Catequesis misionera en la fiesta de San Francisco Javier

Francisco Javier Fernández ChentoCatequesisLeave a Comment

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Autor: Felipe Manuel Nieto Fernández, C.M. · Fuente: MISEVI.
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San Francisco Javier

San Francisco Javier

El 3 de diciembre es un día grande para la Iglesia y para Misevi porque celebramos la  fiesta de San Francisco Javier. Son pocos los hombres que tienen el corazón tan grande como para responder a la llamada de Jesucristo e ir a evangelizar hasta los confines de la tierra.  San Francisco Javier es uno de esos.

Los de Misevi lo tenemos como patrón y al celebrar su fiesta celebramos también la fiesta de todos los misioneros laicos vicencianos que se han fiado y obedecen la tarea que Cristo nos encomendó, la misión: “id al mundo entero y proclamad el Evangelio”. Esta es la mayor expresión del seguimiento de Jesús, el continuar su obra, es decir, dar a conocer el amor del Padre, proclamar las bienaventuranzas, pasar por la vida haciendo el bien, hacer que llegue a nosotros el Reino de Dios.

Lo que realmente se nos pide es que seamos “otro Cristo” en nuestro pueblo. “Es Cristo quien vive en mí”, que vivamos para el Padre y para los demás, que vivamos en oración, que tengamos entrañas de misericordia, que escojamos el último lugar, que “perdamos la vida” amando a los demás.

Id donde se escuche un clamor, donde se sienta una soledad, donde se sufra una injusticia, donde haya un demonio que expulsar, donde haya un servicio que prestar o una cárcel que abrir o una paz que construir. Tened siempre los pies y el corazón disponible para acudir a la llamada del dolor y del amor. Vamos a reflexionar, dialogar y orar en todo a continuación.

I. Desde la vida

Testimonio

“Tiene veinticuatro años, Es una chica a la que no le falta nada y parece que le sobra todo. Sin embargo vive insatisfecha- ¿Ansiosa por algo que le falta o harta de tanto que le sobra? Quizás ambas cosas. Había terminado su carrera de Magisterio. Sus perspectivas profesionales eran muy buenas. Su cuerpo y su espíritu, encantadores. Su novio, también un chico de mucha categoría. En su casa todo era armonía, no le faltaba ni pan ni cariño, ni compresión ni ejemplos ni estímulo. Entonces, ¿qué? ¿Por qué deja Marina su casa, su carrera, su novio, su ambiente de amigos y parroquia donde compartía tantas ilusiones, tan ricas realidades y tan altos ideales?

Un día, después de haberlo madurado mucho, cogió tres pantalones vaqueros, unas camisetas, dos o tres libros, y con el bolso, casi vacío de ropas y lleno de esperanzas y proyectos, se tiró al agua… África la esperaba. Llevaba pocas cosas pero mucha vida. Y en África tampoco quería encontrar más cosas sino más vida.

Con sus pocos años y una salud débil marchaba un espíritu ágil como el viento y fuerte como el acero. Adiós, adiós… os llevo en el alma, padres, hermanos, amigos. Hay un más allá de los mares. No sé si donde voy habrá más felicidad. Sí sé que conmigo y en mí aumentará, al menos, la felicidad que busco, la que nace de la fidelidad a mi conciencia, a la esperanza, a la actitud de búsqueda y de solidaridad. Adiós, adiós… no quedéis tristes todos los que me queréis. Alegraos conmigo; yo soy profundamente feliz ya ahora, y lo seré más cuando llegue a mi nueva tierra.

Al día siguiente, el padre, que no había llorado nunca, cuando al despertar sintió que la cada estaba mucho más vacía, se echó a llorar como un chiquillo. Pronto reaccionó. Habrá hecho todo lo posible para que sus hijos tuvieran siempre lo mejor que estaba a su alcance: la mejor educación, los mejores ambientes, los mejores medios (lo mejor nunca lo entendieron como abundancia, como aislamiento ni ñoñez) Sus lágrimas no podían ser de pena sino de alegría, de triunfo. Habían sabido invertir en calidad de vida y en felicidad. No se trataba de tener más. Ni de parecer más. Ni de soñar más, sino de ser más para sí y para los otros. Marina había optado por “dejar” su familia para irse con los que no tienen ninguna: abandonados y desposeídos, y vivir con ellos y como ellos, compartiendo pan, dolor, esperanzas y alegrías.

