lo ha dicho a las Religiosas de Santa María del arrabal de Saint-Jacques, que me lo han comunicado. Es un buen Papa, el que más ha profundizado en las materias de estos tiempos y que ha sido de la opinión contraria a las ya condenadas» (XI.179/103; E.134/135).

    Pero J.F.Pablo, como se dió cuenta de las dificultades que le crea­ba al nuevo Papa, salió de Roma el mes de mayo de 1656, y después de Italia. Durante 6 años anduvo vagando por Francia, por Alemania, por los Países Bajos. Finalmente, en 1662, firmó su dimisión como Arzobispo de París y se retiró a su Señorío de Commercy. Participó en los cónclaves que eligieron a Clemente IX (1667), Clemente X (1660) e Inocencio XI (1676). Debía fallecer cuando estaba de paso en París, el 24 de agosto de 1679.

    Curiosamente fue durante ese período de vagabundeo, y cuando Mazarino desconocía dónde se albergaba, cuando Vicente de Paúl, utilizando los servicios del abad Charrier le envió una carta fechada el 9 de enero de 1659 (VII.436/373). Sintiendo su fin ya próximo, pedía perdón a su Eminencia «si he podido disgustarle en alguna cosa… Me tomo también la confianza, Monseñor, de recomendar a Su Eminencia su pequeña Compañía de la Misión, que usted mismo ha fun­dado, mantenido y llenado de favores y que, por ser obra de sus ma­nos, se siente tan sumisa y tan agradecida como a su padre y a su prelado» (VII.436/373).

    Pero aún le escribió siete meses más tarde para pedirle que apro­bara algunas modificaciones, que habían sido introducidas en las Re­glas o Constituciones comunes de la Congregación de la Mi­sión.

    El 7 de septiembre de 1657, Vicente de Paúl escribía a Edmundo Jolly, superior de Roma: «Dios nos ha ofrecido la ocasión, para que podamos recurrir al que manda y procuraremos servirnos de ella» (VI.449/410). (Las Reglas) habían sido impresas y luego distribuídas el 15 de mayo de 1658 (XII.1-14/X1.321-331; E.413-426).

  4. Salida de la casa de los Gondi.

    Las indicaciones de L.Robineau son sustancialmente exactas, sal­vo el nombramiento de Enrique de Gondi como arzobispo de París.

    Nació en París en 1572; Enrique de Gondi fue designado para la sede episcopal de la capital el 2 de noviembre de 1596. Fue aceptado el 10 de junio; consagrado el 1 de marzo de 1698 por Pedro de Gondi, antiguo obispo de París, asistido por Arnaldo Sorbin (Nevers) y Renato Potier (Beauvais). Fue creado cardenal el 28 de marzo de 1618 y murió el 12 de agosto en Béziers.

    L. Abelly enumera todo un abanico de correspondencia que indu­dablemente está poco ampliada. A la carta de Vicente de Paúl dirigi­da a Felipe Manuel de Gondi donde le explica los motivos de su mar­cha: ineptitud para dirigir los niños, le respondieron unas cartas: Feli­pe Manuel, los niños (Pedro tenía 15 años , Enrique 7 años, J.F.Pablo , 4 años), el obispo de París Enrique de Gondi, los parientes cercanos, los oficiales, unos doctores, personas de condición. La carta de Pe­dro de Bérulle, «pero lo hizo con un estilo digno de su gran prudencia y de su eminente piedad, porque se contentó con exponerle la grandí­sima pena, que sufría la virtuosa Señora y la enfermedad, que le ame­nazaba y el gran deseo que el Señor General sentía por su vuelta» (Abelly, 1.43-44).

    Las cartas de los niños debieron de ser bastante breves: Pedro tenía 15 años, Enrique 7 años y Juan Francisco Pablo, 4 años. Por ese mismo tiempo escribían Enrique de Gondi, obispo de París, los parien­tes próximos, los oficiales, varios doctores y personas de condición» (Abelly, 1.43).

    Pedro de Bérulle se contentó con describir la situación sin proponer nada. Cuando el Señor Dufresne, señor de Villeneuve, llegó a Chátillon, convenció a Vicente de Paúl para que fuera a pedir consejo al Padre Bence, superior del Oratorio de Lyon; él fue quien había fundado la casa de Lyon en diciembre de 1616 y quien había indicado al Padre de Bérulle la situación de Chátillon-les-Dombes.

    Juan Bence (Rouen 1568 —París, 24 de abril de 1642); cf. E. Bonnardet, Dictionnaire de Bographie, t.V, co1.1403 (1951).

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