El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 056 al 060

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Robineau, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Asociación Feyda.
Tiempo de lectura estimado:

056. El Señor Vicente hace que le cedan el púlpito a un capuchino.

Al comienzo del mes de Diciembre de 1655, había destinado algunos sacerdotes de la Compañía para dar la Misión en Maule, y se encontraron con que había allí un buen padre franciscano (sic), que estaba con la intención de predicar el Adviento. El Señor Vicente escribió al Sr. Tholard, que era el director de aquella casa, que cedie­ra el púlpito a aquel buen Padre, y añadía a continuación la razón:

«Ya que nuestra norma y nuestro uso —dice— es el de ceder el púlpito a cualquiera que vaya adonde estamos trabajando, y esto lo hacemos fundados en que Nuestro Señor enseña eso implícitamente: Si alguien te pide la capa, dale también el vestido» (MI V, 40), y él lo practicó así, cuando alguna persona de una Provincia a la que se dirigía se le adelantó y le rogó que no entrara en su Provincia. «Sí, pero usted me dirá, si cedemos nos harán la misma faena en todas partes adonde vayamos en cuaresmas y advientos, y quedaremos enteramente desprestigiados. No importa, no seremos auténticos cris­tianos, sino aceptamos y amamos tiernamente las burlas, que nos caigan encima».1

057. El Señor Vicente se acusa de su rusticidad.

Una persona de la Compañía había escrito al Señor Vicente, que el superior de una de las casas de la Compañía, donde residía, era de­masiado rústico para aquel lugar. El Señor Vicente le responde a su carta, y después le dice y habla mucho y bien de aquel superior. En la carta dice esto: «Y a mí, ¿cómo me han podido sufrir, si soy —hasta este momento en el cargo que tengo— el más rústico y más ridículo y más tonto de la Compañía entre las personas de categoría, a quienes no sé decir tres palabras seguidas sin que deje traslucir que no tengo ni pizca de inteligencia, ni de juicio, sino, lo que es peor, que no poseo ninguna virtud que se aproxime a la de la persona a la que nos referi­mos». Por aquí se ve el poco aprecio que sentía de sí mismo el Señor Vicente, y la gran estima que tenía por el prójimo.

Al margen: Cuaderno de la prudencia, 75. Véase la copia de la carta.

058. Fórmulas de humildad.

Cuando el Señor Vicente oía a alguno hablar en alabanza suya, o que andaba muy cerca de ello, entonces tenía la costumbre de decir de sí mismo algo humillante, como, por ejemplo, estas palabras: «Bien por el mendigo, bien por el miserable», y si se fija uno en la mayor parte de las cartas, que escribía a diversas personas, hallará en ellas unos términos humillantes, que solía decir de sí mismo hasta llegar a llamarse «el mayor pecador del mundo», «un desgraciado pecador». Y en cuanto a las cartas, que escribía al menor de los Hermanos Coadjutores de la Compañía, siempre se calificaba «su muy humilde servidor», y alguna vez me indicó que pusiera estas palabras: «y soy su hermano», e inmediatamente escribió de su puño y letra: «Vicente de Paúl, indigno sacerdote de la Misión».

059. Se nombra indigno.

Además, se puede ver por lo que sigue una muestra de su humildad. En ella, sin herir esa misma virtud de la humildad, podía calificar­se de General, ya que lo era en realidad, y, sin embargo, no lo hacía, sino sencillamente el de «menor de todos lo sacerdotes de su Compa­ñía», esto es, firmaba «indigno sacerdote de la Misión».

Y cuando no había más remedio que darle el tratamiento de Gene­ral (esto ha sucedido varias veces en actos públicos, pues era nece­sario hacerlo así), hacía añadir, o añadía él mismo esta palabra «indig­no», es decir, «indigno Superior de la Misión». Y esto lo hacía habi­tualmente.

