El Cristo de Vicente de Paúl (I)

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Robert Maloney · Año publicación original: 1993 · Fuente: CEME.
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dibujo-diaconadoCaminemos con confianza por este camino real en el que Jesucristo será nuestro mentor y nuestro guía. (Abelly, BI, 248).
En la producción teológica reciente existe una corriente sólida que destaca la importancia de los santos como fuente de teología’. Esta corriente señala con fuerza que los santos liberan a la teología de toda abstracción excesiva, la injertan en la vida y le dan cuerpo. Al hacerlo, la hacen más profunda y más rica. En ese sentido los santos son una de sus fuentes más valiosas.
Otras corrientes de la teología contemporánea refuerzan esa tendencia. Cada día se ve con más claridad, en primer lugar, que espiritualidad y teología son inseparables, aunque desde el siglo XIV, y aún con más fuerza desde la Reforma, cada una de ellas ha tenido la tendencia a seguir su propio camino. Hoy se mantiene que la buena salud de la teología se alimenta de las intuiciones de los maestros espirituales. En segundo lugar, cada vez somos más conscientes de que teología y praxis, o (por seguir el orden que le gusta a la Teología de la Liberación) praxis y teología, influyen por necesidad la una en la otra. Por ello hoy nos encontramos con un interés renovado por los santos tal como nos los dan a conocer biografías críticas que usan metodología científica. Además de su valor como hagiografías esas obras sirven de fuente para el «hacer teología» de hoy día.
El fin de este capítulo es describir la visión cristológica de Vicente de Paúl. El lector advertirá que, tal como interpreto los textos pertinentes, el Cristo de san Vicente tiene un neto carácter lucano. Para evitar confusiones presentaré para empezar tres aclaraciones:
1. No pretendo en absoluto que la visión que tiene Vicente de Cristo sea exclusivamente lucana. Como casi todos los santos, él bebió de más de una fuente. Por ejemplo, uno de sus textos favoritos es Mt. 25, 3146. De hecho él cita el evangelio de Mateo mucho más a menudo que el de Lucas, y, como se explicará más adelante, usa también temas importantes lo mismo de Juan (por ej., el énfasis acerca de la unión de Jesús con el Padre y del amor práctico hacia el prójimo) que de Mateo (por ej., la insistencia de Jesús sobre la veracidad y la amabilidad).
2. Ni tampoco pretendo que la visión que tiene Vicente de Cristo sea explícitamente imana. Nadie pretende que Vicente de Paúl fuera un teólogo sistemático. Para él la praxis era más importante que la teoría. Sentía una cierta desconfianza hacia la curiosidad intelectual y favorecía más la acción que la especialización académica. Emplea un esquema cristológico que aprendió de maestros como Bérulle, Francisco de Sales, y André Duval, pero ese esquema lo usa de manera implícita. Nunca escribe o habla de cristología en cuanto tal, aunque habla y escribe acerca de Cristo con mucha frecuencia; aún más, desarrolla una forma de «vivir» a Cristo y la enseña a sus seguidores. Su visión es en aspectos importantes diferente de la de sus maestros.
3. Mi propósito en este capítulo es describir el Cristo de Vicente, no el probar que este Cristo sea exclusivamente lucano; que admitiendo que Vicente recibió influencias de muchas fuentes, el evangelio de Lucas juega un papel del todo especial.
Como gran parte de la cristología de san Vicente es implícita, mi intención en las páginas que siguen es desvelar, haciéndola explícita, la visión cristológica que fundamenta el pensamiento y la acción de Vicente y que se encuentra en el corazón mismo de su espiritualidad’.
Como se decía en la introducción, una espiritualidad específica es una visión orientadora. Pero es más que una visión. Es una fuerza dinámica que hace posible que una persona se transcienda a sí misma’. Por un lado es el modo específico de enraizarse en Dios; por el otro, la manera específica de relacionarse con el mundo creado. Es la intuición que se encuentra en la base de la acción. Es una visión del inundo que produce energía y la canaliza en un sentido determinado.
