Celam: Documento de Puebla (1979)

Francisco Javier Fernández ChentoConsejo Episcopal LatinoamericanoLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: CELAM · Año publicación original: 1979.
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Resumen

Introducción

celamLa II Asamblea General del CELAM celebrada en Medellín había sido un fuerte revulsivo para la pastoral de la Iglesia Latino América, las directrices marcadas, las opciones impulsadas estaban ayudando a mostrar una nueva Iglesia. Por otra parte la situación social cada vez más explosiva hacía más clara la necesidad de profundizar en el rechazo a las estructuras injustas, la opción por los pobres más decidida y generalizada, el respaldo hacia las comunidades de base, etc. sitúa a la III Asamblea del CELAM en Puebla (27 de Enero – 13 de Febrero) ante tareas y esperanzas muy importantes.

Por otra parte hay tensiones, no todos ven de la misma forma el camino que la Iglesia Latino Americana debe seguir. Para otros, Medellín debe ser revisado y sus opciones clarificadas mejor; por eso hay un fuerte debate antes de Puebla, lo que se nota en los documentos de trabajo que se van elaborando.

Juan Pablo I ha muerto, y el nuevo Papa Juan Pablo II desea estar en la Asamblea presente con sus palabras orientadoras, esto hace que Puebla se retrase unos meses.

Presencia del Papa y directrices de su discurso de inauguración

La presencia del Papa en la Asamblea es determinante. Su discurso inaugural proponiendo las línea centrales de lo que será su la Encíclica «Redemptor hominis»: La verdad sobre Jesucristo, la verdad sobre la Iglesia, la verdad sobre el hombre, marcará las directrices de la Asamblea.

El Papa da también su orientación en los problemas actuales de la Iglesia en América Latina: las «relecturas» del Evangelio, el problema del Jesús histórico, la opción por los pobres, la necesidad de la Iglesia que nace de la respuesta de la fe que damos a Cristo, la búsqueda de una auténtica evangelización donde esté presente toda la problemática social de la liberación y dignidad humana.

Finalmente el papa recomienda unas tareas prioritarias: la familia, las vocaciones y la juventud y reclama para los Obispos: audacia de profetas y prudencia evangélica, clarividencia de maestros y seguridad de guías, fuerza de ánimo como testigos y paciencia y mansedumbre de padres.

Esquema y temas centrales de Puebla

Puebla está centrada en la Evangelización. Desde una visión histórica y actual de Continente, Puebla incide en desentrañar en qué consiste evangelizar y qué contenidos tiene la evangelización, los campos que debe iluminar y las acciones que demanda. Bajo el slogan de Comunión y participación, estudia los centros, agentes y medios de la evangelización, para ir, finalmente a las opciones.

El documento es extenso y rico en perspectivas, recogemos algunos temas que consideramos centrales:

a) La visión socio-cultural de la realidad. Desde la óptica pastoral de la Iglesia L.A., Puebla analiza la situación del pueblo en la línea que ya lo hizo Medellín y recordando también los discursos de Juan Pablo II en Méjico. En primer lugar constata que la Iglesia está comprometida con esta realidad y que ha tratado de ayudar al hombre a pasar de «situaciones menos humanas a más humanas».

Después repasa rápidamente los motivos de alegría: la tendencia innata de compartir que tiene el hombre I.a., el que haya tomado mayor conciencia de su dignidad, el mayor interés por los valores autóctonos y el respeto a las culturas indígenas, el deseo de superación de los jóvenes, el avance económico significativo, lo que demuestra que sería posible desarraigar la extrema pobreza, los progresos en educación.

