El diálogo en la Evangelización de las culturas tribales del Sureste asiático

Francisco Javier Fernández ChentoMisiones «Ad gentes»Leave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Victor Bieler, C.M. · Año publicación original: 1996 · Fuente: Vincentiana.

Experiencias, metodología, dificultades. ¿Como promover este diálogo?


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Introducción

Es difícil saber los progresos que ha hecho el diálogo en la evangelizacion de las culturas tribales del Sureste Asiático. Yo sólo puedo referirme, en cuanto miembro de la Congregación de la Misión, a la región donde trabajan nuestros cohermanos. Indonesia y Filipinas son las Provincias de nuestra Congregación que trabajan en el Sur de Asia. No me consta que los cohermanos filipinos trabajen entre las tribus. Indonesia tiene algunos miembros destacados en el Kalimantan occidental. Trabajan entre los Dayaks y yo mismo, antes de ser llamado a Roma en 1990, trabajé con algunas tribus en Irian Jaya, zona de la Indonesia oriental. Yo puedo hablar solamente acerca de mi experiencia con algunas de las tribus de Irian Jaya, la parte Indonesia de la isla, llamada anteriormente Nueva Guinea Holandesa. Fuí por primera vez a Irian Jaya en 1976 como profesor del seminario mayor interdiocesano. Mis últimos años allí fuí rector de dicho Seminario en Abepura.

Experiencias

La tribus están cambiando profundamente en muchos aspectos. Quizás uno de los mayores cambios sea la introducción del dinero. Por ello, ha cambiado y todavía está cambiando y afectando el modo de pensar y vivir. Cada vez más y más las cosas se miden por dinero, y por la economía de mercado.

En esta situación de cambio, extremadamente rápido y fundamental, es difícil saber a qué atenerse y cómo establecer un diálogo. Son muchas las cosas a tener en cuenta a la vez, pero para las que falta el tiempo. Se han de tomar decisiones rápidas, con el gran riesgo de decidir equivocadamente.

A veces pienso que realmente hemos tenido éxito en la formación de cristianos; pero otras veces tengo mis dudas. Por otra parte, considerando el comportamiento de los Cristianos en Europa, se puede uno preguntar si, después de casi 2000 años, la población europea es realmente cristiana y ésto es un gran consuelo para mí respecto a nuestras gentes que viven en regiones con menos de cien años de cristianismo. Esto me lleva a pensar que, como misioneros, necesitamos ser muy pacientes. Pero, hay tantas cosas que no pueden esperar.

Entre las tribus hay mucha rivalidad. El ser imparcial, es tarea ardua para el misionero. Rodeado de tantas y tan diversas tribus, pudieran vérsele preferencias. Hay cualidades en algunas tribus que pueden repeler y otras que son atractivas. Lo mejor es abstenerse de hablar de las características atractivas o desagradables de una tribu a los miembros de otra.

Debido a los muchos años de aislamiento y separación entre las tribus, ocasionado por las condiciones geográficas – ríos, elevadas montañas, pantanos – existe una gran desconfianza hacia los que no pertenecen a la misma tribu. E incluso llega a haber una gran hostilidad entre poblados. Cuando trata con más de una tribu, el misionero debe estar abierto a todos y a todas las tribus y demostrar que para todos, de cualquier tribu o nación, ha venido el Salvador. Por supuesto esto no resulta fácil.

El trato con la gente creó en mi la sensación de que el Antiguo Testamento le resulta muy comprensible. El Nuevo Testamento es otra cosa: éste ostenta una nueva escala de valores muy distinta: amor al prójimo, mansedumbre, humildad, etc. Es muy difícil hablar de perdón, amor a los que no pertenecen a la misma tribu, tener una única esposa, la vida eterna, el celibato etc.

Se será aceptado fácilmente por las gentes de las tribus, si se va, no como el maestro que viene a enseñarlo todo, sino como alguien que está interesado por ellos, y ansioso de aprender de ellos su manera de vivir y de pensar. Sólo cuando uno ha sido aceptado se está en posición de dar un paso más y ofrecer la Buena Nueva. Pero ello requiere reiterados intentos hasta hacer comprensibles para ellos los conceptos, ya que el suyo es un mundo peculiar, muy distante del nuestro, en cierto sentido han estado aislados del resto del mundo.

Hay muchas tribus en Irian Jaya, que pertenecen a la cultura Melanesia; yo no conozco todas sus tribus o culturas. Mi contacto fué solamente con las tribus a las que pertenecía algún estudiante en el Seminario. Pero sólo provenían de unas pocas tribus. Esto se debe, entre otras cosas, al hecho de que el Norte de Irian Jaya es mayoritariamente Protestante o misionado por denominaciones Cristianas no-Católicas, mientras que el Sur es mayoritariamente católico.

