El Cristo de Vicente de Paúl (II)

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Robert Maloney · Año publicación original: 1993 · Fuente: CEME.
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dibujo-diaconado4. La misión de Cristo es universal
Jesús quiso que se anunciara el evangelio «hasta los confines de la tierra» (Hch 1, 8; Lc 24-27). Vicente fue adquiriendo progresiva- mente conciencia de este aspecto de la intención de Cristo’. «Nuestra vocación es, en consecuencia, el ir no a una parroquia, ni siquiera a una diócesis, sino por todo el mundo. ¿Para hacer qué? Para inflamar los corazones de hombres y mujeres, para hacer lo que hizo el Hijo de Dios. El vino a traer fuego a la tierra, para inflamarla con su amor».
Empezando en 1648 con la misión de Madagascar, comienza a enviar misioneros a varias partes del mundo. «Ved qué hermoso campo nos ofrece Dios en Madagascar, las Hébridas y en otros lugares. Pidámosle que encienda en nosotros el deseo de servirle. Démonos a él para hacer de nosotros lo que quiera». Antes de que terminase su vida Vicente vio sus misioneros también en Italia, Polonia, Argelia, Túnez e Irlanda. También pensó en enviarlos (¡en ir él mismo!) a las Indias.
Aunque este trabajo misionero produjo grandes dificultades y pérdida de vidas, Vicente siguió convencido de su importancia, y lo defendió, contra oposiciones muy fuertes, como la voluntad de Cristo. «Algunos miembros de la compañía tal vez digan que deberíamos dejar Madagascar. Así hablan la carne y la sangre; dicen que no deberíamos enviar allá más hombres, pero estoy seguro de que el Espíritu no dice eso… Qué compañía sería ésta de la Misión si por cinco o seis que han muerto fuera a abandonar el trabajo del Señor».
También en esto Vicente incorpora en su visión un importante tenia lucano, la universalidad de la visión de Cristo. En el evangelio de Lucas Cristo no ha venido sólo a los suyos, sino a todos los pueblos:
• Jesús es la luz que ilumina a los gentiles (2, 32)
• toda la humanidad verá la salvación de nuestro Dios (3, 6)
• hay más fe entre los gentiles que en Israel (4, 25-27)
• id por las calles y por los caminos y hacedles entrar (14, 23)
• en su nombre se predicará la conversión a todas las naciones (24,27).
Este tema, llamado a veces el «Evangelio de la salvación universal», se continúa en el segundo libro de Lucas, los Hechos, en el que los discípulos dan testimonio de la buena noticia «en Jerusalén, en todo Judea y Samaria, y hasta el fin del mundo» (Hch 1, 8).
5. Cristo se caracteriza por cinco virtudes misioneras’: sencillez, humildad, mansedumbre, mortificación y celo
En su importante conferencia del 22 de agosto de 1659 san Vicente se centra en esas cinco virtudes que manan de las virtudes evangélicas, cuyo «autor, que es Nuestro Señor Jesucristo,… las observó». Dice a los miembros de la Congregación de la Misión que estas cinco virtudes deber ser «las facultades del alma de toda la congregación». En su conferencia a las hijas de la caridad se centra también en la sencillez y la humildad, además de en la caridad. En el capítulo siguiente trataré con mayor detalle de estas cinco virtudes. Aquí las vamos a tratar brevemente, tal como san Vicente las ve en Cristo.
a) El espíritu de Cristo es un espíritu de sencillez, que consiste en decir la verdad, en decir las cosas tal como son», sin ocultar ni disimular nada», y en referir las cosas sólo a Dios. San Vicente está tan convencido de su importancia que denomina a la sencillez «mi evangelio», «la virtud que más amo». «¿Sabéis dónde mora Nuestro Señor?», pregunta a las hijas de la caridad; «entre los sencillos»
Vicente destaca en este asunto un tema central del Nuevo Testamento, la dedicación de Jesús a la verdad. El evangelio de Juan es el que destaca de un modo especial esta característica de Cristo:
• Jesús es la verdad (4, 6)
• los que obran en la verdad llegan a la luz (3, 21)
• la verdad os hará libres (8, 32)
• Jesús da testimonio de la verdad (18, 37)
• el que pertenece a la verdad escucha su voz (18, 37)
Además de estos y de otros textos joánicos (cf. Jn 1, 17; 4, 24; 5, 33; 14, 6; 16, 13; 17, 17), el Nuevo Testamento acentúa la dedicación a la verdad como un imperativo moral basado en un dicho del Señor que aparece en varios contextos: «Decid sí cuando queréis decir sí, y ‘u’ cuando queréis decir no» (Mt 5, 37; cf. St 5, 12; 2 Cor 1, 17-20).
b) Humildad, la virtud de Jesucristo, que él nos enseña «de palabra y con el ejemplo»», implica el admitir que todo bien viene de Dios». Incluye el reconocimiento de nuestra bajeza y de nuestras faltas, acompañado por una confianza sin límites en Dios. Vicente urge a la compañía a admirar por encima de todo «ese modelo admirable de humildad, Nuestro Señor Jesucristo»66. Se admira de cómo el Hijo de Dios «se vació de sí mismo» (Flp 2, 7).
