Desde las Constituciones de 1954 a las de 1980 (Parte primera)

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Autor: Miguel Pérez Flores, C.M. · Año publicación original: 1984 · Fuente: Vincentiana.
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He estudiado este tema en una única dirección, es decir, bajo el aspecto jurídico. Así evito meterme en campo ajeno y amplío el espacio para desarrollar más extensamente el tema asignado.

No necesito demostrar la función que lo jurídico desempeña, o puede desempeñar, en una institución que, como la nuestra, es de naturaleza, ante todo, carismática. Tampoco es el momento de estudiar las relaciones que deben existir entre el carisma y la institu­ción. Basta saber que el carisma necesita de la institución y que ésta debe estar al servicio del carisma. La cuestión fundamental es acer­tar con el ordenamiento jurídico adecuado para que el carisma se proyecte eficazmente en la historia.

Las Const. de 1954 suponen un momento importante en la his­toria del derecho particular de la Congregación de la Misión. Pío XII nos dio un cuerpo constitucional nuevo, no sólo por razón del tiempo, sino por las innovaciones que en él se introducen.1 Las Const. de 1954 son, además, el final de un camino que se empezó a recorrer en 1917. Han sido, por tanto, 28 años los que se han tar­dado en llegar a la meta.

1. Situación jurídica de la Congregación de la Misión

El Consejo general, presidido por el P. Louwych, Vicario ge­neral, se planteó la cuestión de si la CM había de considerarse como una religión canónica a tenor de los cc. 487-673 o como una de las Sociedades sobre las que tratan los cc. 673-681.2 La cuestión es fundamental porque, de la respuesta que se dé, dependerán otras muchas cuestiones del ordenamiento jurídico de la Compañía, y, sobre todo, se sabrá a qué atenerse para la armonización de nuestro derecho particular con el derecho universal de la Iglesia, según lo ha decretado la S. Congregación de Religiosos.3

La importancia de la cuestión y sus implicaciones hace que el Consejo general juzgue conveniente conocer el parecer de los Visi­tadores de la Congregación. Para tal fin, el P. Louwych les envía una serie de preguntas, para que las estudien o las hagan estudiar por Padres impuestos en la ciencia del Derecho.4

El 24 de mayo de 1918, el P. F. Verdier, a la sazón Vicario general — el P. Louwych había fallecido el 17 de febrero de 1918 — comunica a los Visitado­res que han llegado casi todas las respuestas y, aunque la mayor parte opina que la CM se encuadra dentro del Título XVII del Código, es decir, debemos considerarnos como una Sociedad de vida en co­mún sin votos,5 hay tantas divergencias en otras cuestiones y se suscitan tan múltiples problemas que necesariamente debe ser la Asamblea general la que decida.6 Como las circunstancias políticas no permiten celebrar la Asamblea general, les propone la pre­gunta siguiente: ¿Conviene acudir a Roma y así tener una respuesta oficial sobre nuestra situación jurídica?.7 Los Visitadores opinan que es mejor esperar a la próxima Asamblea general.

La mejora de los acontecimientos políticos permite tener la Asamblea general. Es convocada para el 27 de septiembre de 1919.8 En ella el P. Verdier es elegido Superior general y, como es ob­vio, se trató de la situación jurídica de la Compañía.

No se discute el tener que mandar a Roma lo que Roma ha perdido. Pero ¿qué talante animó a los asambleístas? Algo podemos deducir por la cuestión de fondo que se planteó, es decir, ¿hay necesi­dad de revisar nuestro ordenamiento jurídico, ya trisecular? ¿Es con­veniente introducir en él modificaciones?

La extensión geográfica de la Compañía, las nuevas situaciones políticas, económicas y sociales, el pluralismo de las obras, los nuevos métodos de apostolado, etc. son hechos que, según todos, parecen exigir, si no absolutamente, sí por conveniencia, los cambios nece­sarios.

