Andreis, Carta 002. A Vincenzo De Andreis

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Félix de AndreisLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Felix de Andreis · Traductor: Javier F. Chento. · Año publicación original: 2005 · Fuente: Frontier Missionary. Felix De Andreis, CM. 1778-1820. Correspondence and Historical Writings By John E. Rybolt, CM. Vincentian Studies Institute, Chicago, Illinois..
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Roma[note]Carta 2. Carta manuscrita, en italiano, cuatro páginas con dirección, en los archivos provinciales, Turín, papeles de Andreis; copia en los archivos de la Curia General de Roma; colección De Andreis, tomo XVI. Citado en Ricciardelli, Vita, 4849, 105. Vincenzo era hermanastro de Felix, como él mismo menciona en su Itinerario. De Vincenzo descendía una familia numerosa.[/note]

29 de julio de 1812

Mi querido hermano,

Aún recuerdo la promesa que te hice en mi última carta de hace un año, de avisarte oportunamente de mi partida desde aquí hacia nuestra región de origen[note]El motivo de su salida fue un decreto del gobierno napoleónico obligando la repatriación de los extranjeros a sus países de origen. Siendo De Andreis piamontés, tuvo que partir. Pospuso su partida pues estaba dando clases a estudiantes extranjeros de Propaganda Fide, al igual que el caldeo de Nínive que se menciona a continuación que, de otro modo, no habría tenido lugar en donde vivir. (Rosati, “Life”, Summarium, 49).[/note]. Tenía, por así decirlo, la pluma en mi mano, listo para cumplir esta promesa. Preparadas mis ropas para el viaje y mi baúl lleno, y el plazo establecido para mi partida en mi pasaporte, que todavía tengo, estaba a punto de expirar. Aunque no me di cuenta de ello, la Providencia, en la confío completamente, se sirvió de un alumno mío, un caldeo de Nínive, para causar un retraso hasta el final del año académico[note]Se ha identificado a este estudiante como Isaías di Giacobbe (usando la forma italiana de su nombre), que entró en Monte Citorio en 1805 y partió, después de su ordenación, el 29 de mayo de 1815. “Él tenía un comportamiento excelente en todos las asuntos. Siempre humilde, dócil, obediente y devoto, era un joven con las más altas expectativas, que hizo grandes progresos en sus estudios, sobre todo en teología (“Catalogus in quo praeter Convictorum nomina, eorum etiam qualitates adnotantur”, registro de estudiantes en Monte Citorio, 1720-1870, Archivos de la Provincia de Roma, 3.5.11 , 35.)[/note] Puede ser que aún haya alguna demora más. Por lo tanto, ya que mi partida ha sido pospuesta, pensé que debería sencillamente retrasar la información de mi llegada, como había prometido. Y entonces, esta mañana, de una manera inesperada, me entregaron tu querida carta del 21 de este mes. Para mi sorpresa, en ella me informabas de tu osada determinación de emprender un viaje a Roma en un futuro próximo. Te puedes imaginar cómo me sentí al leer la noticia. Me complace enormemente saber que tendré el gozo de abrazarte aquí, después de casi diez años sin que nos veamos el uno al otro. Estaba especialmente encantado con la posibilidad de disfrutar de tu compañía durante tu regreso a casa. Esto me traería un alivio indescriptible y consuelo en el viaje.

Y, como me has pedido consejo sobre la realización de este viaje, debo admitir que estoy perplejo y dudoso. ¿Que debería decirte? Por un lado, Dios sabe cuánto deseo verte y abrazarte. Pero, por otro lado, si bien te quiero mucho, no me gustaría engañarte y que tengas que arrepentirte de correr el riesgo de un viaje como este. Soy consciente de que el viaje es largo —por transporte público te llevaría unos veinte días, y también sería muy caro—. Además, tendrías que hacerlo en medio de circunstancias muy críticas. Debido a ello, yo no podría ofrecerte mi hospitalidad como lo haría en cualquier otra ocasión. No podrías ver las hermosas vistas de esta ciudad, sólo su miseria y desolación. La mula, con la que cuentas para pagar tu viaje, tendrías de venderla a un mísero precio, pues el negocio no va muy bien por aquí. Debido a las grandes miserias, los vendedores son muchos y los compradores pocos, de tal manera que lo que vale veinte se vende ahora por cinco o seis. Para darte al menos un cierto conocimiento de estas miserias, te diré solamente que tuve que deshacerme de mi reloj de bolsillo para poder ayudar a algunas buenas personas reducidas a la extrema pobreza y la mendicidad. Mi corazón no podía soportar tener cosas superfluas, mientras mis vecinos carecían incluso de lo esencial. Hay otra razón de peso que no te puedo decir, pero lo entenderás a través de esta nota, al menos en líneas generales. Al menos retrasa tu salida. Por último, si llegas a Roma es posible que no me encuentres aquí, en el caso que ya me haya ido, y esto nos defraudaría en gran medida a ambos. Sin embargo, a pesar de todo esto, no tengo la intención de disuadirte de hacer tu viaje. Ya que buscas mi aprobación, hagamos esto: coloquemos el asunto en manos de nuestro padre. Que él examine estas cuestiones con su bien conocida prudencia, y será capaz de decidir lo que se debe hacer. Y tú has de aceptar su opinión como si fuera la mía propia.

