«Las dotes que cada uno ha recibido úselas para servir a los demás como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios». (I Pe 4,10).
«También colaborarán siempre son ellas (las Hijas de la Caridad) fraternalmente en las obras emprendidas de mutuo acuerdo». (C 17).
La ayuda espiritual a las Hijas de la Caridad no es cl único servicio que piden las Hermanas a los Misioneros. Ellas esperan además alguna cooperación en obras comunes de apostolado que redundan en provecho de los pobres. Dicha colaboración, que se remonta a los primeros años de la Congregación, ha sido urgida en los últimos tiempos. Si el Concilio Vaticano II exhorta a los sacerdotes y seglares a participar en obras comunes apostólicas, con mayor razón los Misioneros han de hacer efectiva su colaboración con las Hijas de la Caridad por gozar ambas Congregaciones de un mismo espíritu evangélico.
1. «Contribuir con ellas a un buen número de buenas obras».
Las necesidades urgentes del mundo actual no permiten la dispersión de fuerzas apostólicas, sino que esperan la unión de todos los que se sienten llamados a evangelizar a los pobres para poner remedio eficaz a tantas lacras y miserias de la sociedad. Sin menoscabo de la propia gracia que cada uno ha recibido, los Misioneros y las Hijas de la Caridad están comprometidos en la salvación integral del hombre. A esta empresa común se refiere la aclaración de San Vicente:
«Nuestra pequeña Compañía se ha entregado a Dios rara servir al pobre corporal y espiritualmente, y esto desde sus comienzos, de forma que al mismo tiempo que trabajaba por la salvación de las almas en las misiones, buscó un medio para atender a los enfermos en las Cofradías de la Caridad; esto fue lo que aprobó la Santa Sede por medio de las Bulas de nuestra Institución. Pues bien, como las virtudes de la misericordia tiene diversas operaciones, también ha llevado a la Compañía a diversas maneras de asistir a los pobres… Las Damas de la Caridad son también otros tantos testimonios de la gracia de nuestra vocación para contribuir con ellas a un gran número de buenas obras dentro y fuera de la ciudad». (VIII 226).
2. «Hacen con sus manos lo que no podríamos hacer con las nuestras».
La obligación que tienen los Misioneros de ayudar a las Hermanas a que progresen en la virtud para servir mejor al pobre, según San Vicente, se deriva del hecho de que ellas completan el ministerio caritativo y evangelizador de la Misión. De ahí se infiere que también los Misioneros han de colaborar con las Hermanas en trabajos apostólicos a ellas encomendados. En efecto:
«Teniendo en cuenta que las Hijas de la Caridad entraron en el orden de la Providencia como un medio que Dios nos da para hacer con sus manos lo que no podríamos hacer con las nuestras en la asistencia corporal a los pobres enfermos y decirles con sus labios alguna frase de instrucción y consuelo para la salvación, también tenemos obligación de ayudarles». (VIII 227).
3. «Estas Hermanas se dedican como nosotros a la salvación y cuidado de los pobres».
Finalmente, San Vicente remata la idea de una común colaboración con las Hermanas en obras apostólicas, partiendo del fin y naturaleza de la Compañía de las Hijas de la Caridad:
«Las Hermanas se dedican como nosotros a la salvación y al cuidado del prójimo; y si dijese que con nosotros, no diría nada contrario al Evangelio, sino muy conforme con el uso de la Iglesia primitiva, ya que nuestro Señor se servía de algunas mujeres que le seguían y vemos en el canon de los Apóstoles que eran ellas las que administraban los víveres a los fieles y se relacionaban con las funciones apostólicas». (VIII 227).
- ¿Me niego a colaborar con las Hijas de la Caridad en trabajos apostólicos por falta de preparación teológica pastoral?
- Si colabora de hecho con las Hermanas en alguna obra, ¿les doy ejemplo de caridad y celo por la salvación de las almas?
- ¿Me intereso por conocer la historia de las Hijas de la Caridad y las obras a que se dedican?
Oración:
«Señor Dios nuestro, tú que repartes los dones entre los hombres por medio de tu Espíritu, haznos instrumentos hábiles para la edificación de la Iglesia, contribuyendo con todas nuestras fuerzas en la salvación universal de las naciones. Por nuestro Señor Jesucristo».