No obstante esta constatación, resulta duro admitir que hoy la Compañía necesita cambiar el ordenamiento jurídico que ha valido durante los siglos pasados, sin necesidad de cambios profundos y sus­tanciales. Prevalece la idea conservadora. Se afirma que la normati­va actual facilita conseguir los fines de la vocación; facilita las ini­ciativas apostólicas; no son obstáculos para el gobierno y administra­ción libres y responsables. Los usos de la Compañía han servido a las generaciones pasadas, no se ve claro que no sirvan a la presente y a las futuras. Naturalmente, todo esto hay que leerlo teniendo en cuenta la sensibilidad de entonces.

La conclusión es que no se cambie nada sustancial, pero sin pre­cisar los límites del término. Más tarde, la Asamblea general de 1933 discutirá si cambiar el número de Asistentes es o no cambio sustan­cial.

La Asamblea sentencia que la CM es una Sociedad de vida común sin votos, que entra dentro del Título XVII, del libro II del Código piano-benedectino. Las razones que se alegan son práctica­mente dos: S. Vicente no nos quiso religiosos y el Papa Alejandro VII, en el Breve «Ex Commissa Nobis del 22 de septiembre del 1655» nos considera del clero secular.

Aclarada la cuestión de la situación jurídica básica, hay que acep­tar las consecuencias. En la Asamblea ya se sacan algunas de ellas, pero para no ir muy lejos, es mejor esperar a que se presenten los acontecimientos. Cuando los acontecimientos lo exijan, entonces se darán las soluciones.9

De alguna manera, el generalato del P. Verdier (1919-1933) está marcado por el quehacer de armonizar el ordenamiento jurídico par­ticular de la Congregación con las disposiciones del Código de De­recho canónico. Que se trabaja en ello es cierto, aunque tengamos algún fundamento para sospechar que no se trabajó adecuadamen­te.

Los delegados de la Asamblea sexenal de 1926 rogaron al P. General que urgiera de Roma la aprobación de nuestros libros: Const., Reglas comunes, Directorios, etc.10 Sin duda al P. Ge­neral le sonó un poco a chiste esta petición. ¡Meter prisas a Roma!. Con todo, les asegura que se ha hecho todo lo mandado por Roma, teniendo en cuenta la última de las disposiciones sobre este asunto, es decir, el Decreto del 21 de octubre de 1921. En este decreto se exige enviar solamente los libros aprobados anteriormente por la San­ta Sede y las modificaciones importantes si éstas han sido aprobadas por la Asamblea general.11 En consecuencia, sólo deben enviar­se las Const. Selectae, las únicas que han sido aprobadas por el Pa­pa Clemente X, el 2 de junio de 1670.

El resto compete exclusivamente a la Asamblea general. Para llevar a cabo esta labor se nombra al P. McHale, asistente de na­cionalidad norteamericana, para que dirija los trabajos y la próxima Asamblea general pueda dar soluciones definitivas.12

Los trabajos continúan en 1928 y dos años más tarde, el 19 de julio de 1930, se notifica que han sido enviados a los Visitadores los trabajos realizados para que los estudien.13

El 26 de julio de 1931, la Asamblea general inicia sus labores poniendo, así, fin al empeño de armonizar nuestro derecho particu­lar al derecho universal, durante el generalato del P. Verdier.

Las Const. Selectae fueron enviadas a la S. C. de Religiosos. Las modificaciones importantes a las Reglas comunes se enviarán oportunamente, pero la adaptación de los Decretos, Directorios, Reglas particulares, etc. quedan bajo la exclusiva competencia de la Asamblea general de la Compañía. Cuando desde Roma se reci­ba la aprobación se imprimirá todo de nuevo.14 Pero Roma tar­dará mucho todavía en responder.

2. Los votos temporales

Otra de las cuestiones que planteó el P. Louwych fue sobre los votos temporales: ¿Podemos seguir haciendo los votos perpetuos des­pués de los dos años de prueba? El nuevo Código exigía tres arios de votos temporales a tenor del c. 574. La cuestión era, pues, si este canon también se aplicaba a la CM que, aunque jurídicamente se la consideraba como Sociedad sin votos, de hecho los misioneros los hacían.

