Amigos que se quieren bien

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Flores-Orcajo · Año publicación original: 1983 · Fuente: CEME.
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«Seréis amigos míos si ha­céis lo que os mando. Ya no os llamaré más siervos, porque un siervo no está al corriente de lo que hace su amo; os llamo amigos por­que os he comunicado todo lo que he oído a mi Padre». (In 15,14-15).

“La comunidad se crea constantemente a sí misma renovando, ante todo, los elementos más importantes de nuestro modo de vivir y obrar, a saber: 1º: el seguimiento comunitario de Cristo evangelizador, que crea en nosotros especiales vínculos de amor y afecto; por eso, uniremos el mutuo respeto a un sincero afecto ‘a manera de amigos que se quieren bien’ (RC VIII, 2). (C.25,1).

€~}El seguimiento comunitario de Cristo es el medio por excelencia para crear comunidad, según las Consti­tuciones. Dicho seguimiento e imitación del Señor con­duce al amor de amistad, expresión eximia de la cari• dad. San Vicente, al hablar de la cordialidad, que es una muestra del amor de amistad, dice: «Es un efecto de la caridad que se tiene en el corazón, de forma que dos personas que tienen en su corazón esa caridad, que ha puesto allí el amor, lo demuestran también entre sí» (IX 1037). Para mejor darse a entender, el Santo añade: «Si la caridad fuese una manzana, la cordialidad sería su color; si la caridad fuera un árbol, las hojas y el fru­to serían la cordialidad, y si fuera un fuego, la llama sería la cordialidad» (IX 1038). Así pues, no habrá ver­dadera amistad si falta la comunicación recíproca de sen­timientos.

1. «Testimoniar el afecto».

Entre los actos de caridad que hemos de mantener vivos entre nosotros, San Vicente señala los siguientes:

«El último efecto de la caridad es testimoniar afec­to. Hemos de demostrarnos mutuamente que nos quere­mos de corazón. Hemos de adelantarnos a los demás, para ofrecerles cordialmente nuestros servicios y nuestras ganas de complacerles. ¡Cómo me gustaría demostrarles el cariño que les tengo! Y, después de habérselo dicho con los labios, confirmárselo con las obras, sirviendo efectivamente a cada uno y haciéndose todo para todos. No basta con tener caridad en el corazón y en las pala­bras; tiene que pasar a las obras y entonces será perfec­ta y fecunda, al engendrar el amor en los corazones de aquellos a quienes queremos y ganando a todo el mun­do». (XI 563).

2. «Ganar los corazones».

Por igual camino, el amor de amistad supone el ejer­cicio de otras virtudes, como la afabilidad, que ha de prodigarse tanto con los de casa como con los ajenos a la comunidad:

«Algunos con sus modales sonrientes y llenos de amabilidad contentan a todo el mundo, ya que Dios les ha concedido esa gracia de darles una acogida cordial, dulce y amable, por la que dan la impresión de ofreceros el corazón y pediros el vuestro; mientras que otros, como yo, hosco de mí, siempre se presentan de mal ta­lante y con cara de pocos amigos… Podéis ver por pro­pia experiencia cómo la primera actitud conquista y atrae los corazones; por el contrario, se puede observar en las personas que ocupan algún puesto elevado que, cuando son demasiado serias y frías, todos las temen y huyen de ellas. Y como nosotros tenemos que trabajar con los pobres del campo, con los señores Ordenandos, con los ejercitantes y con toda clase de personas, no es posible que podamos producir buenos frutos si somos como esas tierras resecas que sólo tienen cardos. Se necesita un aspecto y un rostro agradable, para que na­die se asuste de nosotros». (XI 477-478).

3. «Evitar extremos».

La verdadera amistad vicenciana se mueve entre dos extremos, a saber, la frialdad de corazón para con algunas personas y el exclusivismo con evidente repulsa de otras. Contra estos dos defectos nos advierten las Reglas Comunes:

«Para que siempre permanezcamos vivos entre nos­otros el amor fraterno y la santa unión, nos trataremos con gran respeto, a manera de amigos que se quieren bien y que han elegido una vida en común. Evitaremos cuidadosamente lo mismo las amistades particulares que la aversión hacia alguien, pues se sabe por experiencia que estos dos vicios son el origen de la división y de la ruina de las comunidades». (RC VII 2).

  • ¿Mis relaciones con los demás compañeros de comunidad pecan de frialdad?
  • ¿Testimonio con obras el afecto que les tengo?
  • ¿Me hago todo a todos para ganar a todos para Jesucristo?

 Oración:

«¡Oh Salvador!, tú, que has desterrado de la Compañía los actos contrarios a la caridad, consérvala en esta cordial unión en que ahora se encuentra por tu gracia. No permi­tas que se vea nunca agitada por el soplo del orgullo, ni por el espíritu de división, que la echaría a perder, ni que se sienta jamás en la situación en que otras veces se ha visto desgraciadamente; hablo de otras veces, pues ya hace tiempo que tu bondad la ha sacado de allí, de modo que dentro de veinte años, de cincuenta años, siempre, pueda vivir esta Compañía en esa cordialidad y aprecio mutuo» (XI 556-557).

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