Yo puedo hablar de mi experiencia en Sekolah Tinngi Filsafat Teologi donde preparamos a jóvenes de ambos sexos para la evangelización.

La Escuela recibe sus estudiantes de cuatro diócesis de Irian Jaya. Tenemos numerus clausus de 100 a 110, no más. La razón para ello es que con el número de profesores que hay no se puede tener más estudiantes y además si se capacitase un mayor número serían una carga para las diócesis que tendría que sostenerlos. Por supuesto esto cambia, cuando son las comunidades religiosas quienes envían sus candidatos a esta escuela.

De suyo, el fin de la escuela es formar pastores, sacerdotes o seglares. Todos efectúan un idéntico currículum. Se pone un gran énfasis en la Sagrada Escritura. Como en Irian Jaya las tribus son numerosas, es necesario un profundo conocimiento de la antropología de la región, por lo que también la antropología tiene una gran importancia en el curriculum.

Metodología

Que yo sepa, el método de los primeros misioneros fué ir a las aldeas, uno o varios juntos, con un catequista, de otra tribu o cultura, conocedor de la lengua, se comenzaba la enseñanza de la religión, luego se abría una escuela y se instruía a los niños. Y después con el tiempo se bautizaba a la gente. Por supuesto, quizás no era, y no es, la religión lo que en primer lugar atrae al pueblo, sino más bien otras cosas, como las medicinas, cosas materiales y la escolarización que permite abrirse al progreso en el mundo. Por eso, el misionero tenía que empezar con el estudio de las costumbres y cultura de la tribu.

Después, tenía que buscar puntos de contacto con el evangelio, tratar de traducir la Escritura, es decir, encontrar imágenes que hablaran a aquel auditorio. El misionero tenía que encontrar medios de inculturación.

Quizás, la metodología ha variado hoy, Quizás ahora los misioneros comienzan por mejorar el entorno, construyendo mejores viviendas, enseñando a preparar una mejor alimentación, el arte de los cultivos, vestido.

Dificultades

En general existen dificultades por parte del gobierno, que quiere resolver los problemas de las tribus. Las tribus no tienen conciencia nacional, para el gobierno están atrasadas, sin civilizar, tienen un modo de vida del que se sonroja. Por otra parte, pueden atraer turistas, lo que quiere decir dinero. Las tribus poseen territorios, que la nación o ciertas personas privilegiadas quisieran usar. Sus tierras tienen madera, que podría venderse. En la mente del Gobierno ellos no usan esas tierras, y no son suyas, sino de la nación.

El problema de la inmigración

De otras islas, especialmente de Java y algunas partes de Sulawesi, emigran a Kalimantan e Irian Jaya, donde la población está todavía muy esparcida y hay muchos bosques. Las tribus de Kalimantan e Irian Jaya consideran que la tierra, incluso si no la usan, es suya, y la necesitan, ya que son cazadores y cosechadores. El Gobierno Central no entiende, o no quiere entender esto. La preparación de los emigrantes deja mucho que desear, así como la de las tribus que han de permitirles entrar en sus tierras. Esto crea tensiones. Se dice que los fuegos en el bosque en Kalimantan el año pasado, que afectó el tráfico aéreo, incluso en Singapur, se debieron a ello. La población autóctona prefiere prender fuego a los bosques antes que permitir que los árboles y sus tierras sean usados por intrusos procedentes de otras islas.

Hay muchos recién llegados a Irian Jaya y Kalimantan que son también católicos: javaneses, florineses y otros, todos ellos quieren imponer su propia forma de Catolicismo.

Islamización de las islas de fuera de Java

Para la gente de fe no islámica es casi imposible emigrar a otras islas. Las tribus generalmente no se sienten atraídas por el Islam, si han de elegir prefieren una religión Cristiana. Pero gradualmente la influencia del Islam en Irian Jaya y Kalimantan está aumentando. Una de las tácticas practicadas en Flores es la importación de mujeres jóvenes atractivas para los burdeles y como vendedoras. Los matrimonios que llegan a resultar son formalizados en la mezquita.

Lengua

Si se quiere comprender de verdad a la gente y ayudarles es preciso dominar la lengua. Ahora bien, esto es extremamente difícil donde no hay gramáticas o diccionarios. Por otro lado, como la lengua indonesia es la lengua nacional, se debe hablar esta lengua. Quizás es interesante saber que de los 180 millones de indonesios, 80 millones hablan javanés, que ni es, ni será nunca, lengua nacional. Por lo tanto, ¿por qué se ha de tomar el trabajo de promocionar lenguas locales habladas, como mucho, por 100.000 personas?