Las respuestas que dieron los Visitadores y canonistas de la Congregación coincidían de que competía a la Asamblea general re­solver esta cuestión, pero no eran unánimes en la respuesta directa que la cuestión proponía.15

Parece ser que el P. Louwych permitió que los Visitadores pu­dieran conceder el emitir votos temporales. El P. Verdier sigue esa misma orientación.16 No se planteaba la cuestión de la validez de los votos perpetuos. La misma SCR exigía hacer votos tempora­les mientras existía la obligación del servicio militar.17 Sin em­bargo, la Asamblea general de 1919 decide que no se introduzcan los votos temporales, fuera de los casos exigidos por la Congrega­ción romana o hasta que ésta dicte otra cosa.18 No obstante esta disposición, la Provincia de Irlanda pide en la Asamblea sexenal de 1925 que se permita hacer los votos temporales. La correcta interpre­tación de la cláusula «congrua congruis referendo» del c. 675 lo con­sentiría. El Superior general, fiel a lo dictaminado en la Asamblea general, no lo concede y añade otra razón: Introducir los votos tem­porales sería un cambio sustancial que no se debe hacer sin la apro­bación de la SCR, previo consentimiento de dos tercios de los miembros de la Asamblea general.19

En Roma, canonistas privados y los oficiales están en favor de los votos temporales. Bastó un acontecimiento: la discusión sobre la validez de los votos hechos por un miembro de la CM hizo que la SCR impusiera los votos temporales.20

Y para que no quedara dudas del valor definitivo para toda la Congregación de esta disposición romana, el Procurador general de la CM ante la Santa Sede pide la «gracia» de que se hagan los votos temporales antes de los perpetuos hasta que sean aprobadas las Cons­tituciones. La SCR respondió, como era de esperar, afirmativamente.21

Otro acontecimiento va a afectar a la dispensa de los votos, fa­cultad que el Superior general de la CM tiene desde 1655. Según el Breve «Ex Commissa Nobis», el Superior podía dispensar de los votos in «actu dimissionis», sin más. Pero el nuevo Código no admi­te clérigos «vagos», según el c. 111&1. No podrá, por tanto, dispen­sar a miembro de la CM ordenado in sacris sin antes haber encontra­do un Obispo benévolo quien admita en su diócesis al dimitido. Es­ta ligera limitación es comunicada al entonces Vivario general, P. Robert, quien, según parece, no había tenido en cuenta el c. 111&1 en una de las dimisiones que, por razón de su cargo, se vio obligado a ejecutar.22

Toda esta historia explica el por qué el Proyecto de Constitu­ciones que la CM presenta a la SCR para su aprobación, recoja la obligación de los votos temporales y ofrezca la fórmula para emi­tirlos.23

La introducción de los votos temporales en la Compañía, per­mitido en un principio por los PP. Louwych y Verdier, no admitido por las Asambleas generales y, finalmente impuestos por la SCR, aunque exista una petición por parte de la Congregación en 1951, como acabamos de ver, nos suscita una serie de preguntas: ¿Por qué si el Código de 1917 no nos imponen los votos temporales nos lo im­ponen la SCR? Qué significado tiene el que los equiparen a los votos semi-públicos? ¿Por qué la praxis de la SCR es imponer los votos temporales a las Sociedades que, según las propias Constitu­ciones y tradición, no están obligados? No tendría sentido el decir que es solamente una cuestión jurídica o de uniformar la disciplina canónica sobre los votos sea cualquiera la identidad de cada comu­nidad. Lo jurídico, para que tenga sentido, tiene que suponer un valor importante en la vida de la Comunidad.