Aunque los otros evangelistas también destacan la humildad (cf.Mt 20, 28; Mc 9, 35; Jn 13, 12-15), así como también san Pablo (cf. II) 2, 5-11), es sin embargo un tema particularmente importante en Lucas, relacionado con la llegada de la salvación para los pobres. Ya en las narraciones de la infancia Lucas describe la llegada de Jesús entre le los humildes. Dios «miró la humildad de su esclava» (Le 1, 48).
El «derribó del trono a los poderosos y exaltó a los humildes» (1, 52). Piles todo el que se exalta será humillado, y el que se humilla será exaltado» (14, 11; cf. también 18, 14). Jesús enseña a sus discípulos que los verdaderamente grandes son los que se hacen los últimos (22, 26), y que él mismo está en medio de ellos «como quien sirve» (22, 27). También es Lucas quien desarrolla el tema de la exaltación a través de la humillación (cf. 9, 22; 12, 50; 24, 7; 26, 46). En los Hechos insiste en que esta es la clave para entender las Escrituras (8, 26-40).
c) Jesús mismo nos dice que él es manso, escribe san Vicente. Esta virtud consiste, según san Vicente, en la capacidad de controlar la ira, bien suprimiéndola, bien expresándola, pero de una manera inspirada por el amor. Es receptividad y es amabilidad. Combina la amabilidad con la firmeza». San Vicente escribe a santa Luisa de Marillac el 1 de noviembre de 1637: «Si la amabilidad de su carácter necesita una gota de vinagre, pida un poco prestado al espíritu de Nuestro Señor. Qué bien sabía él encontrar una observación agridulce cuando era necesaria».
Vicente cita ordinariamente el evangelio de Marcos cuando habla de la mansedumbre de Jesús. (Mt 11, 29; cf. también 5, 5; 21, 5). Pero aunque Lucas nunca usa la palabra «mansedumbre», el tema es tan característico del tercer evangelio que Dante describió a Lucas como «el escriba de la mansedumbre de Cristo». La misericordia de Jesús (Lc 7, 36ss), su amor (15, 1ss), sus palabras amables (4, 22) y su gozo (10, 21) humanizan en el evangelio de Lucas el retrato más adusto que nos da Marcos.
Jesús es el mejor ejemplo de mortificación. «Nunca perdamos de vista la mortificación de Nuestro Señor, pues para seguirle tenemos que mortificarnos siguiendo su ejemplo». Vicente describe la mortificación como el sometimiento de la pasión a la razón. Da a esa virtud un lugar preeminente en sus conferencias. Para animar a su comunidad a practicarla cita muchos textos del Nuevo Testamento que la recomiendan.
Observe el lector una vez más cómo este es un tema importante en Lucas:
• los discípulos dejan todo y siguen a Jesús (5, 11)
• deben tomar su cruz cada día (9, 23)
• tienen que vender todo y darlo en limosna (12, 33)
• deben odiar a padre, madre, esposa, hijos, hermanos, hermanas, y hasta su vida (14, 26)
• tienen que renunciar a todo (14, 33)
• Jesús tiene que sufrir mucho antes de que se establezca el reino de Dios (17, 25)
• era necesario que fuera crucificado (24, 7)
• Cristo tenía que sufrir para entrar en su gloria (24, 26)
• ha de sufrir y resucitar (24, 26)
Por todo esto el evangelio de Lucas es conocido a veces como el evangelio de la renuncia total».
e) Celo es el amor ardiente que llena el corazón de Jesús. «Pidamos a Dios que conceda este espíritu a la Compañía, este corazón, este corazón que nos llevará a ir a todas partes, este corazón del Hijo de Dios, el corazón de Nuestro Señor… que nos dispondrá a ir como el fue, y como él hubiera ido si a su eterna sabiduría le hubiera parecido conveniente el trabajar por la conversión de esas pobres naciones»». arte fuego de amor capacita al misionero para ir a cualquier lugar y pata hacer todo». «El amor de Cristo nos urge» (2 Cor 5, 14) es el lema de las Hijas de la Caridad.
