Domingo 3º de Adviento (reflexión de Rosalino Dizon Reyes)

Ross Reyes DizonHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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Testimonio humilde y valiente a la vez

Jesús, el Verbo encarnado, es la luz que alumbra a todo hombre.  Los cristianos se acreditan por el testimonio humilde y valiente que dan de él.

Esta vez, queda presentado Juan Bautista como un deponente en un proceso judicial.  Es que Juan da testimonio en favor de Jesús, lo que indica que el enjuiciado es Jesús.

Pero no por ser mero testigo se salva Juan de los inquisidores.  A todo testigo, claro, se le somete al interrogatorio y contrainterrogatorio.  Así pues, el testigo de Jesús contesta las preguntas y las objecciones de los investigadores.

Y contesta Juan sin reservas.  Pero no le basta con esto.  Pues al final, se vuelve acusador el que da testimonio de Jesús.  Dice Juan a los interrogadores:  «En medio de vosotros hay uno que no conocéis».

En otras palabras, el Bautista acusa a los supuestos sabios y entendidos de desconocer a Jesucristo.  Y considerando lo dicho en Dt 25, 9 y Rut 4, 7 sobre la sandalia, descubrimos un sentido más.  Es decir, declarándose indigno de desatarle a Jesús las sandalias, Juan afirma, en efecto, que Jesús no es un incumplidor.  Y les da a entender asimismo a los inquisidores que Jesús es quien tiene el derecho.

Los seguidores de Jesús se acreditan por el testimonio humilde y valiente que dan de él.

También hoy en día sigue siendo enjuiciado Jesús.  Y cuenta él con sus seguidores para dar testimonio de él, lo que, claro, supone conocimiento de Jesús.

Los auténticos testigos de Jesús le conocen, sí, íntima y personalmente, no de oídas solo.  Arden sus corazones mientras les habla él mediante las Escrituras.  Lo ven con sus propios ojos en la fracción del pan.  Inhalando y exhalando a Jesucristo, exhortan a los demás, diciéndoles, al estilo de san Vicente de Paúl (SV.ES I:320):

Acuérdense de que vivimos en Jesucristo por la muerte de Jesucristo, y que hemos de morir en Jesucristo por la vida de Jesucristo, y que nuestra vida tiene que estar occulta en Jesucristo y llena de Jesucristo, y que, para morir como Jesucristo, hay que vivir como Jesucristo.

Los enseñados y guidados por el Espíritu de la verdad también explican al desesperado la razón de su alegre esperanza.  Así dan testimonio de que el Verbo encarnado habita entre ellos.  No le hacen caso, pues, al incrédulo que les repite burlonamente en momentos difíciles:  «¿Dónde está vuestro Dios?».  Además, dan testimonio valiente de la verdad alumbradora ante líderes que socavan las instituciones democráticas con sus maldiciones, mentiras, amenazas.

Y conocen a Jesús como el Evangelizador de los pobres.  Por eso, les echan en cara a los políticos, sumisos a los ricos pero indiferentes a los pobres, su injusticia y su desconocimiento.

Señor Jesús, haz que demos testimonio humilde y valiente de ti, a fin de que los demás vengan a la fe.

17 Diciembre 2017
Domingo 3º de Adviento (B)
Is 61, 1-2a. 10-11; 1 Tes 5, 16-27; Jn 1, 6-8. 19-21

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