Para Vicente de Paúl sólo hay una fuerza motriz: la persona de Jesucristo. «Jesucristo es la regla de la Misión», dice a los miembros de la Congregación de la Misión, el centro de su vida y de su actividad.
«Recuerde, padre (escribe al padre Portad, uno de los miembros primeros de la Congregación), que vivimos en Jesucristo por la muerte de Jesucristo, y que tenemos que morir en Jesucristo por la vida de Jesucristo, que nuestra vida debe estar oculta en Jesucristo y llena de Jesucristo, y que para morir como Jesucristo debemos vivir como Jesucristo».
Vicente advierte a sus seguidores que encontrarán verdadera libertad sólo cuando Cristo se apodere de ellos. Escribe a Antonio Durand, recién nombrado superior del seminario de Agde: «Es fundamental para usted, padre, que se vacíe de sí mismo para revestirse de Jesucristo».

CARACTERISTICAS DISTINTIVAS DEL CRISTO DE VICENTE DE PAUL
La pregunta de Jesús a sus discípulos sigue siendo en todo tiempo la cuestión cristológica fundamental: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt. 16, 15).
La respuesta de Vicente de Paúl, aunque expresada en el lenguaje teológico convencional del siglo XVII, es de carácter existencial. Relaciona a Jesús con su misión. En sus escritos y en sus conferencias Vicente emplea muy a menudo los títulos bíblicos «Señor», «Hijo de Dios» para describir a Jesús. Al hacerlo así no hace más que reflejar la terminología usual de su tiempo, sin pararse a analizarla». Pero un estudio de las obras de Vicente revela que, yendo más allá de la terminología, su visión se centra en el Cristo misionero.
¿Cómo responde él a la perenne pregunta cristológica: quién decís que soy yo? Para responderla vamos a delinear algunas de las más importantes características del Cristo de Vicente de Paúl.
1. Cristo es el evangelizador de los pobres
Vicente retorna a este tema una y otra vez. En la que tal vez sea su conferencia más famosa, la de «El fin de la Congregación» (6 de diciembre de 1658) dice lo siguiente: «…hacer que los pobres conozcan a Dios, anunciarles a Jesucristo, decirles que el reino de Dios está cerca y que es para los pobres. Qué cosa tan grande es ésa;… tan sublime cosa es predicar el evangelio a los pobres que es antes que todo el oficio del Hijo de Dios»16. Dice en otra conferencia: «Durante su pasión apenas si tenía la figura de hombre. Pasaba por loco a los ojos de los gentiles, era un escándalo para los judíos. A pesar de todo, él se describía a sí mismo como el evangelizador de los pobres: me ha enviado a evangelizar a los pobres».
Vicente ha hecho una elección neta y explícita». La visión que ofrece no es una visión de Cristo como maestro, ni como médico», ni como «perfecto adorador del Padre» (la visión de Bérulle), ni como «la imagen perfecta de la divinidad» (la visión de Francisco de Sales) sino como el evangelizador de los pobres. Los discípulos de Vicente son convocados a entrar en el seguimiento de Cristo con los mismos términos con los que Jesús inaugura su ministerio en el evangelio de Lucas: «El espíritu del Señor sobre mí; por eso me ha ungido. Me ha enviado a traer la buena noticia a los pobres, proclamar la liberación de los cautivos, la vista a los ciegos, la libertad a los presos, y a anunciar un año de gracia del Señor» (4, 18).
Este es un tema típicamente lucano. Lucas retoca y traslada la escena de la visita de Jesús a la sinagoga de Nazaret y la hace tener lugar al comienzo del ministerio público. El resultado es una nueva ordenación de materiales que representa en Lucas el programa del resto de su narración de ese ministerio. Jesús aparece aplicándose a sí mismo las palabras de Isaías 61, 1-2. Lucas reitera este tema y lo desarrolla en 7, 21-22. En la perspectiva de Lucas amanece una nueva edad. Jesús anuncia la buena nueva del reino a todos, pero especialmente a los pobres, los débiles, los humildes, los marginados del mundo:
• dichosos los pobres (6, 20)
• a los pobres se les anuncia la buena nueva (7, 22)
• cuando des un banquete, invita a los pobres (14, 13)
• vete por las calles y trae a los pobres (14, 21)
• un mendigo llamado Lázaro estaba postrado ante la puerta… este pobre hombre (16, 20-22)
• vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres (18, 22)
• Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres (19, 8)
• esa pobre viuda ha dado más que todos esos otros (21, 3)
Por esa insistencia suya, el evangelio de Lucas es a veces conocido como el «Evangelio de los pobres».
