Constructores de la Paz (Introducción)

Francisco Javier Fernández ChentoConferencia Episcopal EspañolaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Comisión permanente del Episcopado español · Año publicación original: 1986.
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PRESENTACIÓN

«Constructores de la Paz» es un documento del Episcopado Español que, desde su misma concepción, se caracterizó por una profunda vocación de humildad.

Cuando se inició la andadura de su elaboración, hace casi tres años, ya habían aparecido varios documentos sobre la paz, de diferentes episcopados de nuestra Iglesia, documentos de inmenso valor teológico y pastoral. A ello hay que añadir el impresionante despliegue doctrinal que, acerca de la paz, viene ofreciendo a la Iglesia y a la sociedad entera nuestro Santo Padre Juan Pablo II a lo largo de su pontificado.

Sin embargo, nuestra Conferencia Episcopal pensó que al tema le faltaba una palabra cristiana pronunciada desde nuestra situación concreta, desde nuestras Iglesias de España; una palabra pastoral dirigida a los miembros de nuestras comunidades y ofrecida a nuestra sociedad, elaborada a la luz del Evangelio, de la Doctrina de la Iglesia y del Magisterio Pontificio, pero teniendo en cuenta de un modo particular nuestras circunstancias, problemas y situaciones.

Con esta idea comenzó su larga y nada fácil tarea la Comisión Episcopal de Pastoral Social, encargada por la Conferencia Episcopal de preparar el documento que ahora presentamos, tarea que la Comisión, reforzada por varios obispos nombrados para ayudarla en la difícil etapa final, culminó el 20 de febrero de 1986, con la aprobación por unanimidad del documento por la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, en la que la Asamblea Plenaria del Episcopado había delegado la terminación del trabajo y su publicación.

¿Qué ha pretendido el Episcopado Español con este documento? ¿Qué objetivo ha buscado con su elaboración y su publicación?

Muy en resumen, podemos señalar los siguientes puntos:

1º. Ante todo, aportar a nuestros cristianos españoles toda la fuerza del Evangelio leído a través del Concilio Vaticano II y de las enseñanzas de S.S. Juan Pablo II, en orden a conseguir en nuestra sociedad «una mentalidad totalmente nueva» sobre la paz, la guerra y la no violencia, una «mentalidad nueva» que suponga la actualización del Evangelio de la Paz, que nos proclamó el Señor Jesús, aplicada al hoy histórico que vivimos en España.

2º. El documento pretende también expresar una clara «apuesta» en favor de la paz, una «apuesta» profética y realista, pero que eluda la caída en ese realismo político que lleva a la justificación, sin más, de la disuasión, del armamentismo sin límite, del comercio y la industria de las armas…, en una palabra, de las diferentes caras de una violencia más o menos enmascarada.

3º. El documento quiere, además, inculcar a nuestros fieles el principio de que la paz y sus exigencias, entendidas en cristiano, representan mucho más que las concreciones políticas que conlleva y que, con frecuencia, acaban por oscurecer sus verdaderos contenidos. La paz, entendida y vivida en cristiano, entraña necesariamente el respeto total a la justicia y al amor, a la libertad y a la solidaridad, a la verdad…, y a todos los derechos fundamentales de la persona humana: no puede haber auténtica paz cuando se conculcan valores esenciales para el ser humano, hasta deshumanizar la sociedad y la misma persona humana.

4º. El documento intenta construir también la paz en nuestra convivencia interna, en el interior de nuestro país. Hubiera sido una grave omisión hablar de la paz en el mundo sin plantearnos la paz en nuestra propia casa: es preciso que los españoles en general, y los cristianos en particular, tomemos conciencia de que no puede haber paz cuando vivimos en medio de tantas injusticias sociales, cuando existe esta tremenda lacra que es el terrorismo, cuando se dan tantas insolidaridades entre las autonomías, cuando existen torturas y vejaciones…

5º. No podría tratarse del tema de la paz sin hacer una referencia a la Guerra Civil, cuando se cumple el 50 aniversario de que comenzara aquel terrible enfrentamiento. El documento, mirando más al futuro que al pasado, pide objetividad en el tratamiento del tema y hace un llamamiento a superar actitudes de incomprensión e insolidaridad, que impiden un diálogo respetuoso que permita que se borren para siempre divisiones y enfrentamientos y amenazan romper una convivencia civilizada basada en un verdadero anhelo de paz para todos los españoles.

6º. El documento intenta crear la conciencia de que la paz la hemos de construir entre todos. Hay que sembrar la paz en el corazón de cada hombre y, desde ahí, procurar que alcance todas las realidades de las que forma parte el hombre y el cristiano: la vida de la Iglesia, la familia, la escuela o el trabajo, la política y el deporte, la universidad y los sindicatos. Sólo los hombres que se hacen constructores de la paz en su propio corazón y en la sencilla convivencia de cada día podrán poner los cimientos a una paz universal que ponga fin a los bloques antagónicos, a la carrera de armamentos, a la posibilidad de una horrenda guerra nuclear.

