El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 036 al 040

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Robineau, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Asociación Feyda.
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036. Actitud de Humildad en la Asamblea de «1650».

Hacia el año 1650 hubo una declaración del Rey, convocando la Asamblea de los Estados. Los Señores del Ayuntamiento de París recibieron la declaración de Su Majestad con orden de proceder a la elección de los diputados para asistir a los Estados, tanto por lo que tocaba a los Señores del Clero, de la Corte, del Parlamento, de la Cámara de cuentas, como de la Corte de Derramas y de la Ciudad de París.

Para acudir allí, los Señores de la Ciudad de París citaron a todos los que tienen la costumbre de ser enviados a las Asambleas de la Ciudad, y, entre ellos, a los Señores de San Lázaro. El Señor Vicente no acudió, sino que envió al Sr. Lamberto, a quien, antes de ir, le indicó la manera a la que debía atenerse y, entre otras cosas, que se colocan en el último lugar, cosa que el Sr. Lamben() ejecutó fielmen­te. Tuve el honor de ser testigo ocular del hecho. Así, estará bien indicar que en esta Asamblea hubo dos polémicas sobre la cuestión de asientos: una de la opiniones fue considerada de mal olor para la edificación y, la otra, por el contrario, de gran edificación.

La primera se dió entre los diputados de dos comunidades religio­sas, que no hay por qué nombrar, y la segunda entre los diputados de dos comunidades seculares.

En la primera, los diputados de una de las comunidades religiosas, querían y pretendían ocupar su sede antes que los de la otra comuni­dad religiosa, y éstos, por el contrario, la pretendían a su vez, cada cual, alegando sus razones, lo cual ocasionó un poco de ruido y murmullo en la Asamblea. También hubo protestas por escrito, que me parece que las hicieron los de una y otra parte, y escritos en el registro de la Asamblea. La otra polémica, que surgió, tuvo lugar entre los diputados de la Congregación de los sacerdotes del Oratorio de Saint­Magloire y los de la Congregación de la Misión de San Lázaro: aqué­llos queriendo ceder la primacía al Sr. Lamberto y el Sr. Lamberlo no queriendo permitir tal, alegando como razón que la Compañía de la Misión acababa de nacer y que la del Oratorio llevaba más años, y que, por ello, en calidad de tal ella debía preceder. Finalmente, esta pequeña disputa acabó al gusto del Sr. Lamber») y de su compañero, a quienes correspondió su lugar en el último puesto de todo el Clero. Así es corno el Señor Vicente le había recomendado que actuara, según hemos indicado más arriba.

De esto se puede deducir qué verdad es lo que se dice del Señor Vicente, que siempre solía actuar según las máximas evangélicas.1

037. Petición expresa de secreto por humildad.

Me pidió una vez expresamente que no hiciera público nada absolutamente de una cosa, que me había dicho; hasta me hizo prometer antes de que me la dijera que no hablaría nada de ello. Pues bien, no conozco ninguna otra razón para tomar tan grandes precauciones por parte mía, sino que se debía a que había algo en la buena obra hecha por él, y que resultaría en alabanza suya y en hacerlo apreciar por los hombres.2

038. El Señor Vicente desea marcharse de París, cuando Luis XIII quiere confiarle el cargo de la provisión de los beneficios.

El Señor Vicente estaba tan lejos de tratar de conseguir cargos

honoríficos, que he llegado a oír, que le faltó muy poco para escapar­se de París, cuando el difunto Rey Luis XIII, de feliz memoria, lo nombró para la provisión de los beneficios de su Reino, que estuvie­ran vacantes; y por más que se le persuadiera de que aquello redun­daría para la gloria de Dios y el bien de la Iglesia, no se creía que hubiera sido posible hacerle que se comprometiera con el cargo.3

039. El Señor Vicente pide a su comunidad que ruegue que Dios haga al Rey digno de que se rece por él.

He aquí otra observación: cuando el Rey Luis XIV, su hijo, que reina en la actualidad, estuvo preparado para hacer su primera comu­nión, el Señor Vicente exhortó a la Compañía de la Misión a que pidiera a Dios, «para que lo hiciera digno de que rezaran por él», y ésas son sus mismas palabras. Y después añadió: «El buen orden y el bien de la Iglesia dependen del Rey. Hablo según la experiencia que tengo. Si el Rey es bueno, si es piadoso y se preocupa de nombrar buenos prelados, buenos abades, y tiene a su vez un gran deseo de la gloria de Dios, entonces sí que irá hien la Iglesia».

Al margen: Ver el Cuaderno del Celo por las almas, 7.4

040. El Señor Vicente rechaza una cortina.

Le pusieron una vez una cortina dentro de la salita de San José, pues en ella recibía habitualmente a todos los que venían a hablar con él. Se puso aquel fragmento de cortina delante de una puerta, con el fin de impedir que el viento entrara por ella y le molestase.

Pero no quiso sufrirla y rogó, en cuanto vió la cortina, que trataran de quitarla, y a pesar de que le suplicaron que la tolerara ante dicha puerta, y que sólo habían tratado de que no entrara el viento y el frío. fue imposible convencerle, y hubo que quitarla.5

  1. Observación omitida por L. Abelly, 1664.
  2. Observación omitida por L. Abelly, 1664.
  3. Observación omitida por L. Abelly, 1664.
  4. Omitido por Abelly, 1664. Luis XIV hizo la primera comunión el 25 de diciembre de 1649 en la iglesia de San Eustaquio.
  5. Cf. Abelly. III.272-273.

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