34º Domingo T.O. – Jesucristo Rey del Universo (Rosalino Dizon Reyes)

Ross Reyes DizonHomilías y reflexiones, Año CLeave a Comment

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Rey como ningún otro rey indudablemente

¡Jesús es Rey!  ¿Cómo reaccionamos ante esta proclamación?

Los ancianos del pueblo, los sumos sacerdotes, los escribas todos a una llevan a Jesús en presencia de Pilato.  Luego de oír las acusaciones, el prefecto romano pregunta a Jesús si es el rey de los judíos.  Le contesta Jesús:  «Tú lo dices».

La respuesta parece indicar que Jesús no se siente del todo cómodo con el título de rey.  Se considera como quien evangeliza a los pobres.  También se llama expresamente el buen pastor que da la vida por sus ovejas.  Además, se nos presenta claramente como quien sirve.  Pero en cuanto a ser rey, no lo reclama para sí mismo.

Cierto, en el evangelio de Juan, Jesús no deja lugar a dudas de que es rey.  Pero no tarda en añadir casi de inmediato que su reino no es mundano.  Así que aunque admite que es el Mesías Rey de la línea de David, deja claro, sin embargo, que no es un rey como cualquiera.  No es un potentado; Jesús viene a nosotros, humilde montado en un asno.  Y en esto está la clave para que nuestra postura ante Cristo sea correcta.

No sea que rompamos esquemas mundanos, jamás señalaremos a él con acierto.  Acabaremos haciéndole muecas.  Lo tomaremos por impostor que se pasa por el Hijo de Dios y el rey de los judíos.

Si vamos, en cambio, más allá de las expectativas mundanas, nos inspiraremos en el anuncio del ángel Gabriel.  Reconoceremos rey al nacido de la Virgen María.  A imitación de los magos del oriente, lo adoraremos arrodillados.  Tan confiados además como el malhechor creyente, suplicaremos a Jesús que nos acoja algún día en su reino.

Y no podemos asegurar mejor esa acogida que seguiendo a Jesucristo hasta el fin en el servicio de los pobres  (SV.ES III:359).

O nos acoge o nos rechaza el Hijo del Hombre, reunidas ante él todas las naciones.  Su decisión depende de cómo tratamos a sus más pequeños hermanos y hermanas.  Lo toma de forma personal cuando ayudamos o no ayudamos a los pobres.

Y Jesús los hará compartir su herencia real a los con fe tan grande que perciben su realeza en la cruz.  Participarán asimismo en el banquete celestial cuantos les dan de comer a los hambrientos, discerniendo la presencia real de Cristo en los pobres.

Señor Jesús, danos ojos y corazón para los pobres.  Que contemplemos tu realeza en ellos, te homenajeemos en ellos, y un día nos unamos a ti y a ellos en tu reino.

20 Noviembre 2016
34º Domingo T.O. – Jesucristo Rey del Universo (C)
2 Sam 5, 1-3; Col 1, 12-20; Lc 23, 35-43

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