El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 001 al 005

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Robineau, C.M., con notas de André Dodin, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Asociación Feyda.
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001. La Humildad, la virtud más visible.

saint-vincent-de-paul-11El difunto Señor Vicente, nuestro Muy Honorable Padre, dejó ver de un modo muy particular durante su vida cuánto amaba y cuán encariñado estaba de la virtud de la humildad, una de las virtudes cristianas que más se manifestó en él durante su vida.1

002. El Señor Vicente atribuye a Dios la fundación de la Misión.

Esta santa virtud se ha manifestado primero en él, en cuanto que atribuye sólo a Dios la fundación de la compañía de la Misión, sin que él haya tenido ninguna parte en ella. Nos lo ha dicho varias veces: «Es una obra de Dios; yo no he tenido ninguna parte en ella».2

003. El Señor Vicente no manda; ruega que se hagan los actos.

Siempre usaba la palabra «ruego», cuando quería que se hiciera alguna cosa a alguien, quienquiera que fuese, hasta en las cosas más pequeñas, diciendo: «Señor o Hermano mío: le ruego que haga esto, o que vaya allá o acullá», y nunca usaba palabras imperativas, al me­nos, no recuerdo habérselas oído nunca, aunque he tenido el honor de estar junto a él y de hablarle muy frecuentemente desde el año 1647 hasta su muerte, excepto una vez que lo hizo conmigo. No me acuer­do ahora por qué ni de qué se trataba.3

004. Actitud humilde en la oración.

Cuando oraba, lo hacía con un recogimiento y una compostura tan humilde y que manifestaba una sumisión y una dependencia tan ma­ravillosa ante Dios, que todos quedaban edificados, y confieso, por lo que a mí toca, que muchas veces he quedado emocionado y movido a hacer otro tanto.4

005. En 1623 hace que le llamen Señor Vicente.

Su humildad le hizo dejar el nombre de Depaúl y hacerse con el de Vicente, porque el Depaúl le parecía demasiado para él, y creía que haciéndose llamar Señor Vicente estaba más conforme con la humil­dad, de la que quería hacer profesión especial.

Al margen: Empezó a hacerse llamar Señor Vicente en los comienzos de la fundación de la Compañía.5

  1. Abelly (Vie, c. 13, p. 196-226), fiel al esquematismo de Aristóteles y de Santo Tomás (IIa – IIae, quaestiones 1-170) coloca a la humildad dentro de la templanza (quaestio 161) y trata de demostrar que San Benito ha definido bien la humildad enumerando los doce grados de esta virtud.

    Enrique de Maupas du Tour, el 23 de noviembre de 1660 demostró que dos actitudes, dos virtudes, habían caracterizado la existencia de Vicente de Paúl: la humildad (p. 9-23) y la caridad (p. 23.59), Oraison funèbre á la mémoíre de feu messire Vincent de Paul, Instituidor, Fundador, Superior General de los Sacerdotes de la Congregación de la Misión. París, Gaspard Meturas, Jacques Langlois, M. Langlois. 1661.

    Para Santo Tomás de Aquino la religión es una virtud aneja a la justicia, teniendo por materia una deuda rigurosa, pero que no se pue­de pagar perfectamente (IIa – IIae, Q. 81); la devoción, Q. 82; la oración, Q. 83; la adoración, Q. 84. La humildad es una parte poten­cial de la templanza. Modera la audacia y regula la esperanza en lo que se refiere a nuestra excelencia personal. (Cf. Juan de Santo To­más, Introduction à la théologie de saint Thomas, P. A. Blot, 1928, p. 242-243 y p. 275).

    Sobre la diferencia mal conocida entre la religión, relación de la criatura y del Creador, y la virtud de la religión cf. E. Amann, Vertu de religion, en D. T. C. XIII, 2, col. 2306-2312; y E. Magnin, Religion, D. T. C. XIII 2, col. 2182-2306.