La espiritualidad de san Vicente brota de la contemplación de este Cristo. La fuerza motora que engendró a la vez la increíble actividad y la contemplación afectiva de este gran santo es su visión del Evangelizador de los pobres». Anima a sus seguidores a contemplar a este Cristo una y otra vez. «Cuán felices serán los que puedan repetir a la hora de la muerte aquellas hermosas palabras de Nuestro Señor: Me ha enviado a evangelizar a los pobres».
2. Cristo viene a liberar a su pueblo, a desatarlo de la esclavitud de sus heridas corporales y espirituales
La visión que tiene Vicente de la actividad evangelizadora de Jesús es-muy comprehensiva25, y aparece con claridad en las ideas directrices que da a los varios grupos que fundó: Congregación de la Misión, Hijas de la Caridad, Cofradías de la Caridad, Damas de la Caridad. Jesús viene «…a proclamar la liberación de los cautivos, vista a los ciegos, libertad a los presos, a anunciar un año de gracia del Señor» (Lc 4, 18). Viene a «salvar al pueblo de sus pecados» (Mt 1, 21; cf. Lc 1, 77). Ambos aspectos de la misión de Cristo se encuentran en la base del ministerio de san Vicente.
La misión era el trabajo principal de la compañía de sacerdotes y hermanos que fundó Vicente. Se dirigía a la conversión y culminaba con el sacramento de la penitencia, a través sobre todo de la confesión general’. El solía presentar este trabajo a los miembros de su congregación como la vocación del Hijo de Dios.’ En edad avanzada san Vicente solía recordar con emoción el suceso que sirvió de inspiración para fundar la Congregación de la Misión: «Era el mes de enero de 1617 cuando sucedió. En la fiesta de la conversión de san Pablo, que cae en el 25, esta mujer me pidió que predicara un sermón en la iglesia de Folleville para exhortar a los habitantes a hacer una confesión general. Lo hice, haciéndoles ver la importancia y utilidad de esa práctica. Les enseñé cómo hacerla bien. Dios tuvo tanta consideración por la confianza y la buena fe de esa mujer… que bendijo mi sermón, y toda aquella buena gente se vio tan movida por Dios que vinieron todos a hacer una confesión general… Ese fue el primer sermón de la Misión…».
Eh sus conferencias y en sus cartas Vicente describe un Cristo que busca a los pecadores, espera y confía en que alcanzarán perdón y enmienda. «Oh, Salvador, qué afortunados eran los que tenían la gran suerte de acercarse a ti. Qué rostro, qué mansedumbre, qué fácil trato mostrabas con el fin de atraerlos. Qué confianza dabas a la gente para que se acercara a ti. Oh, qué signos de amor»». Con mucha frecuencia Vicente se centra en el corazón de Jesús: «Miremos al Hijo de Dios. Oh, qué corazón tan amante, qué llama de amor»». Por este amor tan tierno el Verbo se hizo carne: «Ah, cuán tierno era el Hijo de Dios… Este amor tierno fue la causa de su bajada del cielo. Vio a los hombres privados de su gloria. Le conmovieron las desgracias de ellos».