7º. Finalmente, el documento, además de hacer un llamamiento a grupos especialmente significativos en la tarea de construir la paz (políticos, científicos, militares, educadores, obreros…), habla de la objeción de conciencia y también de la no violencia activa como de una actitud profundamente evangélica propia de quienes creemos en el Señor Jesús y aspiramos a una paz basada en el respeto al hombre y a sus derechos fundamentales.

¿Qué aporta, pues, nuestro documento «Constructores de la Paz» como novedad respecto a los otros documentos episcopales?

  • La comprensión de la paz como un valor del Reino de Dios que entraña la exigencia de «una mentalidad totalmente nueva»: no valen ya los viejos criterios de la «guerra justa» ni de la defensa de los propios derechos para justificar, sin más, una guerra; es preciso, aún para el caso de la legítima defensa, un serio y cuidadoso discernimiento ético y no simplemente político.
  • El planteamiento con toda radicalidad del peligro de la guerra, poniéndolo no sólo en las tensiones ESTEOESTE sino también en la injusta división, en cuanto a la pobreza y a la riqueza, existente entre el NORTE y el SUR, entre los países desarrollados y los subdesarrollados: los países ricos, los que sostienen además el desarrollo y el comercio armamentístico, son cada vez más ricos, en tanto que los países subdesarrollados, los que se ven con frecuencia obligados a comprar armas, son cada día más pobres.
  • El planteamiento de nuestros conflictos internos, es decir, el evitar caer en la hipocresía de hablar de la paz en el mundo y no hablar de los problemas de la paz, de la violencia, de la injusticia, existentes dentro de nuestras propias fronteras.

El documento «Constructores de la Paz» que ahora presentamos no es un documento pretencioso ni pesimista. Su centro es Jesucristo, Príncipe de la Paz. Sus destinatarios, los cristianos y todos los hombres de buena voluntad de España. Su intención, aportar una palabra de ánimo y de esperanza en una sociedad como la nuestra donde predominan en gran parte la desilusión y el pesimismo. Su inspiración, la Buena Noticia de Jesús. Su deseo, iluminar éticamente la conciencia de los cristianos y aún de todos los ciudadanos.

Hay unas palabras que reflejan el espíritu de este documento episcopal, escrito con todo amor y esperanza, con toda humildad y sin otra pretensión que la de que comencemos todos a ser verdaderos «Constructores de la Paz»

RAMÓN ECHARREN ISTURIZ
Obispo de Canarias y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

INTRODUCCIÓN

1. LA PAZ, GRAVEMENTE AMENAZADA

1. La paz es un valor universal, objeto de las esperanzas de todos los pueblos. Ahora que la humanidad cuenta con posibilidades incalculables de bienestar y cultura cuando se percibe ya como alcanzable la convivencia de todos los pueblos en una auténtica sociedad universal, crece en todas partes la necesidad y el deseo de la paz. La paz aparece hoy como exigencia y condición indispensable no sólo para el progreso, sino incluso para la pervivencia de la humanidad sobre la tierra.

Es doloroso reconocer que la paz del mundo está gravemente amenazada. En muchos países se viven ahora mismo los horrores de la guerra. Los conflictos y las tensiones que atraviesan y dividen nuestro mundo hacen que la humanidad entera viva con el miedo de una guerra nuclear generalizada de consecuencias previsiblemente mortales para todos los hombres.

2. Las naciones europeas, y nosotros con ellas, estamos dentro de estas tensiones y vivimos amenazados por la guerra. Por una parte somos responsables de este mundo de conflictos y amenazas y, por otra, somos también posibles víctimas.

En nuestra misma Patria aparecen amenazas contra la paz. El terrorismo se ha instalado fuertemente entre nosotros. La violencia sigue seduciendo a algunos como medio para solucionar los problemas sociales o políticos. Los conflictos más hondos de nuestra sociedad, como la justicia social, el paro, la tensión entre la unidad del Estado y el reconocimiento de los derechos de las diferentes nacionalidades y regiones, la intolerancia de orden ideológico, político o religioso son, al menos, otras tantas dificultades para construir una paz sólida que elimine para siempre el riesgo de nuevos enfrentamientos internos.

2. NUESTRA INTERVENCIÓN PASTORAL

3. La Iglesia, como continuadora de la obra de Cristo y dispensadora de su gracia redentora, considera como misión propia «la reconciliación de todos los individuos y de todos los pueblos en la unidad, la fraternidad y la paz»1. Por ello, los Obispos españoles, siguiendo el ejemplo y la recomendación del Papa Juan Pablo II en este Año Internacional de la Paz, queremos invitar a todos los católicos españoles, y a todos los ciudadanos, a examinar con nosotros los problemas de la paz a la luz del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y de las enseñanzas de la Iglesia.