    Para San Vicente de Paúl la caridad, virtud sobrenatural teologal insertada en el corazón de los bautizados, es la expresión del Espíritu del Dios viviente y actuante en el cristiano. «Es el alma de las virtu­des, y es la humildad la que las atrae y la que las guarda». (Abelly, I, 93; XI 93/398; Entretiens (1960), 860).

    El objeto que hay que conseguir es vaciarse de sí mismo para que Dios nos llene.

    «Hay Compañías humildes, como los valles, que atraen sobre ellas todo el jugo de las montañas; en cuanto estemos vacíos de nosotros mismos, Dios nos llenará de Él, porque no puede sufrir el vacío». (Entretiens, p. 860).

    «Créanme, Señores y Hermanos míos, créanme, es una máxima infalible de Jesucristo que les he anunciado a menudo de su parte, que, en cuanto un corazón se vacía de sí mismo, Dios lo llena; es Dios quien reside y obra allí dentro, y es el deseo de la confusión el que nos vacía de nosotros mismos, es la humildad, la santa humildad; y enton­ces no seremos nosotros quienes actuemos, sino Dios, y todo irá bien». (Entretiens, p. 26, septiembre de 1655). Imitation de Jésus-Christ, L. IV, n. 3: «Dat enim Dominus ibi benedictionem suam, uhi vaca vacua invenerit». (IV. Reg. 4, 3), «car le Seigneur répand sa bénédiction où il trouve des vases vides». (Trad. de L. Baudry, París, Aubicr, 1950, p. 263).

    «Porque, miren: pasa con nosotros como con la naturaleza, que tiene la propiedad de no dejar nada vacío sin que lo llene, y lo de­muestra la experiencia, sobre todo, en varias ocasiones. Cuando se quiere hacer estallar a una ciudad, se excava allí una mina y se pone allí pólvora, para que, al inflamarse, al expansionarse los gases y te­ner que llenar el espacio que los rodea, se hundan las casa. Dios se porta de la misma manera: no puede dejar nada vacío. Al mismo tiempo que nos vayamos vaciando de nosotros mismos, del deseo de aparentar, de ser estimados y respetados, Dios llenará nuestras al­mas de gracias y de bendiciones. (XIII, 710 / X, 831).

  2. La afirmación del Señor Vicente es históricamente verificable. La fundación de la Congregación era totalmente extraña a la orientación del joven Vicente hacia el sacerdocio. El padre de Vicente, Juan Depaúl, vislumbra para su hijo una situación parecida a la de su pa­riente Esteban de Paúl, Prior de Poymartet, Gourbera, en el camino de Santiago de Compostela. El Prior ayudaba a las necesidades de su familia (a. Ch. Blanc, La parenté de M. Vincent. Bulletin de la Societé de Borda, 1960, p. 118, citando los archivos municipales de Dax, Cuaderno de diezmos, 1509, fº6, vº y fº90, Cuaderno del cabil­do, 1542. Archives du boucher, Archives de l’Hospital de Dax. E, 2).

    En 1600 el Señor de Comet, así como Guillermo Massiot, Vicario General, orientaba al joven Vicente, de 19 años de edad, hacia el curato de Tilh. Abelly (I. 11), escribe: «Los Señores Vicarios Genera­les de Dax, estando la sede vacante, en cuanto supieron que ya era sacerdote, atendiendo a la petición del Señor de Comet y por el apre­cio que tenían de su virtud, le dotaron con el curato del lugar de Tilh». Collet, Vie, I. 14, precisa: «Las personas más ilustres lo juzgaron apto para que fuera Pastor, y, aunque ausente, fue nombrado para la pa­rroquia de Tilh, que era una de las mejores de la diócesis de Dax». Un competidor, S. Soubé, como la había impetrado de la Corte de Roma, el joven Vicente no emprendió ninguna oposición.

    Entre 1600 y 1604, el autor del Ristretto anticipa que Vicente tuvo una entrevista con el Duque de Epernon, que le permitiría esperar una sede episcopal. (Collet, I. 15, Ristretto, p. 10).

