22º aniversario del asesinato en Panamá del P. Nicolás Van Kleef, C.M.

Francisco Javier Fernández ChentoTestigos vicencianos1 Comment

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Autor: Varios autores · Año publicación original: 2011.
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Ya han pasado 20 años desde aquel domingo 7 de mayo de 1989 entre las 9.00 y 10.00 de la mañana, en la comunidad de Santa Marta, Bugaba, Provincia de Chiriquí, Panamá; día en que fue arrebatada de nuestro suelo patrio, la vida del sacerdote Nicolás Van Kleef CM, quien viajó desde Holanda como parte de la Congregación de la Misión a compartir la Buena Nueva. El Padre Nicolás Van Kleef tenía 52 años de edad, y más de 20 años de residir y trabajar en Panamá. A causa de un accidente de tránsito, estaba postrado en una silla de rueda desde donde cumplía sus tareas pastorales, en este caso como párroco de la comunidad de Santa Marta. En el momento conducía su propio auto especialmente adaptado para su condición.

Toda la comunidad eclesial nacional se pronunció frente a este hecho e hicieron las denuncias, se vio la solidaridad internacional a través de cartas, resoluciones, comunicados y denuncias de grupos de derechos humanos. A pesar de que los años han pasado, la comunidad de Santa Marta, amigos, vecinos de la Congregación de la Misión; siguen recordando el ejemplo dejado por tan gran servidor del Señor. Es por esto que el pasado sábado 9 de mayo, se realizó una caminata desde la entrada de la comunidad, hasta el templo donde reposan sus restos.

El 7 de mayo de 1989, en Panamá, se celebraban elecciones presidenciales y legislativas. En todo el país había ansiedad y tensión. El Gobierno Militar liderado por el General Manuel Antonio Noriega, cual bestia herida, le lanzaba mordidas y garras hasta a su propia sombra. Era predecible una contundente derrota electoral y un eventual fraude.

Ese domingo, como de costumbre, el padre Nicolás Van Kleef recorría las calles del poblado de Santa Marta, un pueblo rural de la provincia de Chiriquí a mas de 300 kilómetros de la ciudad de Panamá. El sacerdote era paralítico y andaba en un auto especialmente ajustado a sus necesidades especiales. Le acompañaba Isaac González de 16 años. El padre conducía y el joven con un altavoz anunciaba que la misa estaba por comenzar .

La invitación a la misa era tarea casi rutinaria del sacerdote y sus ayudantes parroquiales. Sin embargo, un día antes del suceso, otro cura fue al cuartel y se aseguró de obtener autorización para llamar a la gente al templo.

El Padre Nicolás fue detenido por el soldado Olmedo Espinoza, quien le informó que el subteniente Rigoberto Rivera Carrillo, encargado del destacamento quería hablarle porque estaba prohibido el uso de altavoces ese día. El soldado se subió al auto y se sentó detrás del padre, quien en ruta al cuartel instruyó a su ayudante para que siguiera invitando a la gente a la misa. El soldado discrepaba con el sacerdote sobre la ruta que tomaba para llegar al cuartel, cargó su fusil, le quitó el dispositivo de seguridad y le apuntó. A pocos metros del cuartel le disparó en el lado derecho de la cara. El padre murió al día siguiente en el hospital.

El soldado fue protegido y recibió tratos especiales. Las investigaciones estuvieron casi paralizadas hasta siete meses después, cuando los militares fueron derrocados durante la invasión estadounidense.

Un nuevo fiscal promovió el juicio contra el soldado, también acusó a la fiscal anterior y a varios ex coroneles de encubridores. El Tribunal aceptó enjuiciar al soldado, pero negó responsabilizar a los acusados de encubrimiento. El 16 de junio de 1992 un jurado de conciencia declaró al soldado Olmedo Espinoza como culpable de la muerte del padre Nicolás Van Kleef y por ello recibió condena de 16 años de prisión. El soldado se defendió diciendo que el tiro se le salió accidentalmente y argumentaba que el padre embistió a un compañero con el vehículo.

Cinco años después de la muerte del padre, un gobernador de Chiriquí, simpatizante de los militares, propuso cambiar el nombre del parque que honraba la memoria de Nicolás Van Kleef. El gobernador dijo que la Iglesia debía comprender que un pasado oscuro, nadie lo quiere recordar. El clero regional reaccionó enérgicamente calificando la propuesta como un insulto.

En la cárcel pública de David, el soldado Espinoza era considerado reo de confianza y pedía una disminución de la pena. El 12 de junio recibió el beneficio de libertad condicional.