“No papá, no me llames tan de seguido. No sufras. No quiero ser blandengue ni dar esa imagen. Estoy con muchos que no han conocido a sus padres o que se les han muerto. Y otros más les hubiese valido no conocerlos. Sé que os tengo y sé que me tienen gracias a vosotros; y también tienen a otro Padre que nunca les fallará y a un hermano, Jesús, que les consuela y alienta las esperanzas del reino que es de los pobres…”

Llegan las cartas, ¡qué ilusión! En la última –ya lleva allí tres meses- dice: “Me siento feliz, aunque os añores y añore mi país (este sí que es un sentimiento nuevo) pero me siento afortunada de haber podido realizar mis sueños y lo que creo que es la voluntad de Dios, aunque sé que esto no lo entendéis muy bien. Pero, ¿cuánta gente conocéis que ha sido lo que quería ser? ¿o que a podido escapar a su egoísmo o al consumo? Yo he tenido esa suerte. Me ha costado, os lo aseguro, pero al menos estoy comenzando a hacerlo, y de verdad que me siento liberada. No me preocupa el futuro porque siempre habrá algo que hacer, aunque se gane menos o se tengan más arrugas, pero ahora sé que de hambre no voy a morir y con eso me basta. Y pensáis que sentir esto, ¿no es una liberación? No veáis qué peso se quita una de encima. En resumen, me siento afortunada.”

Los padres ya lo saben. Cuando acabe los tres años por los que se fue, no volverá por aquí: o se queda allí o marcha a otro sitio donde la manden o necesiten de ella. Para mantener un espíritu tan ágil, para correr tanto y para tratar con los pobres, es imprescindible andar muy ligero, soltar lastre, romper lazos, no tener apegos. Marina está en ello. Está entrenada y más que se está entrenando.”

Para interiorizar y dialogar:

  1. Describe mediante adjetivos a los protagonistas de este testimonio.
  2. Profundiza en las palabras clave que sale a lo largo del texto: insatisfecha, se tiró al agua, más allá, felicidad, fidelidad a la conciencia, búsqueda, me tienen gracias a vosotros, es la voluntad de Dios, me siento liberada, por el reino, me siento afortunada…
  3. Busca, contacta y compara con otras organizaciones (personalmente o a través de periódicos, revistas, web…) que faciliten la labor evangelizadora o otras similares de ayuda al desarrollo.
  4. ¿Qué obstáculos hay en ti para comprometerte en una acción evangelizadora?
  5. Contacta con jóvenes de la Asociación que trabajan en misiones. Escríbeles una carta interesándote por su situación, problemática, dificultades y busca un compromiso de ayuda, a nivel personal y de grupo.
  6. ¿Qué sabes de MISEVI? Interésate por esta nueva rama de la Familia Vicenciana (Eva Villar; MISEVI: Potenciando el laicado misionero; (“Abriendo la puerta del tercer milenio” p. 83 y ss) Visita www.misevi.org

II. Desde la Palabra

En esta parte vamos a profundizar en la misión de Jesús, él es el enviado del Padre, el encargado de llevar a su plenitud el proyecto de Dios. Se presentó como el “profeta evangelizador” del Reino con la tarea de reunir a todos los hijos de Dios dispersos (Jn 11, 52) y hacer una llamada universal para regresar al proyecto original de Dios sobre la creación estableciendo la alianza definitiva entre Dios y el ser humano. Su misión la continúan los Apóstoles y la Iglesia toma el relevo de ellos para hacernos a todos “cómplices” de la evangelización.

Jesús prácticamente comenzó su misión juntando en torno suyo a unos doce con los que vivió como en una familia desde un estilo poco habitual; se dedicó a enseñarles una manera distinta de vivir, alternativa a la forma con la que la gente estaba acostumbrada a hacerlo: Se hacen amigos (Mt 23, 8); comparten lo poco que les dan; les propone ser iguales entre ellos, nunca uno más que otro (Mt 20, 26-27); les dice que el mayor tiene que ser el que sirva (Mt 20, 27); luchan por una meta: ser uno (Jn 17, 20-21); y la regla, la única regla, el amor (Jn 15, 12)

“Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: “Convertios, porque el Reino de los Cielos ha llegado” (Mt 4, 17)… Su llamada es a una disposición elemental para poder entender el Reino como una forma nueva de transformación de la sociedad como tarea (vocación) de todo el que quiera seguirle…

Los discípulos descubrieron con la muerte y resurrección de Cristo que el Reino de Dios estaba vinculado estrechamente a Jesús, el Hijo de Dios, y al Espíritu Santo. De ahí les vino el coraje para anunciar el Evangelio con sentido de ultimidad, como última oportunidad, ante la inminencia del final escatológico, de abrazar el Evangelio. Pero el final no llegaba y con paciencia ante la dilatación de los últimos días, la Iglesia primitiva fue abriendo su acción misionera a todos los pueblos de la tierra.