    Entre 1607 y 1617 constatamos que sueña, sobre todo, con «asegu­rar un retiro honroso y algún decoroso beneficio». (1. 15/86, 28 de febrero de 1618). El 24 de julio de 1607 esperaba de Pedro Francisco Montorio algún buen beneficio. (1. 11/83).

    Vuelto a Francia, y no habiendo obtenido nada del Vice-legado de Avignon

    • después de haberse hospedado en casa del juez Dulou (Abelly, I. 21-22),
    • más adelante, en la calle de la Monnaie, en casa de Juan de la Thane, el 17 de mayo de 1610 por la mañana tiene su domicilio irre­vocable (XIII, 11 / X. 20), se aloja, por la tarde, en la calle de Seine en la casa, donde figura como enseña la estatua de San Nicolás. En ese momento es consejero y limosnero de la reina Margarita de Valois, donde lo ha introducido Antonio Leclerc de la Forel (III. 12/1),
    • el mismo 17 de mayo de 1610 es titular de la abadía de San Leonardo de Chaume (XIII 8 / X 17),
    • el 2 de mayo de 1612 toma posesión de la parroquia de Clichy, que no resignará hasta 1626 (XIII. / X. 97).
    • De 1613 (septiembre hasta julio de 1617) es capellán – limosnero y preceptor en casa de los Gondi.
    • 28 de febrero de 1614 lo nombran, presentado por Felipe Manuel de Gondi, párroco de Gamaches (Eure) (A. D. Rouen, G. 9, 574, P 77-78).
    • 27 de mayo de 1615. es nombrado canónigo de Écouis (X111.19/ X.30), toma posesión por procurador, toma posesión y presencia. el 16 de septiembre de 1615 (XIII.22/X.32), comida , con una acogida alegre, el 17 de septiembre de 1615 (X111.22/X.32),
    • 29 de octubre de 1616, resignación de la abadía de San Leonardo de Chaume (X.111.22-23/X.32-33),
    • 19 de abril de 1617. Resignación del curato de Chátillon en favor de Vicente de Paúl (X111.40-41/X.47);
    • 1 de agosto de 1617. Toma posesión del curato de Chátillon; fue nombrado párroco el 29 de julio (X111.41/X.48; X111.43-45/X.50); —24 de diciembre de 1617, vuelve a París donde los Gondi:
    • 8 de febrero de 1619, Vicente de Paúl Capellán General de las Galeras (X111.55/X.59):
    • antes del 22 de diciembre de 1622 es nombrado Superior de la Visitación de París (Abelly,11.314);
    • 7 de febrero de 1624 Vicente es nombrado Prior de Grosse-Sauve (Annales, T.CVI), (1941), p. 269).
    • 1 de marzo de 1624, es nombrado Principal del Colegio de Bons­Enfants (A.N.H. 5-3.288);
    • 17 de abril de 1625, Vicente firma el contrato de fundación de la Congregación de la Misión (X111.197-202/X.237);
    • 24 de junio de 1625 muerte de Francisca Margarita de Silly, espo­sa de Felipe Manuel de Gondi.

    El Señor Vicente debía explicar a los miembros de las dos comuni­dades por qué y cómo habían visto la luz, por qué y cómo debían permanecer fieles al acto divino que las había creado.

    Sabemos que lo recordó seis veces entre el 26 de abril y el 25 de mayo de 1654:

    • 26 de abril de 1643, (1X.209/203)
    • 13 de febrero de 1646 (1X.243/232)
    • 30 de mayo de 1647 (1X.313/293)
    • 25 de diciembre de 1648 (1X.455/415)
    • 14 de febrero de 1653 (1X.601/541)
    • 25 de mayo de 1654 (I X.685/613)

    También habló de eso mismo a los miembros de la Congregación de la Misión presentes en París el 17 de mayo de 1658 (X111.6/X1.325), y además había aludido en la conferencia a las Hijas de la Caridad del 14 de febrero de 1653 (IX.601/514).

    A las dos Comunidades Vicente les afirma que no había previsto ni querido las dos Instituciones. Se contentó con seguir la adorable Pro­videncia de Dios, que es su único Autor. El Señor Antonio Portail, único superviviente, no había pensado en eso (1X.601, 683/541, 611; X11.7/X1.327).