Los votos temporales tienen, entre otros, dos valores: Por una parte, el miembro que los emite goza de los valores espirituales de los votos, con todos los derechos y deberes que comportan, según las propias Constituciones y por otra, crea un espacio de libertad que permite al emitente sospesar más su compromiso definitivo ante Dios, la Iglesia y la propia Comunidad. Se crea un espacio más amplio para reflexionar, evaluar la experiencia en la Comunidad, y en definitiva, para madurar más la decisión de la entrega a Dios en unadeterminada Comunidad. Nace otra cuestión: Los votos temporales nacidos en el seno de la vida religiosa canónica, son necesariamente un elemento religiosizante desde el punto de vista canónico o, más bien, son un medio de naturaleza teológica, pero que sirve a cualquier institución para madurar más la seriedad del compromiso definitivo? ¿No habrá sido esto, uno de los argumentos para la introducción de los votos temporales en la Congregación de la Misión? Cuando toda esta cuestión se ventila, hay un problema que afecta profundamente a la Congregación. Es el hecho de las salidas des­pués de haber hecho los votos perpetuos. El P. Verdier se muestra alarmado. En la visita que hace a Roma en 1928 da cuenta de que en los últimos 20 años habían abandonado la Congregación, 196 sa­cerdotes, 125 clérigos y 150 Hermanos. En el año anterior, 1927, la habían abandonado 7 sacerdotes, 7 clérigos y 9 Hermanos.24 La SCR le contesta alarmada.25 Siguiendo las Relaciones, que el Superior General debe enviar cada cinco arios a la Santa Sede, se puede constatar el ritmo de las salidas después de los votos perpe­tuos. Entre 1932-1937, 153; entre 1945-1950, 115; entre 1951-1955, ya introducidos los votos temporales, 56 después de haber hecho los votos perpetuos.26

Naturalmente que el problema es preocupante. Es necesario to­mar medidas y una de ellas es la de los votos temporales, aunque es evidente que no será definitiva,27 y ni siquiera la principal, como nos han hecho ver estudios actuales sobre las defecciones.28 Pero, me creo, que en esta cuestión estuvo presente este problema da las salidas.

La Asambleas generales, 1968-69, 1974, 1980 vuelven a supri­mir la emisión de los votos temporales, conocedores de que es algo contra nuestra tradición y que no dieron los frutos que, de la emisión temporal, quizás se esperaron. El nuevo Código, en principio, non se lo exige a las Sociedades de vida apostólica, sino que lo deja al de­recho propio de cada Sociedad.29

3. Temporalidad en el oficio del Superior local

La Asamblea general de 1919 opinó que el c. 505 no se nos apli­caba. No obstante, la Asamblea sexenal debió estudiar de nuevo la cuestión porque algunas provincias la propusieron. Las interpreta­ciones que la Comisión de Intérpretes del CIC les daba fundamento para ello. El Superior General se mantiene en lo establecido por la Asamblea, pero nos da las razones de esa actitud.

Según él, en la Congregación se dan situaciones de Superiores locales muy diversas. Están los Vicarios y Prefectos Apostólicos que dependen de la Santa Sede, a la cual no se puede acudir cada tres años. Están los Superiores de los Seminarios. Los Superiores de los Seminarios diocesanos en los que el Obispo también interviene. Res­tan los otros Superiores, pero con frecuencia las obras de las misiones no facilitan el cambio y lo mismo hay que decir de los Superiores de nuestras casas de formación. En consecuencia es mejor no pensar en el c. 505, ni en las interpretaciones que sobre él ha dado la Comi­sión de Intérpretes.30

Pero no todos pensaban lo mismo y vino la sorpresa. Alguien acudió a la SCR y ésta afirma que la interpretación dada por la Asamblea general no puede sostenerse y que, por tanto, el c. 505 obliga a la Congregación.31

No se da por vencido el Superior general y creyendo que no se han expuesto las razones recurre a la Comisión de Intérpretes, pero ésta falla en contra, es decir, se debe aplicar el c. 505.32 Esta dis­ciplina es la que ha estado en vigor desde aquella fecha, recogida por las Const. de 1945 y 1980. El nuevo Código, el de 1983, sólo establece el principio de la temporalidad, dejando a cada Comuni­dad que establezca el tiempo concreto en su derecho particular.33