Poco a poco fue perfilando su misión. Por una parte, entiende que están llamados a formar estilos de vida alternativos de acuerdo con el proyecto primigenio de Dios; esto lo reflejan en los sumarios de la comunidad (He 2, 43-47; 4, 32-35; 5, 12-16). Por otra, ven que deben atender a las comunidades que nacen y seguir suscitando otras nuevas por todos los confines de la tierra.

La Iglesia es esencialmente misionera y todos los que pertenecemos a ella participamos de esa vocación evangelizadora. Pero la evangelización es una vocación que se concreta en el tiempo presente y se realiza desde la singularidad carismática de cada uno, es decir, nuestra Asociación participa de la misión evangelizadora de toda la iglesia pero desde su vocación de servicio a los más pobres. Ahora nos preguntamos: ¿Cómo cumplir en nuestra sociedad con la misión de extender el evangelio, la Buena Noticia del Reino de Dios? ¿Cuáles van a ser las mediaciones, los acentos, las estrategias, las tácticas…? ¿Cómo alcanzar al hombre y a la mujer de nuestro tiempo con el dardo de las Palabras llenas de vida? ¿Tiene la Iglesia capacidad para seguir llamando a la comunión, a la vuelta del mundo al proyecto originario de la creación de Dios Padre?

La respuesta de la Asociación a la Nueva Evangelización tiene repercusiones tanto en su dimensión introvertida (hacia dentro) y como en la extrovertida (hacia fuera).  Para profundizar en este asunto sería conveniente leer la Conferencia sobre la dimensión misionera de JMV de España (“Abriendo la puerta del tercer milenio” p. 231 y ss). Allí se dan pistas para concretar todo lo que hemos tratado. Después de leerla ¿nos atrevemos a plantearnos los siguientes retos?:

  1. ¿Vamos a ser capaces de recuperar el sentido más genuino de nuestra “misión” según la inspiración fundamental de nuestro carisma inculturándola en el mundo de hoy?
  2. ¿Tendremos el coraje de optar por los pobres de una manera radical como lugar social preferente para vivir nuestra misión?
  3. ¿Lograremos que la vida comunitaria laical ofrezca al mundo un modelo distinto de vida, fundado en los valores evangélicos?
  4. ¿Alcanzaremos por fin, en los países más secularizados, un modelo de vida (Comunidad y apostolado) que responda a las urgencias pastorales reales de la Iglesia?

III. Desde el compromiso

Me pasaron hace años una fotocopia (de dónde sacaron la idea, no me preguntéis) muy original titulada “24 maneras de amar”. Eran tan sencillas, tan evidentes, las propuestas que hacían que es prácticamente imposible no hacer al menos la mitad de ellas… En el papel que me dieron decía a modo de introducción: “Cuando a la gente se le habla de que hay que amarse los unos a los otros son muchos los que se te quedan mirando y te pregunta ¿y amar, qué es, un calorcillo en el corazón? ¿cómo se hace eso de amar, sobre todo cuando se trata de desconocidos? ¿Amar son, tal vez, solamente algunos impresionantes gestos heroicos?

Estamos reflexionando sobre los misioneros laicos y nos parecen héroes (que lo son), un poco inalcanzables ¿quién puede amar como ellos?… La propuesta es que sí, que podemos amar según nuestras posibilidades y a veces es muy sencillo. Aquí van 24 manera. Las tenemos que leer despacio y mentalmente ver cómo las podemos hacer realidad y como las estamos haciendo ya.

  • Aprender los nombres de las personas que trabajan con nosotros o a las que nos encontramos en clase día a día o en el ascensor y tratarles luego por su nombre.
  • Estudiar los gustos ajenos y tratar de complacerlos.
  • Pensar, por principio, bien de todo el mundo.
  • Tener la manía de hacer el bien, sobre todo a los que no se lo merecerían teóricamente.
  • Sonreír. Sonreír a todas horas. Con ganas o sin ellas.
  • Multiplicar el saludo, incluso a los semidesconocidos.
  • Visitar a los enfermos, sobre todo a los crónicos.
  • Prestar libros aunque te pierdan alguno. Devolverlos tú.
  • Hacer favores. Y concederlos antes de que terminen de pedírtelos.
  • Olvidar las ofensas. Y sonreír especialmente a los ofensores.
  • Aguantar a los pesados. No poner cara de vinagre escuchándolos.
  • Tratar con antipáticos.
  • Conversar con sordos sin ponerse nervio.
  • Contestar, si te es posible, a todas las cartas.
  • Entretener a los viejos. No engañarles como chiquillos, pero subrayar todo lo positivo que encuentres en ellos.
  • Recordar las fechas de los santos y cumpleaños de los conocidos y amigos.
  • Hacer regalos muy pequeños, que demuestran el cariño pero no crean obligación de ser compensados con otro regalo.
  • Acudir puntualmente a las citas, aunque tengas que esperar tú.
  • Contarle a la gente las cosas buenas que alguien ha dicho de ellos.
  • Dar buenas noticias.
  • No contradecir por sistema a todos los que hablan con nosotros.
  • Exponer nuestras razones en las discusiones, pero sin tratar de aplastar.
  • Mandar con tono suave. No gritar nunca.
  • Corregir de modo que se note que te duele decirlo.

La lista podría ser interminable y los ejemplos similares infinitos. Y ya sé que son minucias. Pero con muchos millones de pequeñas minucias como éstas el mundo se haría más habitable. Y hablando de minucias ¿No podemos comprometernos con los misioneros? ¿Piensas que no? Te propongo una cosa: si te has atrevido con estas “maneras” arriésgate con lo siguiente, nada menos que “24 horas para amar a un misionero”… te voy a apuntar solo lo que puedes hacer en 8 horas y te reto a que completes hasta 16 para que luego las compartas con tu grupo, con tus amigos, con tus familiares, ¿con el vecino que te encuentras en el ascensor?…

08:00 h Me levanto con el nombre de un misionero en el corazón y en los labios
09:00 h Me encuentro con Jesús y una oración silenciosa y continua le pido para que les de a los misioneros coraje para seguir adelante
10:00 h Hablo con mis amigos, también con los que solo son conocidos, y les cuento sobre los misioneros, de cómo viven, de cómo se entregan…
11:00 h Me siento un ratito y me pongo a escribir a los misioneros y darles mi apoyo y ánimo
12:00 h Cuido los pequeños detalles e intento ser austero. Procuro no despilfarrar y ahorro un poco para compartir con las necesidades de los misioneros
13:00 h Enciendo el ordenador y me paseo por www.misevi.org leyendo los testimonios de los misioneros y los rostros de las fotos que hay de ellos…
14:00 h Mientras almuerzo con mi familia comento que me gustaría poder compartir un poquito de lo medios que tengo con los misioneros
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IV. Oración y Celebración

1. Antes, personalmente, de la celebración con el grupo:

Recita interiormente el siguiente pasaje, después intenta ponerte en esa actitud delante del Señor, dejando que tu barca se deje llevar sin esfuerzos ni tensión por la corriente de su río.

“Y sé que puedo pedir al hombre mucho corazón, mucha caridad y mucho sacrificio
y que tiene gran fe y gran caridad,
pero lo que no hay manera de lograr es un poco de esperanza,
un poco de confianza, de reposo, de calma,
un poco de abandono en mis manos, de renuncia.
Porque Yo no he negado nunca el pan de cada día
al que se abandona en mis manos como el bastón en la mano del caminante.
Me gusta el que se abandona en mis brazos como el bebé que se ríe
y que no se ocupa de nada y ve el mundo a través
de los ojos de su madre y de su nodriza.
El que no duerme de preocupaciones es infiel a la esperanza,
y ésta es la peor infidelidad.
Yo creo que podríais despreocuparos durante una noche
y que al día siguiente no encontraríais vuestros asuntos demasiado estropeados,
a lo mejor, incluso, no los encontraríais mal,
y hasta quizá los encontraseis algo mejor.
Yo creo que soy capaz de conducirles un poquito.
Pero Yo os conozco, sois siempre iguales:
Estáis dispuestos a ofrecerme grandes sacrificios
a condición de que vosotros los elijáis.
Preferís ofrecerme grandes sacrificios a condición de que no sean los que yo os pido.
Sois así, os conozco.
Haríais todo por mí, excepto ese pequeño abandono que es todo para mí.
Por favor, sed como un hombre
que está en un barco sobre un río
y que no rema constantemente
sino que, a veces, se deja llevar por la corriente” (Ch. Péguy)

Prepara para la celebración un documento personal con la reflexión sobre tu actitud abierta a las exigencias de un compromiso evangelizador.

2. Paso de la celebración en el grupo:

  • Ambientación y canto de entrada.
  • Proclamación de la Palabra: Mc 16, 15s
  • Tiempo de comunicación de las experiencias personales.
  • Canto de alabanza y compromiso.
  • Recitamos juntos el salmo 72.
  • Oración final y canto.

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