24º Domingo de T.O. (Antonio Elduayen)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año CLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Antonio Elduayen, C.M. · Año publicación original: 2016 · Fuente: Provincia de Perú de la Congregación de la Misión.
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A 70 días del término del Año de la Misericordia, el evangelio de hoy (Lc 15, 1-32), reafirma la primacía de la misericordia de Dios sobre su justicia. Uno no sabe por qué, pero Dios, que es tan justo como misericordioso, ha querido mostrársenos en esta vida, más misericordioso que justo. Así es y así lo ha venido manifestando, para nuestro bien, con palabras y hechos, a lo largo de nuestra historia. Al respecto, la Palabra de Dios es terminante, tanto en el Antiguo Testamento como, sobre todo, en el Nuevo con Jesucristo. Y en las tres parábolas llamadas de la misericordia, en las que se identifica con un pastor que perdió una oveja, con una mujer que perdió una moneda y con un padre que perdió un hijo…

En términos diferentes, cada una de estas parábolas contiene los mismos elementos. Hay una pérdida (de una oveja, una moneda, un hijo, que nos representan a nosotros); hay una búsqueda (acuciosa y esperanzada); hay el encuentro (tranquilizador y gozoso); y hay un compartir (con los amigos, la alegría del hallazgo y de la recuperación). Dicho así, tan esquemáticamente, la cosa suena fría, por eso les invito a releer las tres parábolas para sentir la pena y la angustia (de la pérdida y la búsqueda), y la emoción y el alborozo (del encuentro y la ulterior celebración). Por otro lado, cada uno de estos aspectos es importante en sí mismo y contiene muy buenas enseñanzas.

Ciertamente son muchas las enseñanzas que podemos sacar de estas parábolas, pero habrá que resaltar y retener ante todo las que Jesús quiso darnos: 1. que Dios Padre y el mismo Jesucristo nos aman entrañable e incondicionalmente, más allá de nuestros méritos y deméritos; y 2. que Su misericordia se inclina a favor de “los alejados” y “los pecadores”, aunque nos quiera a todos. No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores (Mt 9,13; Mc 2,17; Lc 5,32), fue la respuesta en parábolas que dio Jesús a quienes le criticaban que se juntaba y comía con los pecadores. “Parábolas de la misericordia” las llamamos, y será bueno recordar que la palabra misericordia quiere decir “corazón compasivo” e incluye las dos palabras más hermosas de la lengua: amor y perdón. Justamente las dos palabras clave de la parábola del Hijo y del Padre Pródigos.

Entre las otras enseñanzas que se desprenden de la parábola del Padre Pródigo, quiero destacar estas dos: 1. el valor y la importancia de la persona humana, más allá de las circunstancias naturales, económicosociales, espirituales y aún morales, que pudieran rodearle. Dios ama a la persona por sí misma y hace lo imposible para mostrarle su amor misericordioso. 2. El valor y la importancia de la reconciliación, que supone la conversión, y del perdón, que termina en abrazo y fiesta.

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