La duración en el cargo de Visitador ha seguido otro rumbo. Nombrados ad nutum del Superior general, duraban en el cargo lo que al Superior general le parecía conveniente, aunque bien es ver­dad que la Asamblea de 1931 le ruega «enixe» que no les mantengan más de 10 años. Hay que llegar a las Const. de 1954 para que se establezca un tiempo preciso: seis y no más de seis. Las Asambleas de 1968-69 y 1980 determinan que no sobrepasen los nueve años, pero faculta a las Asambleas provinciales que puedan ellas determi­nar otro tiempo. De hecho Austria y Polonia pusieron hasta los doce años, pero últimamente han aceptado la norma general de las Cons­tituciones.34

  1. Más adelante expondré diferentes juicios valorativos de las Const. de 1954.
  2. El Consejo general estaba al tanto de la marcha de los codificación. Fue con­sultado por la Comisión codificadora. En el Archivo de la Curia general de la CM. se encuentran las respuestas. Lleva como título: DE CONGREGATIONIBUS ECCLESIASTICIS SEU SAECULARIBUS. Cf. Carpeta; La situation canonique de la CM. d’aprés le Nouseau Codex, p. 2 yss.
  3. Cf. AAS (1918) 290; AAS (1919) 239.
  4. Las cuestiones que el P. Louwych propuso son:

    I. In quanam categoria novi Codicis comprehenduntur Sacerdotes CM. et Puellae Caritatis: utrum in religionibus de quibus cc. 487-672. an in Societatibus de quibus cc. 673-681. (Cf. Breve Alexandri VII: Acta Apostolicae Sedis in favorem CM, p. 17. Cf. etiam definitionem voti publici c. 1308).

    II. In casu quo Sacerdotes Missionis et Puellae Caritatis reguntur cc. 673-681: num possumus vota perpetua elicere post biennium tantum probationis?. quomodo intelligenda sunt verba «congrua congruis referendo» (c675 et 681)?

    III. An et quaenam modificationes afferi debent tum in Regulis communibus tum in Constitutionibus? (Cf. cc. 489 et 675. Carpeta: la Situation canonique… p.64 en Archivo de la Curia General, Roma.

  5. Se conservan las respuestas venidas de las Provincias, Los PP. Neveut y Du­jardin hicieron sendos resúmenes, aunque no coinciden plenamente. La razón de es­ta falta de coincidencia depende de que ninguno de los dos tuvieron en cuenta ni to­das, ni las mismas respuestas. El índice al final de la Carpeta es completo.

    En cuanto a la Primera cuestión, es decir, sobre la situación jurídica global de la CM., la mayoría opina que entramos dentro de las Sociedades de vida común sin votos, es decir, en el Título XVII del libro II del Código. Unos 4 responden que pa­samos a la categoría de religiosos y otros 4 dicen no entrar ni en una ni en otra de las dos categorías. Nuestra situación canónica sigue siendo singular. Se necesita, por tanto, una declaración explícita de la autoridad competente.

    Las razones que alega el primero grupo se inspiran en las mismas fuentes: la na­turaleza del voto público en el nuevo Código; el estado canónico que nos han asigna­do los documentos pontificios; la voluntad manifiesta de S. Vicente; el sentimiento común de la CM. y la autoridad de los canonistas.

    Los que afirman que la CM. pasa a ser una religión canónica se basan en que los votos que se emiten en la CM. de alguna manera son públicos, según una interpre­tación correcta y actual de los documentos pontificios; el gobierno real de la CM. no es el del clero secular, sino más bien el de una Comunidad religiosa; esta interpreta­ción no va contra el parecer de S. Vicente.

    El tercer grupo alega como razones la dificultad de afirmar que somos una So­ciedad sin votos, cuando, en realidad, se hacen votos y la dificultad de considerarlos públicos; no es creíble que el nuevo Código nos haya quitado la categoría que nos concedió Alejandro VII en el Breve «Ex Commissa Nobis». Somos una categoría fuera del Código. Cf. La situation canonique…. p. 53-401 en Archivo de la Curia gene­ral, Roma.

  6. Sobre la posibilidad de hacer los votos perpetuos inmediatamente después de los dos años de Seminario Interno, hay mayor diversidad. Casi todos coinciden en que es la Asamblea general la que debe resolver esta cuestión.