El celo es la virtud de la acción misionera. «Si el amor de Dios es el fuego, el celo es la llama. Si el amor es el sol, el celo es su rayo». El celo busca «extender el reino de Dios». El celo es amor en acción. «Amemos a Dios, hermanos míos» dice Vicente de Paúl a sus misioneros, «amemos a Dios, pero que sea con el esfuerzo de nuestros brazos, con el sudor de nuestras frentes. Muy a menudo muchos actos de amor de Dios, de estar en su presencia, de benevolencia y de actos interiores y prácticas parecidas, aunque buenos y deseables, son sin embargo sospechosos si no llevan a la práctica del amor efectivo».
El amor efectivo, ardiente por extender el reino de Dios, es por supuesto central en el Nuevo Testamento. Es también el aspecto por el que Vicente de Paúl es conocido, en cuyo servicio organizó a tantos hombres y mujeres. Se podrían citar muchos textos del Nuevo Testamento (cf. Mt 25, 31-46; Rom 13, 8; 1 Cor 13, 13) que destacan su importancia. Tal vez los más claros se encuentran en los escritos de Juan (cf. Jn 3, 16; 13, 34-35; 1 Jn 2, 10; 3, 11; 3, 16; 3, 18; 3, 23; 4, 11; 4, 19-21; 5, 1-2).
6. Cristo está siempre en oración en la presencia del Padre
La sicología de Jesús, escribe con precisión san Vicente en una de sus cartas, está siempre orientada en dos direcciones absorbentes, «su relación filial con el Padre y su caridad hacia el prójimo». En medio de su actividad misionera Jesús está siempre unido al Padre (cf. Jn 7, 29, 33; 17, 13, 18). Reconoce que el Padre es el autor de todo lo que él mismo hace»; Jesús busca siempre hacer Su voluntad.
Dice a las hijas de la caridad: «…Nuestro Señor fue, por encima de todo, un hombre de oración»». En las Reglas de los misioneros dice: «Aunque no podemos imitar a la perfección a Cristo Nuestro Señor, que dedicaba noches enteras orando a Dios, además de sus meditaciones durante el día, haremos como él sin embargo en cuanto seamos capaces».
Vicente está convencido del todo de la importancia de la unión entre acción y contemplación que él ve en Cristo. Dice a sus seguidores que la perseverancia en la vocación y el dinamismo de sus obras depende de la oración. Alude con frecuencia a un tema característico de Lucas: que Jesús ora siempre, en la mañana, por la noche, y en todas las ocasiones importantes de su ministerio:
• en el bautismo (3, 21)
• se retira para orar en soledad (5, 16)
• ora antes de la elección de los doce (6, 12)
• ora antes de la confesión de Pedro (9, 18)
• ora antes de la transfiguración (9, 29)
• les dice que pidan obreros para la mies (10, 2)
• enseña a los discípulos a orar (11, 1)
• les enseña a perseverar en la oración (18, 1)
• les enseña humildad en la oración (18, 9)
• ora en la última cena para reforzar la fe de Pedro (22, 32)
• ora durante la agonía en el huerto (22, 41-42)
• ora en la cruz (23, 46)
En este aspecto el evangelio de Lucas es el «evangelio de la ora». El libro de los Hechos reitera este tema de Lucas (cf. 1. 14; 24; 2, 42; 3, 1; 4, 24; 4, 31; 6, 4; 9, 11; 10, 2-4; 10, 9; 10, 30; 5; 12, 12; 13, 3; 14, 23; 20, 36; 21, 5; 24, 14).
7) Cristo comparte su vida con muchos otros y los compromete en su ministerio
San Vicente reúne comunidades siguiendo el ejemplo de Cristo, que reunió a sus discípulos y apóstoles», con vistas a una misión apostólica. Pensando que «el amor es inventivo hasta el infinito»», funda la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad. Organiza a las Damas de la Caridad y las Cofradías de la Caridad. Reúne a hombres y mujeres, ricos y pobres, cultos e ignorantes, todos para el servicio de los pobres.