Y continúa con el análisis de las «angustias». Aquí Puebla denuncia con una gran claridad no sólo la situación, sino también sus causas que no son fruto de la casualidad sino producidas por unas estructuras injustas, que trae sus consecuencias: «ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres»: «vemos, a la luz de la fe, como un escándalo y una contradicción con el ser cristiano, la creciente brecha entre ricos y pobres. El lujo de unos pocos se convierte en insulto contra la miseria de las grandes masas»; «comprobamos, pues, como el más devastador y humillante flagelo, la situación de inhumana pobreza en que viven millones de latino americanos expresada por ejemplo en mortalidad infantil, falta de vivienda adecuada, problemas de salud, salarios de hambre, desempleo y subempleo, desnutrición, inestabilidad laboral, migraciones masivas, forzadas y desamparadas, etc.»; «al analizar más a fondo esta situación, descubrimos que esta pobreza no es una etapa casual, sino el producto de situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas, aunque haya también otras causas de la miseria»; «por encontrarse impregnadas, no de un auténtico humanismo sino de materialismo, producen a nivel internacional, ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres».

b) La violación de los derechos humanos. Los Obispos ahondan más en este análisis y van de lleno a otro tipo de violación de los derechos de las personas, no solo ya se refieren a la falta de vida, salud, educación vivienda, trabajo, derechos humanos llamados «sociales», sino que denuncian con fuerza también la violación de sus derechos políticos: «a esto se suman las angustias surgidas por los abusos de poder, típicos de los regímenes de fuerza. Angustias por la represión sistemática o selectiva… por la desaparición de sus seres queridos… inseguridad por detenciones sin órdenes judiciales…»; «angustias también por la violencia de la guerrilla, del terrorismo, de los secuestros»; «falta de respeto a la dignidad de la persona que se expresa en la ausencia de participación social a diversos niveles… la economía de mercado libre que ha acrecentado la distancia entre ricos y pobres… las ideologías marxistas… que han sacrificado muchos valores cristianos… las ideologías de la Seguridad Nacional que han contribuido a fortalecer el carácter totalitario y autoritario de los regímenes de fuerza».

c) Los rostros de Cristo. En este contexto destaca el famoso texto donde Puebla reconoce en la situación de pobreza, los rostros concretos de Cristo, es un texto por demás evangélico que nos lleva directamente a la identificación con los pobres que Jesús reclama (Mat 25). Su lectura actual es altamente interpeladora y concluyente:

«La situación de pobreza generalizada, adquiere en la vida real, rostros muy concretos, en los que se debería reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela:

  • rostros de niños golpeados por la pobreza antes de nacer…
  • rostros de jóvenes, desorientados por no encontrar su lugar en la sociedad…
  • rostros de indígenas y con frecuencia de afro-americanos que viven marginados y en situaciones inhumanas…
  • rostros de campesinos que como grupo social viven relegados en casi todo el continente…
  • rostros de obreros frecuentemente mal retribuidos…rostros de sub-empleados y desempleados, despedidos por las duras exigencias de crisis económicas…
  • rostros de marginados y hacinados urbanos…
  • rostros de ancianos cada día más numerosos y frecuentemente marginados…

d) Los contenidos de la Evangelización. Aquí es donde Puebla recoge la inquietud central del Papa Juan Pablo II y nos reflexiona con claridad:

La verdad sobre Jesucristo: Reclama que debemos presentar a Jesús de Nazareth compartiendo la vida, las esperanzas y las angustias de su pueblo, consciente de su Misión, anunciador y realizador del Reino, sin parcializar ni ideologizar la persona de Jesús, como cuando se le convierte en un político, en un líder, en un revolucionario.

La verdad sobre la Iglesia: Como inseparable de Cristo, porque El mismo la fundó, como camino normativo, como fiel transmisora y depositaria del Evangelio, cuya misión es anunciar e instaurar el Reino del cual es signo, germen y principio. Una Iglesia que vive el misterio de comunión como pueblo de Dios, a la vez santo y peregrino.

La verdad sobre el hombre: Puebla hace en primer lugar un recuento de las visiones inadecuadas que del hombre se dan en América Latina, las describe brevemente y recoge los principales errores que contienen: la visión determinista, la psicologista, las diversas visiones economicistas, la visión estatista, y, finalmente, la visión cientista.