060. El fundador y los fundadores de la Misión.

Y por lo que toca al título de Instituidor o Fundador de la Compañía, no lo usó jamás; nunca tuvo a bien abrir la boca para nombrarse con semejante nombre, tan indigno se consideraba de llevarlo. Pensaba que tal título debía de pertenecer más bien a Nuestro Señor Jesucris­to, que era el verdadero Fundador, y que si había alguna persona en el mundo a quien se le debía conceder esa categoría debía ser el Señor General de las Galeras y a su difunta Señora la Generala, su esposa, y a su familia; y de hecho, cuando hablaba de ellos, añadía ordinaria­mente estas palabras: «Nuestro fundador» o «Nuestra fundadora», y eso mismo hacía también al hablar del Señor Cardenal de Retz, su hijo, en la actualidad arzobispo de París; y además, yo añadiría esto: que es que el mismo Señor Vicente nos ha hecho el honor de decirnos varias veces, que el primer dinero que se empleó para comenzar a fundar la Misión era originario de las rentas de una abadía pertene­ciente al Sr. Cardenal de Retz, que por entonces se llamaba señor Abad de Retz y que, por aquellos días, aún era muy joven.

Pues bien, además de eso, se dieron tres o cuatro cosas notables, que explicaremos brevemente, pero antes se han de presuponer dos verdades esenciales:

—la primera, que el bien temporal de la Iglesia es una cosa consa­grada a Dios y que no puede emplearse legítimamente en un uso que no sea para servicio de Su Divina Majestad.

—la segunda, que es patrimonio de Jesucristo y de los pobres. Un beneficiario no tiene derecho a tomar de él, más que: 12 su alimento y mantenimiento con mucha moderación; 2210 que convenga para aten­ der a las demás cargas del beneficio. Y, hecho esto, lo demás debe ser empleado en alimentar a los pobres, que son los miembros del mismo Jesucristo.

Teniendo en cuenta esas dos verdades, es fácil comprender que Nuestro Señor. quiso que el primer bien temporal, que sirvió para empezar esta fundación, haya salido de su patrimonio y del de los pobres, y que eso fue como la primera piedra, que quería que se asentara para la fundación de la Compañía de la Misión.

En segundo lugar, ya que había resuelto desde toda la eternidad crear esa gran obra, juzgó adecuadamente que había que emplear en ella para su cimiento temporal una piedra, que sirviera para la gran­deza y la duración del edificio, que quería levantar en su Iglesia. Y como no era posible, cual convenía, es decir, que fuera perfecta, tier­na, pura e inmaculada, al tiempo que resistente y sólida en una cante­ra extraña, por eso quiso por una particular determinación de su sabi­duría, que fuera escogida y sacada de su propia herencia.

En tercer lugar, también a fin de que la misma Compañía viendo y considerando a los pobres y, en particular, a la pobre gente del campo en cierto sentido como sus fundadores y, haciendo así, los amara aún más. Y verosímilmente se fundaba en eso el hecho de que el Señor Vicente se apoya en eso, cuando, hablando de los pobres del campo, los llamaba a veces sus señores y sus amos o «Nuestros Señores y Nuestros Amos», y otras veces decía «las pobres gentes del campo son nuestros amos».

Todo eso sucedió tal como lo acabo de contar, por lo que es fácil ver que esta fundación es verdaderamente una obra de Dios, si es que alguna vez ha habido alguna a la que no hayan cooperado el Señor y la Señora General de las Galeras suministrando y sacando de sus propios bienes el excedente de lo que hacía falta para completar la cantidad que figuraba en el contrato de la fundación, que es de 450(X) libras como cantidad fundamental, y por ese medio convirtién­dose ellos y su familia en fundadores de la gran obra de la Misión junto con Nuestro Señor.2

  1. Reproducido en V,477/452, a Santiago Tholard, diciembre de 1655.
  2. Los Apuntes del Hermano Robineau deben ser completados y rectificados.

    La Canongía de Écouis.

    Vicente fue nombrado para este beneficio al ser presentado por Felipe Manuel de Gondi el 27 de mayo de 1615 (XIII.19/X.30), y prestó el juramento el 16 de septiembre de 1615. El canónigo Pedro de Rocherolles se quejaba el 20 de abril de 1616 de la no-residencia del Sr. Vicente (XIII.23/X.33); 18 de mayo de 1616, nueva adverten­cia a los no-residentes (XIII.24/X.33). Lectura de una carta de la Señora Generala y de una carta de Le Roux, recaudador del Sr. Du­que de Retz, cartas que invitan a retrasar quince días el juicio por la ausencia de Vicente de Paúl (XIII.24/X.33).