Reconoce que las mujeres juegan un papel de importancia en el ministerio de Jesús». Lo mismo sucede en su propia vida: Margarita Naseau, Luisa de Marillac, Juana Francisca de Chantal, la señora de Gondi, por nombrar sólo las más conocidas. También éste es un tema lucano. Lucas, más que ningún otro de los evangelistas, destaca el importante lugar que ocupan las mujeres en la vida y el ministerio de Jesús:
• María, Isabel y Ana en las narraciones de la infancia
• la mujer pecadora (7, 36-50)
• las mujeres que le acompañan (8, 1-3)
• la viuda de Naím (7, 11-17)
• la mujer que alabó a su madre (11, 27-28)
• Marta y María (10, 38-42)
• las mujeres en el camino del Calvario (23, 27-31)
• las mujeres que le siguen hasta el final (23, 55)
• las mujeres testigos de su resurrección (24, 22)
8. Cristo confía en la providencia de su Padre y ejerce una solicitud providencial sobre las vidas de sus seguidores
Aunque muchos de los escritos y conferencias de san Vicente mencionan la providencia de Dios (implícitamente y a veces explícitamente la providencia del Padre), muchos otros mencionan la providencia de Cristo sobre sus seguidores. En una carta a Bernardo Codoing destaca lo primero: «Lo demás vendrá a su debido tiempo. La gracia tiene su tiempo. Abandonémonos a la providencia de Dios y cuidémonos mucho de ir por delante de ella. Si Dios me ha dado algún consuelo en nuestra vocación es éste: creo, me parece, que hemos intentado seguir su providencia en todo…». Igualmente escribe a santa Luisa de Marillac: «Dios mío, hija mía, qué grandes tesoros ocultos hay en la santa providencia y qué maravillosamente es honrado Nuestro Señor por los que la siguen y no se adelantan a ella.
En relación a la providencia que Jesús mismo tiene sobre sus seguidores san Vicente dice a Juan Martín en 1647: «Así pues, padre, pulamos a Nuestro Señor el hacer todo de acuerdo con su providencia, que nuestras voluntades estén sometidas a la suya de manera que sólo haya una voluntad entre él y nosotros, lo que nos permitirá gozar del amor en el tiempo y en la eternidad». En otra carta al fogoso Bernardo Codoing en 1644 dice: «Nuestro Señor me da el consuelo de pensar que, por la gracia de Dios, siempre hemos intentado el seguir y no el ir por delante de la providencia, que sabe muy sabiamente uno dirigir todo al fin que Nuestro Señor quiere». Añade tres meses más tarde: «Usted pregunta qué es lo que vamos a hacer. Haremos lo que quiere el Señor, es decir mantenernos siempre en la dependencia de su providencia
Se podría muy bien decir que también éste es un tema peculiar de Lucas. El Espíritu del Padre y de Jesús está activo desde el comienzo en Lucas, dirigiendo el curso de la historia. Unge a Jesús con el poder de lo alto y lo dirige en su ministerio.
• el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder de lo alto te cubrirá con su sombra (1, 35)
• después de recibir el bautismo el Espíritu Santo descendió sobre él (3, 22)
• Jesús, lleno del Espíritu Santo, fue llevado por el Espíritu al desierto (4, 1)
• Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu Santo (4, 14)
• el Espíritu del Señor está sobre mí (4, 18)
• Jesús exultó en el Espíritu Santo (10, 21)
• vuestro Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (11, 13)
• quienquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no será perdonado (12, 10)
• el Espíritu Santo os enseñará lo que deberéis decir (12, 12)
El libro de los Hechos prolonga este tema del «evangelio del Espíritu Santo». El Espíritu dinamiza y guía a la Iglesia en su misión apostólica.

CONCLUSIÓN
La visión que tiene de Cristo Vicente de Paúl es una visión original. Para él Cristo es ante todo el Evangelizador de los pobres. Es un Cristo misionero, que viene del Padre y vuelve a El, vaciándose de su condición de Hijo de Dios para liberar a su pueblo de la esclavitud corporal y espiritual en la que está encadenado. Se identifica con y mora en los pobres. Su visión es universal y le empuja a predicar la buena noticia a los pobres hasta los confines de la tierra. Este Cristo atrae a otros, hombres y mujeres, pobres y ricos, y los forma para participar en su misión. Las virtudes que le caracterizan son virtudes misioneras: sencillez, humildad, mansedumbre, mortificación y celo. En medio de una gran actividad está constantemente en oración en la presencia del Padre, buscando su voluntad y confiando en su providencia.
¿Se necesita añadir cuán sorprendentemente moderna es la visión de este santo del siglo XVII? Encontramos hoy el amor preferencial de Vicente por los pobres en un documento de la Iglesia tras otro’. Su insistencia en dar a la evangelización un sentido amplio que incluye la promoción humana y la liberación de las variadas formas de esclavitud humana, lo que Vicente define como «servir a los pobres corporal y espiritualmente», no es más que la esencia de las encíclicas sociales y de numerosos documentos episcopales y papales’. La importancia de la participación de los laicos en el ministerio y la necesidad de revitalizar la formación ministerial del clero y del laicado son temas que se repiten en toda la Iglesia. También son signos de nuestro tiempo un interés renovado por la espiritualidad de la vida apostólica y por la oración.
¿De qué manera la cristología de hoy seguirá el camino por el que anduvo este hombre tan admirablemente realista, centrándose en Cristo Evangelizador de los pobres? ¿Cómo articulará y concretará las ramificaciones de esta visión? Nos encontramos ahí ante un desafío para nuestros días.

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