Los Misioneros Paúles, congregación a la que perteneció Van Kleef, afirmaron que «tarde o temprano cada uno será juzgado» y que existe «una justicia divina que está por encima de la de los hombres y que Dios es quien dispone».

Abdiel Antonio

El padre Teodoro Ríos, párroco de la Iglesia Inmaculada Concepción en Bugaba, nos comenta que Van Kleef se inclinó por el sacerdocio misionero, a raíz de que un tío suyo era misionero en Guatemala. Al ser ordenado sacerdote en 1963, viajó a Guatemala, luego en 1965 arriba a Panamá.

Ríos señala que al poco tiempo de haber llegado a la provincia de Veraguas sufre un accidente que lo deja postrado en una silla de ruedas. Por la gravedad de las heridas es trasladado a Holanda, donde permaneció mucho tiempo en un hospital, recibiendo atención médica especializada, que le ayudó a recuperar los movimientos de los brazos y con su inteligencia pudo salir adelante, al punto que conducía su propio auto, el cual fue acondicionado para ser manejado, tomando en cuenta su discapacidad física.

El estar en silla de ruedas no le resta vitalidad a este padre, quien hacía todo lo que estuviera a su alcance, celebraba todas sus misas, predicaba la palabra de Dios, aconsejaba a la gente que así se lo pidiera, no era un hombre que se queda «echado» para que los demás lo atendieran, todo lo que él podía hacer, el lo hacía ya que no le gustaba que nadie hiciera las cosas por él.

Van Kleef tenía gran iniciativa para efectuar trabajos de electrónica. Además de llegar muy temprano a las diferentes comunidades donde celebrara sus misas, circulaba por todo el sector anunciando la misa.

En la provincia de Chiriquí trabajó en la comunidad de Alanje y luego en Santa Marta donde ofrendó su vida en beneficio de los más humildes a quienes Van Kleef consideraba mucho.

Este tulipán holandés que vivió por 24 años en Panamá, aprendió nuestra cultura y compartió con los panameños momentos buenos como también momentos malos y solamente por llevar la palabra de Dios a sus semejantes, una bala le arrebató la vida. Asimismo daba consejos a los jóvenes y nunca se le veía de mal humor a pesar de estar en una silla de rueda.

Cada año los feligreses y los sacerdotes realizan una caminata desde la Iglesia de la Inmaculada Concepción en Bugaba hasta la comunidad de Santa Marta, donde yacen los restos mortales de este cura; que con su genuina forma de ser, cautivó el corazón de muchas personas, que vieron en él a un hombre que hacía honor a su frase preferida «quiero ser buena noticia y no una mala».

Nico, como le recordamos quienes le conocimos, te aseguramos que hoy estas morando al lado de nuestro Creador y desde allí te pedimos sigas siendo la buena noticia que fuiste aquí en la Tierra.

Delsi Sánchez Madrid

En medio de los escándalos de la dictadura, no solo la población civil se veía afectada, sino también el clero panameño, para 1989, era Arzobispo Metropolitano, Monseñor Marcos Gregorio McGrath, y nuncio de la Santa Sede en Panamá, el donostiarra español, Monseñor Sebastián Laboa. La Iglesia había tomado parte de la lucha contra la dictadura, con mayor fuerza a partir de la muerte del P. Héctor Gallego en 1971, y el padre agustino Moisés González, ahogado en las aguas del Tabasará en fidelidad a compromisos adquiridos, pese a los riesgos. . Sin embargo en 1989, cuando el país estaba convulso y la dictadura pendía de un hilo. Acaeció otro asesinato, La mañana del 7 de mayo, día en que se celebraran las elecciones presidenciales, a escasos metros de la Iglesia de Santa Marta en el distrito de Bugaba, un agente de las fenecidas Fuerzas de Defensa, apretó el gatillo hiriendo de muerte a Van Cleef, quien debido a un accidente de tránsito sufrido en Veraguas, estaba en silla de ruedas, a pesar de lo cual continuaba celebrando misas en diferentes comunidades.

Este sacerdote acostumbraba recorrer el pueblo, utilizando un alto parlante para informar que la misa estaba próxima a iniciar, pero a pesar de haber solicitado permiso a los jefes de la extintas Fuerzas de Defensas en La Concepción para ello, un policía confuso pensó que llamaba para sabotear las elecciones, a la vez que no quería que el sacerdote hiciera su labor, abordando el auto en que viajaba y poniéndole el arma en la cabeza no vaciló en cometer uno de los más despreciables crímenes en contra de un hombre cuyo aparente pecado era amar a Dios y luchar por la paz.