Hace, posteriormente, una proclamación fundamental y una condena de todas las violaciones: «Profesamos, pues, que todo hombre y toda mujer por más insignificantes que parezcan tienen en sí una nobleza inviolable que ellos mismos y los demás deben respetar y hacer respetar sin condiciones…» «condenamos todo menosprecio, reducción o atropello de las personas y de sus derechos inalienables, todo atentado contra la vida humana, desde la oculta en el seno materno, hasta la que se juzga como inútil…»

e) La pregunta: ¿qué es evangelizar? Después de establecer los criterios de la dimensión universal de la evangelización, responde a los principales interrogantes que presenta la evangelización en el marco actual de América Latina. Recorre los temas de: evangelización y cultura; evangelización y religiosidad popular; evangelización, liberación y promoción humana; evangelización, ideologías y política. Son temas que estaban en plena discusión en la Iglesia Latinoamericana y que los Obispos quieren clarificar.

Destaca el tema de la cultura urbano-industrial que es particularmente importante dada la enorme masificación de las ciudades y los cinturones de miseria que ellas contienen.

La religiosidad popular es tratada desde la óptica de la necesidad de que sea fecundada por una sana catequesis y dinamizada por los movimientos apostólicos, las parroquias y las comunidades eclesiales de base.

Para el tema de liberación y promoción humana se invocan los aportes de la «doctrina social de la Iglesia», se reconoce que la promoción humana implica actividades diversas y se insiste en el discernimiento de una liberación en Cristo, que debe ser completa, «no sólo se refiere a la liberación social, política, económica o cultural… puesto que si no se llega a la liberación del pecado con todas sus seducciones e idolatrías, si no ayudamos a concretar la liberación que Cristo conquistó en la Cruz, mutilamos la liberación de modo irreparable».

Un tema todavía más candente es el referido a las ideologías y la política. Sobre la política reconoce que la dimensión política es constitutiva del hombre y que la fe cristiana valoriza y tiene en alta estima su actividad. La Iglesia reconoce su legítima autonomía y contribuye a promover los valores que deben inspirar la actividad política, reservando para los laicos el campo propio de la política partidista.

Recordando la realidad de violencia política que se da en América Latina, la Iglesia se pronuncia con claridad: «la tortura física y sicológica, los secuestros, la persecución de disidentes políticos… son siempre condenables… y si son realizados por la autoridad encargada de tutelar el bien común, envilecen a quien los practican». «Con igual decisión la Iglesia rechaza la violencia terrorista y guerrillera, cruel e incontrolada en cuanto se desata. De ningún modo se justifica el crimen como camino de liberación».

Respecto a las ideologías además de poner en guardia a los cristianos por cómo se las absolutiza, y cómo se las juzga sólo en teoría, analiza brevemente y rechaza: el liberalismo capitalista «idolatría de la riqueza en su forma individual», el colectivismo marxista «idolatría de la riqueza en su forma colectivista»; y la Doctrina de la Seguridad Nacional «que no se armoniza con una visión cristiana del hombre… e impone la tutela del pueblo por élites de poder militares y políticas.

f) Las comunidades eclesiales de base. Antes que nada hay que decir que Puebla acuña este nombre. Si antes se llamaban de distinta forma: «Comunidades cristianas», «comunidades populares», «comunidades eclesiales», «comunidades eclesiales de base», etc., desde Puebla queda instituido el nombre con el cual desde ahora se reconocen todas. Es una breve pero eficaz definición de lo que son: pequeños grupos cristianos de gente popular, que participan del apostolado de la Iglesia y constituyen la primera célula eclesial.

Puebla habla de las Comunidades Eclesiales de Base no sólo en este apartado, sino a lo largo de todos los documentos. En el comienzo de los mismos tiene un reconocimiento explícito de su importancia, puesto que afirma que «al haber madurado y multiplicado sobre todo en algunos países constituyen un motivo de alegría y de esperanza para la Iglesia… y se han convertido en focos de liberación y desarrollo».

Posteriormente, ubicadas ya en «Evangelización», Puebla hace una constatación muy positiva, ya que: «crean mayor interrelación personal, aceptación de la Palabra de Dios, revisión de vida y reflexión sobre la realidad a la luz del Evangelio, se acentúa el compromiso con la familia, con el trabajo, con el barrio y la comunidad local».