    Sobre la cláusula «congrua referendo» se dan explicaciones diversas, propias de una expresión jurídica que intenta la equidad en las interpretaciones y que, por tan­to, es muy difícil establecer con precisión su significado.

    En cuanto a las modificaciones que se deben introducir, el elenco es suficientemente amplio como para que se dedique a esta labor toda una Asamblea general. Cf. La situation canonique… passim en el Archivo de la Curia general, Roma. Cf. P.VERDIER, F: Carta circular del 1.1.1919.

  7. Cf. P.VERDIER, F: Circular del 24.4.1918 y del 1.1.1919.
  8. Cf. P. VERDIER, F: Circular del 2.4.1919.
  9. Cf. Acta Conventus generalis, 1919 en Archivo de la Curia general, Roma: P. VERDIER: Circular del 27 11.1919; Decreta C. G. : 531 (572), 535 (567), 536 (573), 538 (566), 541 (565), 544 (560), 545 (561), 546 (563), 552 (570), 554 (639), 565 (579),, 599 (564), 605 (575), 606 (576), 637 (577), 638 (578).
  10. Cf. Acta Conventus sexennalis 1926 en el Archivo de la Curia general en Ro­ma. Cf. P. VERDIER, F: Circular del 1.1.1926.
  11. Cf. AAS (1921) 538; cf. nota 3.
  12. Cf. VERDIER, F: Circular del 1.1.1926 y del 2.1.1926.
  13. Cf. VERDIER, F: Circular del 1.1.1928 y 19. 7.,1930.
  14. Cf. VERDIER, F: Circulares del 1.1.1931, 21.1.1931 y 27.11.1931. con fecha del 27.11.1931 se dan dos Circulares en las que se propone el Proyecto de los Directo­rios para los Seminarios mayores y menores. También se propone organizar las Pro­vincias y aclarar la autoridad de los Visitadores. En la Circular del 1.1.1932 comunica que todavía no se ha recibido de Roma respuesta alguna sobre los Privilegios. Esto no quiere decir que no se puedan seguir usando. En realidad, Roma no contestará hasta el 30.12.1937 con una disposición de la Comisión para Interpretar el Código. Cf. CIC Interpretationes authenticae, Typis Polyglottis Vaticanis. vol. I. p. 23.
  15. Cf. Situation canonique… p. 64; nota 4, supra; DE GRAFF, E: De vous quae emittuntur in Congregatione Missionis, Nijmegen, 1955, pp. 40-43.
  16. Cf. VERDIER, F: Circular del 1.1.1919.
  17. Cf. Enchiridion de Statibus perfectionis, Officium libri catholici, Romae, 1949, I, pp. 318, 326, 377; P. VERDIER, F: Circular del 1.1.1919.
  18. Cf. Acta Cono. gen 1919, p. 453; P. VERDIER, F: Circular del 27.11.1919; DOG. 643 (562).
  19. Cf. Repertoire canonique, pp. 99 en Arch. Curia gen. Roma: Acta Cono. sexenna­1 s 1926 en Arch. Curia gen. Roma.
  20. Cf. Acta Cone. gen. 1931 , p. 450; DOG, 643 (562); DE GRAFF, E: o. c. p. 41. «Ex Secretaria S.C. de Religiosis, Romae, die 13 maii 1946.

    Vota Congregationis Missionis non sunt publica sed privata. Ipsa non necessario normis Co­dicis pro publicis datis reguntur sed ex Constitutionibus ordinatur. Constitutiones Codici ac hodierniae S. Congregationis praxi accomodentur atque S. Congregationi subji­ciantur. Quae ad hanc revisionem et presentationem Constitutionum pertinent in pro­ximo Capitulo generali definiantur et decisiones S. Congregationi statim communi­centur. Relate ad vota, iter alia, votis semi-publicis Congregationis Missionis prae­scriptum canonis 574 applicandum erit» Fr. L. Pasetto, secr. Cf. ROBERT, E.: Circular del 27.7.1946. DE GRAAF, o. c. p. 42.