Al intervenir sobre estos asuntos de interés general lo hacemos como Obispos de la Iglesia Católica, testigos de la fe y maestros de la moral cristiana. No es nuestro deseo entrar en el terreno de las cuestiones técnicas o de las materias opinables implicadas en el complejo tejido de las relaciones nacionales o internacionales. Somos conscientes de lo que el Concilio Vaticano II llamó la legítima autonomía de lo temporal2 y queremos respetarla plenamente.

4. Estamos convencidos de que la revelación y la gracia de Dios ofrecen importantes ayudas a iluminar el problema de la paz y movernos a construirla con honestidad y fortaleza. Si bien las actividades temporales, científicas, económicas, políticas o militares, tienen sus leyes y razones propias, todas ellas, en cuanto actividades humanas, deben responder a unos fines y a unas actitudes que correspondan al verdadero bien del hombre. En este terreno de los fines y de las actitudes es donde la fe cristiana y los criterios morales que de ella se derivan aportan estímulos y luces peculiares para enjuiciar la situación presente, rectificar lo que aparezca torcido y desarrollar vigorosamente los verdaderos fundamentos de la paz.

5. Nos sentimos unidos en esta preocupación pastoral con el Concilio Vaticano II, con los romanos Pontífices y los demás Episcopados, cuyo magisterio ha iluminado repetidamente con sus enseñanzas a la Iglesia y al mundo contemporáneo. Más especialmente, por más recientes, queremos recordar el mensaje del Papa Juan Pablo II sobre la paz el día de Año Nuevo del presente 1986, así como la Relación final del Sínodo de Obispos recientemente celebrado. Continuamos también la línea de actuación y pensamiento de nuestra Conferencia Episcopal en años anteriores3 y, finalmente, queremos evocar y reconocer, como fuente de la que han bebido muchos especialistas de dentro y fuera de la Iglesia, a la Escuela Española de Derecho Internacional, que en pleno siglo XVI, cuando el descubrimiento de un mundo nuevo planteaba problemas inéditos al derecho y a la paz entre los pueblos, supo encontrar, en la fe cristiana, unos principios que todavía mantienen en gran parte su vigencia.

6. En el desarrollo de esta exposición comenzamos por presentar los rasgos predominantes de la situación actual (capítulo I); exponemos, después, una síntesis de la doctrina bíblica y católica sobre la paz (capítulo II); a la luz de esta doctrina y de acuerdo con el más reciente magisterio de la Iglesia analizaremos desde el punto de vista moral las más graves cuestiones que se plantean en nuestro mundo acerca de la paz, la guerra y la defensa (capítulo III); posteriormente examinaremos los problemas específicos de la paz en la sociedad española, manteniéndonos siempre en la perspectiva de la fe y de la moral cristiana (capítulo IV); nos ha parecido oportuno dedicar una atención especial a las cuestiones que se nos plantean en este campo en cuanto integrantes de Europa (capítulo V); nuestra instrucción termina enumerando las aportaciones más importantes que como católicos podemos y debemos hacer a la construcción de la paz en España, en Europa y en el mundo (capítulo VI).

7. De esta manera queremos contribuir a que la Iglesia y los católicos españoles, con una conciencia clarificada y con actitudes verdaderamente evangélicas y cristianas, seamos capaces de ocupar el lugar que nos corresponde a la construcción de la paz, junto con nuestros hermanos en la fe de la Iglesia universal y los hombres de buena voluntad del mundo entero.

Esperamos que esta instrucción será recibida como un servicio pastoral a la comunidad cristiana y a todos aquellos conciudadanos que con verdadero espíritu de paz buscan los caminos de una sociedad nueva, más justa, más solidaria y f raterna, una sociedad pacíf ica que responda a la vez a las necesidades de los hombres y a los verdaderos designios de Dios.


  1. JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 6.
  2. Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Constitución pastoral Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 36 y 41. (En adelante Constitución Pastoral).
  3. Cf. Carta pastoral colectiva del Episcopado Español del 17 de abril 1975: La reconciliación en la Iglesia y en la sociedad; Comunicado de la XXIII Asamblea Plenaria del 19 de diciembre 1975: La Iglesia ante el momento actual: petición de libertad para detenidos políticos; Comunicado final de la LIII Comisión Per-manente del 22 de mayo 1975: Reconciliación, repudio de la violencia, Iglesia-sociedad civil; Nota de la LIV Comisión Permanente sobre la violencia, 18 de septiembre 1975; LXXXVI Comisión Permanente del 12 de mayo 1981: Ante el terrorismo y la crisis del país; XCVII Comisión Permanente del 13 de mayo 1983: Quiebra de valores morales; Declaración de la Comisión Episcopal de Pastoral Social (24-XII-1983): Paz, armamentos y hambre del mundo; Declaración de la Comisión Episcopal de Pastoral Social (29-IX-1984): Crisis económica y responsabilidad moral.

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