A finales de 1989 comienza el principio del fin. El día 19 de diciembre, alrededor de las 11:30 p.m., comenzó el bombardeo estadounidense simultáneamente a todos los objetivos militares en el país sin importar daños a civiles inocentes que a esa hora dormían, dando inicio la invasión militar estadounidense a territorio panameño. Bush anunció que sus fuerzas en Panamá tenían como objetivo capturar a Noriega y proteger «los intereses norteamericanos» en aquel país. La movilización militar tomó aproximadamente dos semanas y se calculan entre de 3,000 y 5,000 bajas, en su gran mayoría civiles de las áreas más pobres del país. El nombre de la operación fue «Causa Justa». Noriega estuvo escondido durante unos días en la casa de su amante Vicky Amado, hasta que se trasladó a la Nunciatura Apostólica de Panamá el 24 de diciembre, amparado por el Nuncio Sebastián Laboa.

En el momento más traumático de la historia de nuestra Nación, a la Nunciatura recurrieron todos: víctimas y victimarios, invasores e invadidos. Monseñor José Sebastián Laboa fue actor principal del drama y logró lo imposible salvando muchas vidas en el proceso. Fue, en el estricto cumplimiento de su función diplomática, un éxito incuestionable.por ello la Nunciatura se ganó el apodo de «La Pensión Laboa».

El mismo Laboa dijo así en una entrevista. » Fue una situación muy delicada para mí. Primero hay que tener en cuenta que Noriega fue durante 15 años jefe con Bush de la CIA, era un hombre de ellos. Por un lado provocó el nacimiento de la Cruzada Civilista, que era el grupo anti-Noriega. Yo me encontré allá con dos problemas. La invasión de los americanos y la guerra civil en Panamá. En dos días ya había mil muertos…, realmente fue tremendo… Por otro lado el general Noriega quería que comenzasen las guerrillas… Noriega me envió a un capitán de su Ejército, él estaba en un búnker, y me dijo que si yo le recibía como asilado político, la guerra civil terminaría»

Como Nuncio alcanzó cotas altísimas cuando acogió en la Nunciatura al General Noriega. él tuvo que aguantar la presión del ejército norteamericano desplegado en Panamá, y tratar el asunto con el Presidente de los Estados Unidos. él convenció a Noriega para que se entregase libremente. Su simpatía natural, su carácter activo y abierto, le abrían todas las puertas.

El 3 de enero de 1990 Noriega se entregó al ejército estadounidense; al día siguiente subió a un avión procedente de Miami, donde al llegar fue recluido en el condado Dade en espera de juicio. Fue condenado a 40 años de prisión como prisionero de guerra, luego de salir absuelto en sendos juicios por presunta participación en el ingreso a EE. UU. de cocaína y marihuana, y luego se le redujo la condena a 30 años.

Alcibiades M. González P.

El próximo 8 de mayo de 2011 estaremos recordando los 22 años de la Resurrección del padre Nicolás Van Kleef, C.M., asesinado en Santa Marta, Bugaba, Chiriquí durante las elecciones presidenciales de 1989.

Esta tragedia se recordará en Santa Marta hoy Sábado 7 de mayo, iniciandose con una caminata desde la Parroquia de la Inmaculada Concepción.

Recordemos a Padre Nico con estos versos:

VAN KLEEF

Por si acaso alguno cree que te olvidamos
Por si acaso alguien ignora nuestro llanto
Te entrego amigo, hermano este canto
Y el compromiso firme de imitarte

Un canto que recoge humildemente
La protesta de un pueblo ya cansado
Que denuncia las balas asesinas
Y la voz mentirosa de estos días

Ves amigo, mil manos jóvenes y erguidas,
Sobre este suelo regado con tu sangre,
Florecen como Amor, florecen como Paz
Derraman como cantaros tu luz

Cuanto necesitamos de tu magia
De tu noticia buena y tu sonrisa
Tu terquedad de niño y tu manera
De servirle a la gente con tu vida

Celebrar ese día, solo querías,
La Misa de la Paz y la Alegría
Más la sombra del odio se interpuso
Llevando hasta la muerte tu camino

Hoy que la vida sigue adelante
Y en Santa Marta un mártir nos anima
Dejemos el temor que nos doblega
Y avancemos de frente con su silla

Ni con palabras dulces, ni con gritos
Ni con una mentira entre los labios
Podrá nadie quitarnos el regalo
De Libertad, Respeto y Evangelio
Que encontramos inmerso entre tus ojos
Cual aurora de luz y nueva vida

P. Alcibiades Guerra, C.M.

One Comment on “22º aniversario del asesinato en Panamá del P. Nicolás Van Kleef, C.M.”

  1. Muchas veces omiten parte de la Historia el caso del Padre Van kleef no es la.excepción. gracias al chofer de un gobernador idealista inicio el proceso.

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