  21. «Vigore facultatum a SSmo. Domino Nostro concessarum, Sacra Congre­gatio Negotiis Religiosorum Sodalium praeposita, attentis expositis benigne annuit pro gratia iuxta prces, servatis coeteris servandis. Contrariis quibuslibet non obstan­tibus». 8, martii 1951: SCR. n. 2619/51, DE GRAAF, E: o.c. pp. 42-43.
  22. «Ex Secretaria S.C. de Religiosis, Romae, 13 maii 1946. Ne clericis in sacris qui Congragationem Missionis relinquere volunt, contra prae­scriptum juris (c. 111&1) vagi deveniant, privilegia vi quorum Moderator supremus ejusdem Congregationis vota in Congregatione emissa dispensare potest, ita ad nor­mam et rationem (cc. 641 et 20) et juxtam praxim huic Congregationis intelligenda et limitanda sunt ut nonnisi postquam praedicti clerici episcopum benevolum invene­rint, qui propriae dioecesi ipsos incardinet, effectm habeant. Si prius clerici Congre­gationem reliquant suspensi maneant». Fr. L. E. Pasetto, secr; DE GRAFF, E: o. c. p. 42.
  23. Cf. Constitutiones ac Regulae Congregationis Missionis, Parisiis, 1948, art. 170 y p. 177.
  24. Cf. P. VERDIER, F: Circular del 1.1. 1928
  25. Cf. VERDIER: Circular del 12. 12.1928. En esta circular se encuentra la res­puesta que la SCR dió sobre el informe referente a las salidas: «Numerus enim eorum qui hucusque singulis annis Instituti valedixerunt, nimius videtur». Aunque la respuesta hace alusión a «singulis annis», la relación comprendía veinte años.
  26. Relationes ad S. Sedem en el Archivo, Curia gen. Roma. Las salidas siguieron. Los datos que he podido recoger, además de los consignados, son: 1956-1960, 85; 1966,53; 1967,60; 1968, 68. Sin embargo, no son cifras exactas. Habría que tener en cuenta otros hechos: los fugitivos, los dimitidos, los dispensados de las obligaciones sacerdotales, etc. En este contexto creo se deben leer las Circulares del P. VERDIER, F. del 11.1.1929; P. SLATTERY, W.M. del 1.1.1952, toda ella dedicada al voto de Esta­bilidad; también, hasta cierto punto, del P. RICHARDSON W.J, cf. «Vincentiana», 1-2 (1972) 24 y la del P.MC CULLEN, carta de cuaresma 1982.
  27. Se puso interés en la formación. Hay varias circulares que tratan de un mo­do o de otro este tema. Cf. Circulares del 13.5.1918, 18.11.1919, 23.1.1923, 24.4.1923, 10.1.1924, 25.1.1924, 1.1.1925, 25.12.1926, 6.2.1927, 1.1.1928, 1.1.1929, Cf. DOG. 26, 27, 71, 90, de la nueva serie y las Regulae Officiorum, 1966 Roma, pp. 43, 50, 53, 57, 87.
  28. Cf. PASTOR, G: Análisis del contenido en los casos de abandono de la vida religiosa en 1972. Inst. Vida Religiosa; Madrid, 1974. Los datos con los cuales ha trabajado el autor de esta obra se los ofreció la SCRIS.
  29. Cf. Const. 1968-69, art. 52; Const. 1980, art. 77: CIC, c. 735.
  30. Cf. Acta Cono. sexennalis, 1926: Interpretationes authenticae CIC, Typis Polyglot­tis Vaticanis, 1934, p. 51-52; P. VERDIER, F.: Circular del 1. 1. 1926.
  31. Cf. SCR 1824/20 (2 agosto 1920).
  32. Cf. P. VERDIER, F.: Circular dell.] . 1927. Al final de la carta se encuentra la respuesta de la Comissión de Intérpretes del CIC.
  33. Const. 1954, art. 121 & 1; Const. 1980 art. 200, pero se contempla la posibili­dad de un tercer trienio: Cf Código de 1983, c. 734 que remite al c. 624.
  34. Cf. Acta Cono. gen. 1931: Const. 1954, art. 108 Const 1980, art. 188 && 1,2.

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