3º domingo de T.O. (reflexión de Mario Yépez, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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Author: Mario Yépez, C.M. .
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padre-marioA diferencia de los demás evangelios, el evangelista Marcos elabora al comienzo de su narración una presentación de la persona de Jesús sin recurrir a relatos de su infancia o apelando a un himno que hable sobre su origen divino. Para él, es preciso hilvanar el misterio de la identidad de Jesús desde el esquema: afirmación-negación-reafirmación (el conocido secreto mesiánico de Marcos). Por ello, los que están llamados a realizar esta identificación se convierten también en protagonistas de esta narración, es decir, sus discípulos. Marcos inició su evangelio confirmando de quién se trataría el mismo: Jesús, el Cristo, Hijo de Dios (1,1) y lo presenta como tal desde la teofanía de su bautismo: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.

Es desde aquí, donde se teje la trama del reconocimiento de Jesús como el Hijo de Dios por parte de quienes se sienten motivados a seguirlo dentro de un contexto teológico y que no está ajeno al histórico. Por ello, Jesús proclama que el “tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios se ha acercado”.

Este tiempo no es uno cualquiera; no es el que está preso en el esquema presente, pasado, futuro; es un “momento oportuno”, es un tiempo de salvación, el momento en que Dios irrumpe en la historia y abre una nueva etapa para el hombre.

La imagen del reino de Dios siempre se ha entendido en Israel como la aceptación de su soberanía sobre toda la creación y el reconocimiento del mismo por su pueblo y por toda la humanidad, insistencia muy propia del profetismo como nos lo recuerda el pasaje de Jonás preparado por la liturgia dominical. Sabemos que la historia de Jonás parece más una historia ejemplar que un libro meramente profético y recoge el sentir de la misericordia de Dios que se extiende a todos los pueblos por lo que se cita a Nínive, capital del imperio asirio, que acoge la proclamación del difícil Jonás, resultando más bien para él, una lección de lo que significa plenamente la misión del profeta. Por ello, si la salvación pudo ser buena noticia para Israel, ¿por qué no lo podría ser para las naciones paganas?

Es Jesús quien trae esta buena noticia (evangelio), por lo que se hace necesario una disposición para aceptarlo plena y urgentemente: “cambiad y cree” (son verbos imperativos). Esta claro que se está abriendo un diálogo: la revelación de la salvación de Dios y la respuesta urgente y comprometida del creyente, o mejor dicho, siguiendo a Marcos, del discípulo.

Por ello, inmediatamente, Jesús irrumpe la vida de estos pescadores en su paso por el Mar de Galilea (lugar muy citado por este evangelio). Hay, sin duda, aspectos muy llamativos en este peculiar llamado de Jesús.

1. Jesús va buscar y llamar a sus seguidores, rompiendo el esquema tradicional de los rabinos de Israel. ¿Nos sentimos realmente “llamados por él” o más bien pensamos que somos nosotros los que le hemos escogido?

2. Jesús llama en esos dos momentos relatados a dos hermanos. Propiamente estamos ante un solo llamado articulados o narrados en dos momentos, pero la fraternidad es la constante. ¿En qué medida me siento parte de esta fraternidad del llamado?

3. Jesús los vio y los llamó para que lo sigan “detrás de él” (propiamente, detrás de mí). Esto aunque pueda parecer trivial, tiene mucha importancia para Marcos (se repetirá en el momento clave de su evangelio Mc 8,33). La clave del discipulado es ir detrás de Jesús; ni al costado ni mucho menos delante de él. Jesús ha fijado su mirada en nosotros y nos ha llamado a participar de una identidad (“los convertiré) que luego se revestirá de misión y tarea (“en pescadores de hombres”)

4. Jesús exige sopesar este llamado y en ello hay que elegir entre Él y la vida cotidiana. Ello dejaron (“abandonaron”) mucho: redes, barca, padre, jornaleros. ¿Qué dejamos por seguir a Jesús?

No es dejar lo ordinario por dejarlo sin más; hay una exigencia de transformar eso ordinario en algo extraordinario. El Reino de Dios no anula lo ordinario de la vida del hombre; lo lleva a que

se entienda en su plenitud. Quizá por ello de la insistencia del evangelista Marcos de presentar la dimensión del aprendizaje del discípulo antes de poder ser enviados con la luz de la resurrección. Es cierto, que estos hermanos fueron luego convocados a formar parte de los Doce, pero en ellos está centrado el llamado que hace Jesús a todos los que quieran seguirlo y esto no es particularidad de algunos pocos. En esto quizá pueda ayudarnos la reflexión de Pablo hecha a los corintios subrayando la urgencia del “momento oportuno” (el mismo vocablo que el usado en Marcos) y cómo el discípulo de Cristo está llamado a trascender la realidad ordinaria (la apariencia de este mundo) viviendo esta experiencia extraordinaria de ser “pescador de hombres”.

Reflexionemos en torno a esta invitación que Jesús nos ha hecho a ser sus discípulos y que hoy a la luz de la Palabra recordamos y renovemos el compromiso de hacer de nuestro quehacer cotidiano un reflejo de lo que estamos llamados a ser por la gracia de Jesús. El requisito es uno: caminar detrás de Jesús. Pidamos, pues, que sea Jesús quien nos enseñe su camino, que nos instruya en sus sendas y así podamos caminar con lealtad hacia él.

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