2 Cro 36, 14-16. 19-23; Sal 136, 1-6; Ef 2, 4-10; Jn 3, 14-21.
“Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único”
Seguimos caminando, cuaresma arriba y al lado de Jesús de Nazaret, hacia su Pasión y su Pascua. No vamos solos, los demás y la Iglesia nos acompañan. Y queremos continuar con buenos ánimos y con nuestras pobres colaboraciones con la gracia.
Hoy nos sale al camino una entrevista apasionante entre Nicodemo, –maestro, jefe, anciano y muy religioso judío–, y el joven y libre Jesús de Nazaret. Nicodemo va a verlo de noche con su mochila llena de preguntas. La carne y la gracia, los méritos y la gratuidad, el cumplimiento y la libertad, la oscuridad y la luz… se encuentran. Nicodemo no es un pescador de Galilea, es un intelectual de Jerusalén, siente simpatía por Jesús y busca, pues quiere saber. Al mismo tiempo –ya tiene un largo camino andado, mucho prestigio que proteger y la noche puede ayudarlo a nadar y guardar la ropa. Nicodemo –como tantos intelectuales, escritores o dirigentes– reconoce a Jesús como un personaje histórico especial. Pero en esa simpatía pública se quedan. De momento no avanza más.
Pronto sabremos, a través de la entrevista –que Jesús no le pide sólo una simpatía, sino la fe, el salto de la fe en él; y que no se trata de aprender verdades, sino de “nacer de nuevo y de lo alto” para entrar en el Reino…
Por favor, léete completo Jn 3, 1-18 y te llenarás de gratitud. ¡Tanto amó Dios al mundo…! ¡Gracias!







