5º Domingo de Pascua (reflexión de la S.S.V.P. en España)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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ssvp“No basta con amar a Dios, si mi prójimo no le ama”. (SvdeP)

Después de su conversión en el camino de Damasco, San Pablo se presenta a los Apóstoles para que su misión fuera auténtica en el seno de la Iglesia, según nos refiere la primera Lectura. En la Carta de San Juan, nos habla después de la esencia de esta misión de apostolado, cifrada en la intimidad con Jesús: “que creamos en la persona de Jesucristo (…) y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que Él nos dio”. Luego el mismo San Juan en su Evangelio, nos relata la parábola de la viña, en la que Jesús dice: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos”, para indicarnos que vivimos de su vida.

La unidad del creyente a la comunidad, y de ésta a la persona de Jesús, es la característica de la comunidad cristiana. En definitiva, lo que convence al mundo es el testimonio fundamentado en el amor que está dispuesto a dar la vida por los hermanos. Pero para que ese amor sea fructífero necesita ser alimentado continuamente por la savia, que es Jesús. La fe sólo se puede trasmitir a través del testimonio. Si la fe no está cimentada en obras inspiradas en los valores evangélicos, simplemente resulta una teoría, una especulación, un rito, una norma. Esto es lo que pretende ofrecernos el quinto domingo de Pascua en la Liturgia de la Palabra.

Saulo ha sido alcanzado por Jesús y derribado de su vida de odio a los cristianos. De la mano de Ananías y los demás hermanos, el nuevo Pablo se va empapando del mensaje evangélico y va creciendo en su experiencia de fe. Poco a poco se va convirtiendo en un predicador elocuente. Sin embargo los cristianos de Jerusalén no están seguros de sus verdaderas intenciones. Es Bernabé quien tiene que presentar las “credenciales” de Pablo para que sea plenamente aceptado y escuchado por la comunidad de Jerusalén. Una vez asumido por ella se dedicará a la evangelización y contribuirá como ninguno a la consolidación de la Iglesia. En Pablo, encontramos un modelo de discípulo que se deja encontrar por Jesús y se pone en camino tras Él.

Respaldar con obras de verdad la fe que profesamos es la insistencia de la carta de Juan. Y las obras están fundamentadas en el amor. Creer en el Hijo de Dios trae como consecuencia segura, el amor a los hermanos. No se puede creer en Jesús sin amar a los hermanos. Una vez más, tenemos que afirmar que “sólo el amor es signo de fe”. Una fe sin obras fruto del amor, es una fe sin savia, sin vida, sin raíz, sin fundamento, sin Jesús.

El amor cristiano bebe de la unión íntima con Jesús. La alegoría de la vid y los sarmientos nos ayuda a entender que, así como la vid no puede dar frutos buenos y abundantes si las ramas no están bien unidas al tronco, tampoco los cristianos, los discípulos podemos dar frutos sanos y agradables, si no estamos unidos a Jesús. Bien vale la pena preguntarnos, cuáles son los frutos del amor: La justicia, que implica vivir una vida recta en todos los aspectos; la verdad, que es lealtad y transparencia; la fraternidad, que nos permite vivir el misterio de la filiación divina; la solidaridad, que nos abre a la generosidad, al servicio y al compartir comunitario; la reconciliación, que contribuye a la convivencia humana herida por el egoísmo, la violencia, la injusticia; la paz, que produce el bienestar y garantiza la convivencia armónica entre todos.

“Para tender a la perfección, hay que revestirse del Espíritu de Jesucristo”. (SvdeP)

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