Estoy muy asombrado y sorprendido de que, en el detallado recuento que haces en tu carta sobre nuestra gente en casa, no menciones a nuestra hermana Margherita, y me quedo con la duda de si fue un olvido o si hay alguna noticia que desconozco.

Dale mis saludos cordiales a tu cuñado y mi querido cohermano [Filippo] Giriodi[note]Filippo Giriodi nació en Demonte el 26 de agosto de 1781. Siguiendo el mismo camino que De Andreis, ingresó en la Congregación de la Misión en Mondovi, el 29 de septiembre de 1797, pero se fue debido al decreto del gobierno del 8 de febrero de 1799. Volvió a ingresar el 9 de diciembre de 1799, y se trasladó de Turín, el 21 de Diciembre de 1799, para estudiar Filosofía en Piacenza. Después de su ordenación regresó a Piacenza, en noviembre de 1815, para enseñar Teología, donde fue nombrado superior el 13 de febrero de 1824. Murió en Piacenza el 28 de Noviembre de 1842. (Ver una nota biográfica en Annales de la Congregation de la Mission 110-111 [1945-1946]: 382-83.)[/note], y dile que deseo abrazarlo de nuevo. Quién sabe, si retrasas un poco tu viaje a Roma, tal vez él podría venir contigo. Pero, por ahora, no. A decir verdad, no puedo entender por qué los dos religiosos de los que me hablaste quieren venir a Roma, donde todas las congregaciones [religiosas] han sido suprimidas y los extranjeros fueron —y aún siguen siendo— expulsados. Una vez que llegaran aquí, quizás lamentarían incluso el haber hecho el viaje.

Por favor, dale a nuestro padre, en mi nombre, las más tiernas y respetuosas muestras de mi amor filial hacia él y ofrece, al resto de la familia y parientes, amigos y conocidos, mis más cordiales saludos. Díles que todos aquí les recuerdan.

Nada hay más importante para mí que la Religión. Con todo mi saber y capacidad te la recomiendo, como tu buen hermano y como tu hermano misionero. La religión no está de moda entre los obcecados jóvenes de nuestros días, que ni frecuentan los sacramentos. Oh, cuántas veces me ha afligido este pensamiento sombrío: aunque me sigo diciendo que empleo todos los medios que mi debilidad me permite para instruir, dirigir y salvar a las almas en todos los sentidos, ¡al menos que no se pierda el alma de alguien de mi familia! Este pensamiento me horroriza. Por esta razón, rezo a Dios cada día en la santa misa por cada uno individualmente. Pero mi afecto por ti me hace temer que, en una época tan perversa como esta, una de las terribles máximas de hoy te podría atacar y arruinar. Estimado Vincenzo, todo termina, y lo hace con rapidez. Mas la eternidad nunca termina, y comienza cuando menos lo esperamos.

Considera este consejo por mi amor fraternal. No viene de que tenga una mala impresión de ti, ya que me alegro de creer en ti y en todo el mundo. Si decides aplazar tu llegada a Roma para un mejor momento, voy a darte un libro sobre religión que quiero hacer imprimir[note]Este libro, escrito por Henri Marie Dudon, era Dio solo, ovvero la sacra lega pmposta agli amanti di Dio da farsi in *ore degl’interessi di quest’Essere Supremo (Rome, 1667; otra edición en 1807). La introducción de esta traducción al italiano provocó que fuera colocado en el Índice de libros prohibidos en 1688. No está clara la participación de De Andreis en la publicación de la edición de 1807, si él lo tradujo del original o no. Él había sacado provecho espiritual del libro mientras estaba en el noviciado (Ricciardeffi, 10). Esto causó algunas dudas en cuanto a su ortodoxia, durante el momento de su selección para la misión americana. Su traducción de Dio Solo se encuentra en los archivos de la Provincia de Roma, manuscrito 14.115, pero no parece existir copia impresa alguna[/note]. Sin duda te agradará puesto que, además de ser instructivo, te resultará curioso, agradable y encantador. El conjunto forma un antídoto general a los muchos folletos venenosos que se han distribuido, y aún están siendo distribuidos, para insuflar ilusiones a los ignorantes, negligentes y disolutos.

Quieres una respuesta al menos hacia el 10 ó 12 de este mes de agosto, y creo que la vas a tener.

La campana de la escuela está sonando, y me obliga a parar. Créeme que, de todo corazón, soy
tu hermano, con afecto

Felix,
indigno sacerdote de la Congregación de la Misión.

P.D. Saludos al Padre [Filippo] Giriodi, también del Padre [Simone] Ugo[note]Simone Ugo, nacido en 1780, sucedió a Francesco Antonio Baccari como Visitador de la provincia de Roma.[/note].

Dirección: Al Sr. Vincenzo De Andreis, Coni [Cuneo] para Demonte. Matasellos: 116, Rome.

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