Pero por supuesto, la lengua es sólo una de las muchas cosas que se deben saber para hacer posible un acercamiento. Hay todavía tantos secretos, ritos de iniciación, ceremonias no accesibles al misionero. Y la superstición tiene todavía una gran fuerza.

En la cultura Melanesia la tendencia hacia el «cargo cult» es muy importante. Es una especie de mesianismo. ¿Deberíamos usar esto para nuestros puntos de vista escatológicos, o más bien prohibirlos para evitar cualquier mala interpretación acerca de nuestro Mesías?

La rivalidad de sectas y confesiones cristianas es un gran escándalo. Si todos claman predicar la Buena Noticia, ¿por qué hay tanta diversidad de iglesias, y por qué llegan incluso a atacarse unas a otras?

Hay muchos recién llegados a la isla: Javaneses, florineses y otros, y todos queriendo imponer su propio catolicismo. Es necesario inculcar el respeto por otras culturas y formas de práctica religiosa.

Por supuesto, cada pueblo tiene su diferente escala de valores. ¿Qué vamos a hacer respecto a ésto? ¿Hemos de conservar los antiguos valores como en un museo, o ayudamos a la gente a adaptarse a la nueva era y dejarles perder su identidad? Por supuesto, todos sabemos que la verdad está en el justo medio entre dos extremos. Pero en la vida real no resulta fácil encontrar el modo.

Se explota el territorio, sus minas, sus selvas, sus reservas de pesca. Todo ello en provecho del gobierno central, pero sin beneficio, o casi sin beneficio, para la población local. No es siempre posible para los líderes de la Iglesia defender a la población local. Serán acusados fácilmente de actividades guerrilleras y de instigar al pueblo contra el gobierno.

Promover el diálogo

¿Cómo promover el diálogo?

Se puede hacer mucho para promover el diálogo.

Lo más importante es una presteza en palabras y en obras a respetar a todos los seres humanos por el mero hecho de serlo, incluso si él o ella, no va vestido como nosotros, incluso si tiene un modo de comportarse diferente del nuestro. Debemos recordar que el modo en que los miembros de una tribu se visten debe tener razones prácticas, que no siempre alcanzamos a juzgar rectamente. Es tan fácil considerarse como no perteneciente a su grupo, e inconscientemente considerarlos como inferiores, hablando de ellos como si fueran un objeto, ellos hacen esto o lo otro, sus costumbres son tan diferentes de las nuestras, sin embargo no están tan lejanas… Parece como si fuera imposible no hablar así.

Debe haber más comprensión, más conciencia de que realmente todavía no conocemos su cultura. Quizás hay muchas más cosas bellas en sus costumbres y cultura a las que somos insensibles. Y no tenemos tiempo de estudiarlas. Por supuesto podemos preparar a jóvenes, hombres y mujeres, para hacerlo, como ya se ha hecho y se está haciendo todavía. Pero a través de la formación que les damos se transforman, o deforman, o quizás cambian, ¿podrán ellos ser capaces aún de saber lo qué es bueno o no en su cultura?

Sería mejor si pudiésemos interesar a personas influyentes en la situación de las tribus, haciéndoles comprender que, incluso si quieren lo mejor para su país, deben recordar que las gentes de las tribus son compatriotas suyos y por consiguiente deben tener los mismos derechos que todos los demás.

Las personas influyentes son normalmente las que detentan el poder. Se plantea la cuestión de si debemos buscar su ayuda. ¿No equivaldría a alinearnos con ellos, contra las oprimidas y explotadas tribus?

La cosa no es fácil en un país como Indonesia. En lugares alejados del Gobierno Central, las autoridades locales son con frecuencia todopoderosas. Muchos oficiales, tienen con frecuencia la opinión de que, lo que es bueno para la mayor parte de la nación, es bueno para todos. Las tribus son sólo una pequeña minoría. El Gobierno afirma que sólo 600.000 forman parte de la población tribal.

Y en fin muchos funcionarios, del interior o de las islas distantes, con frecuencia no perciben su salario puntual, un salario que a menudo no es suficiente para el sustento de sus familias, por lo que han de buscarse otros medios y el más fácil es usurpar los derechos de la población de las tribus. La Evangelización debe comenzar con la liberación de las estructuras injustas.

Quisiera concluir mis observaciones con una plegaria:

Señor, dame ánimo para cambiar aquello que puedo cambiar
Dame la serenidad de aceptar serenamente lo que no puedo cambiar
Dame sabiduría de advertir la diferencia

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