El amor tierno de Jesús por los pecadores es otro tema característico de Lucas:
• la mujer pecadora (7, 36-50)
• la oveja perdida (15, 1-7)
• la moneda perdida (15, 8-10)
• el hijo pródigo (15, 11-32)
• el fariseo y el publicano (18, 9-14)
• Zaqueo (19, 1-10)
• el buen ladrón (23, 39-43)
Por esta su insistencia en el perdón de los pecados el evangelio de Lucas es conocido a veces como el «evangelio de la misericordia» (cf. 2, 38; 3, 19; 5, 31; 8, 22; 10, 43; 11, 18; 13, 24; 13, 38; 17, 30; 19, 4; 20, 21; 26, 18; 26, 20).
Pero la liberación que Cristo trae a los pobres es, en la visión de Vicente, integral. En consecuencia envía a las hijas de la caridad a servir a los pobres «espiritual y corporalmente»32. Organiza a las Damas de la Caridad y las Cofradías de la Caridad para trabajar por el mismo fin. Advierte a los miembros de la Congregación de la Misión, además, que no deben pensar en su misión sólo en términos espirituales», sino que también ellos deben cuidar de los enfermos, los huérfanos, los locos, y aun de los más abandonados». Así predicarán de palabra y de obra. Así también su amor será a la vez «afectivo y efectivo».
Estas dos dimensiones de la misión de Jesús aparecen con frecuencia juntas en los escritos de san Vicente; él ve la evangelización y la promoción humana como complementarias. «Esta vocación es muy conforme con la de Nuestro Señor Jesucristo, quien, según parece, tuvo como trabajo principal asistir y cuidar a los pobres: Me ha enviado a anunciar la buena noticia a los pobres. Si alguien pregunta a Nuestro Señor: ¿para qué viniste a la tierra? (él respondería:) Para asistir a los pobres. ¿Por alguna otra razón? Para asistir a los pobres… Por ello, no somos muy afortunados de pertenecer a la Misión por la misma razón que movió a Dios a hacerse hombre?».
3. Cristo vive en la persona de los pobres»
Aunque el Cristo de san Vicente es siempre «Señor» e «Hijo de Dios», vive en la persona de los pobres, y sigue sufriendo en ellos.
Dice a las hijas de la caridad el 13 de febrero de 1646: «Al servir los pobres servís a Jesucristo. Hijas mías, qué verdad es eso. Servís a Cristo en la persona de los pobres. Eso es tan verdad como que estamos aquí». Cita con frecuencia a Mt 25, 31-46 para dar más fuerza a la identificación de Cristo con el pobre»: «Esto es lo que os obliga a servirles con respeto, como a vuestros amos, y con devoción, pues ellos representan para vosotras a la persona de Nuestro Señor, que dijo: Lo que hagáis por uno de esos, el menor de mis hermanos, lo veré como hecho a mí mismo».
Por razón de esta identificación con Cristo los pobres son nuestros «amos y señores». Al redactar la Regla para las hermanas escribe que ellas deben «…amarse profundamente unas a otras, como hermanas a quienes El ha unido con el vínculo de su amor, y deben querer a los pobres como a sus dueños, pues Nuestro Señor está en ellos y ellos en Nuestro Señor»». Dice lo mismo a los sacerdotes y hermanos de la Misión: «Vayamos pues, hermanos míos, y trabajemos con un amor renovado en el servicio de los pobres, y aun busquemos a los más pobres y más abandonados, reconociendo delante de Dios que ellos son nuestros amos y señores, y que somos indignos de prestarles nuestros humildes servicios»‘. El Cristo de Vicente, su «amo y señor», se encuentra por tanto en el enfermo, el preso, el galeote, el niño abandonado, las víctimas de las guerras religiosas del tiempo.
Esta identificación de Cristo con el prójimo que sufre es un tema muy importante en los Hechos, escrito también por Lucas (9, 4; 22, 7; 26, 14: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»). Está también relacionado con el tema paulino del Cuerpo de Cristo (Rom 12, 5; 1 Cor 10, 17; Col 1, 18; Ef 4, 4; 5, 23), y con el tema joánico de la unidad entre el amor de Dios y el amor al prójimo (Jn 13, 34-35; 1 Jn 2, 7ss; 3, 11, 16, 18, 23-24; 4, 20-21; 5, 1-2; 2 Jn 5-6).

 

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