2º Domingo de T.O. (reflexión de José Román Flecha)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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Author: José Román Flecha .
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Domingo 2º del Tiempo Ordinario, B
15 de enero de 2012

Su nacimiento había sido recibido como un don extraordinario de Dios. Así que bien pronto fue consagrado al Señor. Su infancia transcurre ahora en el ámbito del santuario. En medio de la noche se siente llamado por una voz misteriosa. Contra lo que él cree, no es el sacerdote quien le llama. Es el mismo Dios (1 Sam 3, 10.19).

Este hermoso relato de la vocación de Samuel es el icono perfecto de la vocación. Dios es el Señor de la historia humana y no le es indiferente el camino que sigue su pueblo.  Y es también el Señor de cada una de las vidas de los hombres. Dios tiene la iniciativa. Llama a quien quiere y cuando quiere. Como decía San Juan de Ávila, “llama Dios a los hombres y usa con ellos de sus inmensas maravillas”.

Por otra parte, la misión que confía Dios a cada ser humano no puede ser olvidado. Ante la llamada de Dios, a la persona corresponde la responsabilidad de la escucha, la sinceridad de la respuesta y la fidelidad a la misión encomendada. Esas tres actitudes revelan la autenticidad de la vocación del profeta Samuel.

LAS PREGUNTAS

También el evangelio que hoy se proclama contiene el relato de una vocación (Jn 1,35-42). Si la de Samuel pasaba por la mediación de su familia, la de los primeros discípulos de Jesús pasa por la mediación de Juan el Bautista. Sus acciones y su palabra orientan la atención de sus discípulos hacia la figura de Jesús, el Cordero de Dios.

El texto recoge tres frases de Jesús. Una pregunta, una invitación y una promesa. La primera interpela a los que andan buscando un sentido para su vida: “¿Qué buscáis?” Ser persona es una tarea siempre inacabada. Y lo es también el ser creyente. La búsqueda nos define. No puede uno estancarse en las metas conquistadas.

La segunda frase abre la mirada hacia un horizonte insospechado: “Venid y lo veréis”. Aquellos jóvenes hebreos pertenecían a un pueblo al que sus escritos sagrados invitaban a “escuchar” la palabra de Dios. Ahora llegaba la hora de “ver”. Los discípulos habrían de ser testigos de las obras de Dios.

La tercera frase era una promesa a Simón. El cambio de nombre sugería siempre el cambio de misión. Simón habría de llamarse Cefas, es decir, Piedra. Sobre Él construiría Jesús una nueva comunidad, caracterizada por el seguimiento del Maestro y la fraternidad entre los discípulos.

Y LAS RESPUESTAS

También en boca de los discípulos coloca el evangelio dos frases inolvidables. La primera encierra una confesión y una pregunta. La segunda es un gozoso anuncio que trasciende el lugar y los tiempos.

  • “Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives”. La persona de Jesús es rica e interpelante. Cada uno la ve desde un punto de vista diferente. El creyente lo reconoce como Maestro y está dispuesto a asimilar sus enseñanzas. Y sabe que para vivir como Él ha de aprender a convivir con Él y vivir donde Él vive.
  • “Hemos encontrado al Mesías”. Hay una relación entre la búsqueda y el hallazgo. Por gracia y don de Dios podemos pasar de buscar algo  a encontrarnos a Alguien. Los discípulos verdaderos saben que han encontrado al Mesías. Y lo proclaman con la convicción y la alegría de quien ha encontrado al Salvador.

Evidentemente estas respuestas de los discípulos primeros se aplican también a los discípulos de hoy. Reconocer a Jesús como Maestro y como Mesías compromete la vida de la persona. Y, sobre todo, orienta toda la existencia.  Los cristianos sabemos que hemos sido llamados a ser discípulos y enviados. Y por ello damos gracias a Dios cada día.

– Señor Jesús, vuélvete a nosotros, pregúntanos cada día por el sentido de nuestra búsqueda y danos luz para encontrarte y valentía para anunciar el valor de ese encuentro. Amén.

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