    En cuanto a la Señorita LeGras, no había proyectado ser la Superio­ra de la Compañía de las Hijas de la Caridad (IX.208, 243,313,455,601,683/202,232,293,415,541,611).

    Ya que ni el Señor Vicente, ni la Señorita Legras, ni el Señor Portail habían pensado en eso, es claro que ha sido Dios su Autor y Funda­dor. El 30 de mayo de 1647 Vicente aduce la autoridad de San Pablo: «Todo bien —dice ese gran Santo— procede de Dios; no se hace nada para Dios que no lo haga El mismo», (IX.312/292). Podía también apoyarse en el Evangelio de San Marcos (4,27) y en la Epístola pri­mera a los Corintios (1 Cor.5,6-7).

    Pero Vicente invoca también a San Agustín, quien por tres veces (De natura et gratia,XV111,35; Contra pelagianos, II.V,9; De ‘frinitate, XIV,XV.21;XV1.22) había afirmado que cuando el origen de una obra no era conocido, esa obra era de Dios.

    Aduce la autoridad de San Agustín (IX,209,210,313,455-456,602,683/ 203,292,415,544,613;X1,326).

  3. L. Abelly no conserva esta manera de actuar con los misioneros.
  4. Abelly (III.70) destaca el cuidado del Sr. Vicente en rezar religiosamente el Oficio divino: se le veía embelesado y elevado a Dios (111.69). Recomienda que se rece con los ojos bajos y fijos en el breviario o en el diurnal. Cuando celebraba en las solemnidades, se excusaba por no poder hacer la genuflexión.Recomienda la limpieza en las iglesias (Abelly,III,70). Hallamos esta recomendación en la correspondencia del 1 de marzo de 1952 (a Lamberto aux Couteaux, IV.326/312).

    La oración debe hacerse con una postura humilde; respetuosa, con la cabeza cubierta, arrodillado. Así la practicó él hasta 1657-58 (XI.328/X1.607; RC. 5). Testimonio de Miguel Lejumeau C.M. en el Proceso de Beatificación (Iglesia de San Lupo y de San Gil, capilla de Santa Teresa, 3 de marzo de 1705. Archivos de la Misión, serie 1, 52-53, fº 399-405).

    Es fácil hallar en las obras que poseemos en la actualidad acerca del Sr. Vicente 105 propósitos de humillación.

  5. Abelly (III.199) no tiene en cuenta la nota añadida al primer texto de Robineau «empezó a llamarse Sr. Vicente al comienzo de la fun­dación de la Compañía» (Contrato de fundación de la Congregación de la Misión, 17 de abril de 1625. Cf. Annales 1925, p.654-661; XIII.197-202/X.237; A.N.M. 209)

    El escribe: «Cuando vino a París , no dijo que se llamaba De Paúl por miedo a que ese nombre diera ocasión para pensar que era de alguna familia notable, sino que se hizo llamar solamente Señor Vi­cente, de su nombre de bautismo; como si dijera: «Señor Pedro» o «Señor Santiago».

    Examinando la situación de los gascones en París, Emilio Magne escribe: «Pareciéndose a ellos como a unos hermanos (a los extran­jeros) demacrados, hambrientos y arrogantes como ellos, innumera­bles gascones buscan, siguiendo su ejemplo, fortuna en París. Vege­tan agrupados en tugurios, poniendo en común su soberbia, su dinero y su suerte. Adornados con magníficos títulos nobiliarios, toman nom­bres de algunos árboles, piedras o parcelas de viñedos de sus aldeas, dueños de un vestido, de un potro, de un lacayo de quien disponen por turno, van cada mañana a enterarse, en el Louvre o por las calles, acerca de un posible amo o de un cándido. Si por casualidad uno de ellos encuentra, valiéndose de su truhanería, una ocasión de enrique­cerse a costa de éste o de aquélla, todo el grupo se aprovecha». (Emile Magne, La vie quotidienne en temps de Louis XIII, P. Hachette, 1942, p.35).

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