    P. Coste, Monsicur Vincent (1.87): «Es probable que Vicente de Paúl no fue mucho tiempo canónigo de Écottis».

    Féron (Alex), Saint Vincent de Paul, vicaire généra I des Richelieu-Vignerod, ahbé de Saint-Otten de Rouen, Caen, Caron: p.15 sin fecha, «afirma que Vicente de Paúl poseyó durante treinta años, más o menos, esa canongía». Charpillon y Caresme, Diction­naire historique de toutes les communes de l’Eu•e. Les Andelys, Delacroix, 1968, 2 in-/V: «Debemos a la cortesía del Sr. Barón Ernouf ser los primeros en dar a conocer que San Vicente fue canónigo de Écouis durante unos treinta años». (Alex Féron, p.4, n2 2).

    El Hermano Luis Robineau sitúa en julio de 1659 el nombramiento de Vicente como Vicario General. Añade que este nombramiento era consecuencia de la ausencia y de la detención del Abad.

    En realidad, el Abad nunca fue encarcelado. Amador J.B. había sido nombrado para la abadía de Saint-Ouen por Luis XIII (Bula del 17 de marzo de 1642); toma de posesión el 2 de agosto de 1642. Cf. Dm. Pomeraye, Histoíre de I’Abbaye royale de Saint-Ouen de Rouen, p. 337. Féron, Alex), pp. 7-8, n2 2; A.D. Seine Maritime, Reg. 14,11.28; Cronique des antiquités de l’Abbaye de Saint-Ouen de Rouen, 1649, t’280 y siguientes. Al morir Richelieu (3 de diciembre de 1642), Amador J.B. recibe además la abadía de San Martín des Champs (Gallia christiana, IX.155; 7,543).

    10 de septiembre de 1643, Vicente de Paúl presenta al curato de Santa Cruz des Pelletiers a Juan Guenet (A.D. Seine Maritime, G.1247).

    —6 de noviembre de 1649, Vicente de Paúl presenta al curato de Transieres, deanato de Gisors. (A.D. Seine.Maritime, G1181).

    —20 de mayo de 1650, Vicente de Paúl presenta al curato de Santa Cruz, Saint-Ouen de Rouen, al oratoriano Carlos Desmarets, califi­cado de «horrible jansenista» por el Padre Rapin (A.D. Seine Maritime, 0. 1247).

    En 1650 Vicente impide a Amador casarse (La muse historique, carta 21 de sábado 8 de octubre de 1650, hacia 133-148).

    —15 de septiembre de 1652, Vicente de Paúl presenta al curato de Santa Cruz des Pelletiers a Antonio Damiens, párroco de Bellebeuf (A.D. Seine Maritime , G. 1247).

    En este mismo año de 1652, Vicente de Paúl interviene para impe­dir la querella con el Sr. de Vardes (La atuse historique, 12 de mayo de 162, hacia 105-120).

    —20 de septiembre, Amador resigna su abadía en favor de su her­mano Manuel.

    —En 1652, el 6 de noviembre, Amador se casa con la hija de una camarera de la Reina, Señora de Beauvais. (CF. Mémoires de Mademoiselle de Montpensier. Col. Michaud-Poujoulat, III se­rie, t.IV, p. 156).

    Amador, al principio confinado al Havre, marcha en seguida a Ita­lia, pero su matrimonio es reconocido como válido, 1 de febrero de 1653 (Cf. Loret, La muse historique, 1 de febrero de 1653, v. 217- 224).

    —1653, Antonio Damiens resigna su curato de Santa Cruz des Pelletiers y se encarga del de San Eloy.

    —30 de agosto de 1653, Vicente de Paúl presenta en nombre de Manuel a José de Vignerod para el curato de Sta Cruz des Pelletiers (A.D. Seine Maritime, G.1247).

    —24 de septiembre, Vicente de Paúl presenta al curato de Imare (A.D. Seine Maritime, G.1464).

    —6 de junio de 1656, Vicente de Paul presenta al curato de Basville. (A.D. Seine Maritime, G. 1307).

    —En 1657 Vicente de Paúl es siempre Vicario General del abad de Saint-Ouen (VI.288/279), carta del 30 de abril. Carta a Horcholle, párroco de Santiago de Neufchátel, (en Neufchátel).

    Como Vicario General del prior de San Martín des Champs, Vicente de Paúl presenta:

    —9 de abril de 1655, al curato de Flagy (A.D. Yonne, G. 202). —12 de septiembre de 1656, al curato de Fontaine-le-Port.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *