Castos y célibes por el Reino de los Cielos

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Flores-Orcajo · Año publicación original: 1985 · Fuente: CEME.
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«Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros les hicieron los hom­bres, y hay otros que se hacen eunucos por el Reino de Dios. El que pueda con eso que lo haga». (Mt 19,12).

“Imitadores de Cristo en su amor universal a los hombres, abrazamos, en virtud del voto, la castidad perfecta en celibato por el Reino de los Cielos y la recibimos como un don que se nos ha concedido generosamente de la personal e infinita benevolencia de Dios. De este modo, abrimos más ampliamente el corazón a Dios y al prójimo, y todo nuestro obrar se convierte en gozosa expresión del amor entre Cristo y la Iglesia, que se manifestará plenamente en la vida futura”.

love-for-god-and-neighbor«La observancia de la continencia perfecta toca ínti­mamente las inclinaciones más hondas de la naturaleza humana» (PC 12). Esto significa que es mucho lo que Dios da al conceder el don de la castidad perfecta en celibato y que es mucho lo que a El se promete con el voto de castidad perfecta. La Constitución 29 es un re­sumen apretado de los valores teológicos de la castidad perfecta en celibato.

1. «La novedad de Cristo».

La aceptación de la «novedad de Cristo» es la que empuja a asumir la castidad perfecta en celibato por el Reino de los Cielos, la que crea el aliciente y hace escu­char la posible llamada. Así se expresó Pablo VI en la I?ncíclica Sacerdotalis Coelibatus:

«Jesús, que escogió a los primeros ministros de la salvación y quiso que entraran en la inteligencia de los misterios del Reino de los Cielos (Mt 13,11; Mc 4,11; Lc 8,10), cooperadores de Dios con título especialísimo, embajadores suyos (2 Cor 5,20) y les llamó amigos y hermanos (Jn 15,15; 20,17), por los cuales se consagró a sí mismo a fin de que fueran consagrados en la ver­dad (Jn 17,19), prometió una recompensa superabun­dante a todo el que hubiera abandonado casa, familia, mujer e hijos por el Reino de Dios (Lc 18,20-30). Más aún, recomendó también, con palabras cargadas de mis­terio y expectación, una consagración todavía más per­fecta al Reino de los Cielos por medio de la virginidad como consecuencia de un don especial (Mt 19,11-12)».

«La respuesta a este divino carisma tiene como mo­tivo del Reino de los Cielos; e igualmente de este Reino del Evangelio, y del nombre de Cristo (Mt 19,20) toman su motivo las invitaciones de Jesús a las arduas renun­cias apostólicas para una participación más íntima en su suerte».

«La novedad de Cristo, todo lo que El significa, es la suma de los más altos valores del evangelio y del Reino; una manifestación especial de la gracia que brota del misterio pascual del Redentor, lo que hace deseable v digna de elección de la virginidad por parte de los lla­mados por el Señor Jesús, con intención no sólo de par­ticipar de su oficio sacerdotal, sino de compartir tam­bién con El su mismo estado de vida». (S. Coel. 22-23).

2. «Don eximio de la gracia».

El texto de las Constituciones pone de relieve que la castidad perfecta en celibato es un don que viene de la «infinita y paternal benevolencia de Dios». Los textos conciliares califican este don de eximio (PC 12; PO 16).

Los que guardan la virginidad y el celibato por el Reino de los Cielos «se consagran a Cristo de una manera especial y eximia, se unen a El más fácilmente con un corazón indiviso (1 Cor 7,32-34), se dedican más li­bremente a El y por El al servicio de Dios y de los hom­bres, sirven más expeditamente a su Reino y a la obra de la regeneración sobrenatural y así se hacen más aptos para recibir ampliamente la paternidad de Cristo. De esta forma, manifiestan delante de los hombres que ellos Quieren dedicarse enteramente al ministerio que se les ha confiado (2 Cor 11,2)… Se constituyen en signo visi­ble de aquel mundo futuro, presente ya por la fe y la caridad, en que los hijos de la resurrección no tomarán ni mujer ni marido (Le 20,35)». (PO 16).

3. «Plenitud del amor».

La opción por la castidad perfecta en celibato por el Reino de los Cielos es una respuesta de amor al amor de Cristo para amarle a El y a todos los hombres.

La gracia multiplica con fuerza divina las exigencias del amor, que, cuando es auténtico, es total, exclusivo, estable y perenne, estímulo irresistible para todos los heroísmos. Por eso, la elección del sagrado celibato ha sido considerada siempre en la Iglesia como señal y es­tímulo de caridad (LG 42), señal de un amor sin reser­vas, estímulo de una calidad para todos. ¿Quién jamás puede ver una vida entregada tan enteramente, tachada de egoísmo?… ¿Quién jamás podrá dudar de la pleni­tud moral y espiritual de una vida de tal manera consa­grada, no ya a un ideal, aunque sea sublime, sino a Cristo y a su obra en favor de una humanidad nueva, en todos los lugares y en todos los tiempos?». (S. Coel. 24).

  • ¿Creo en los valores humanos y teológicos de la castidad perfecta y del celibato por el Reino de Dios?
  • ¿El conocimiento leal de las dificultades reales del celibato es útil, más aún, es necesario, pero, ¿cómo valoro las dificultades? ¿les doy un valor y peso mayores que el que tienen dentro del con­texto humano y teológico?

Oración:

«Oh Jesús, Señor nuestro, concédenos una castidad no resignada sino radiante, alegre, madura con tu gracia y nuestro esfuerzo perseverante; que nos una profundamente a Ti; que nos haga portadores de tu Amor y capaces de guiar a los hombres por la senda difícil de la castidad de su propio estado; que nos permita amarles con verdadero y auténtico amor. Te lo pedimos con humildad y confianza. Amén».

 

 

 

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