Dice que las CEB se desarrollan más en las periferias de las grandes ciudades y en el campo. Allí encuentran ambientes propicios, y por medio de ellas se han desarrollado mucho tanto la catequesis familiar como la educación de adultos.

Es más: «Las CEB son expresión del amor preferencial de la Iglesia por el pueblo sencillo; en ellas se expresa, valora y purifica su religiosidad y se le da posibilidad concreta de participación en la tarea eclesial y en el compromiso de transformar el mundo».

Entre las dificultades que encuentra está el que se ha prestado suficiente atención a la formación de los líderes, y por esto, algunas se han ideologizado y a veces van perdiendo el sentido auténticamente eclesial.

Las opciones

a) Opción preferencial por los pobres. Puebla recoge las orientaciones del discurso inaugural del Papa y valora la opción por los pobres que hizo Medellín como «una clara y profética opción preferencial y solidaria por los pobres» y reconoce que esta opción ha sido motivo por una parte de desviaciones e interpretaciones que desvirtuaron el espíritu de Medellín, y por otra de desconocimiento y aún hostilidad de algunos.

Reconoce que la situación de pobreza y aún de miseria de las grandes mayorías, no sólo persiste sino que se ha agravado y quiere hacer un balance de lo que la Iglesia ha hecho o dejado de hacer por los pobres, en orden a buscar nuevas pistas de actuación.

Entre lo positivo destaca: Los Episcopados Nacionales, y sectores de laicos, religiosos y sacerdotes que han hecho hondo y realista su compromiso con los pobres. Los pobres, que alentados por la Iglesia han comenzado a organizarse para una vivencia más integral de su fe y por tanto reclamar sus derechos. La denuncia profética y sus compromisos concretos que han traído vejaciones y persecuciones, tensiones y conflictos aún dentro de la Iglesia que ha llegado a ser acusada tanto de estar con los poderes socio-económicos como de desviación ideológica marxista.

Entre lo negativo resalta que no todos en la Iglesia de A.L. se han comprometido suficientemente con los pobres, ni han mostrado preocupación o solidaridad con ellos.

Después de una reflexión doctrinal, Puebla establece unas líneas pastorales cuyo objetivo es claro: «Esta opción, exigida por la realidad escandalosa de los desequilibrios económicos en A.L. debe llevar a establecer una convivencia digna, fraterna y a construir una sociedad justa y libre».

Las acciones concretas que establece son: La condena, como antievangélica, de la extrema pobreza que afecta a numerosísimos sectores en nuestro Continente. El compromiso de conocer y denunciar mejor los mecanismos de esta pobreza. La unión de la Iglesia con todos los hombres de buena voluntad para desarraigar la pobreza y crear un mundo más justo y fraterno. Apoyar las aspiraciones de obreros y campesinos y defender sus derechos fundamentales. Promover las culturas indígenas.

b) Opción preferencial por los jóvenes. Parte de un sencillo análisis que recoge las características de la juventud actual que por ser inconformistas y estar desorientados ante la incoherencia del mundo adulto, y, al no verse tomados en serio, se dirigen por otros caminos, son acosados por diversas ideologías y manipulados en lo político o en el uso del consumismo y el «tiempo libre».

Sin embargo la juventud de A.L. no puede considerarse solo bajo estos parámetros generales, si atendemos a su situación social vemos que al lado de los que por su situación económica se desarrollan más o menos así, muchos jóvenes indígenas, campesinos, trabajadores, mineros, moradores de los suburbios que viven ya una inseguridad demasiado temprana.

Relaciona a la Iglesia con los jóvenes en el sentido de que la Iglesia ve en los jóvenes una auténtica fuerza renovadora y, asimismo, los jóvenes encuentran en la Iglesia espacios de libertad y compromiso.

Reclama una Pastoral de Juventud centrada en Cristo, en crecimiento espiritual y formativa para la acción socio-política y el cambio de estructuras de menos humanas a más humanas, con sentido crítico y estimulando su capacidad creativa, incluso donde puedan madurar su opción vocacional, laical, sacerdotal o religiosa, en medio de una pastoral de la alegría y de la esperanza.

 

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