Sé hombre de fe
La fe siempre es la fuerza de los valientes y no la debilidad de los cobardes. La fe siempre es garantía de victoria con tal que ésta nos sacuda y no nos permita caer en un conformismo inoperante, en una aceptación sin riesgo ni compromiso real, en un vivir sin esfuerzo continuo la fidelidad a sus exigencias. Ya desde el comienzo de la predicación evangélica la Tradición ha visto siempre en la barca el símbolo de la Iglesia, en el mar encrespado las herejías, las persecuciones, las ideas contrarias al Evangelio, que hacen tambalear los cimientos de la Iglesia, y en los discípulos, que tienen miedo, a los cristianos que se sienten inseguros en su fe o temerosos de comprometerse ante las dificultades sin darse cuenta que Cristo está ahí, a su lado, aunque aparezca como dormido.
Es bueno el miedo que nos hace mantenernos despiertos con las lámparas de la fe encendidas. Es bueno el miedo que nos hace aceptar que somos débiles y tenemos que pedir y aceptar la fuerza de lo alto para luchar y vencer todo aquello que quiera minar nuestra fe y nuestro compromiso de vida cristiana. Sabemos que Cristo está con nosotros y por eso podemos decir con San Pablo: “Con Cristo lo puedo todo. Nada ni nadie me separará del amor de Dios”.
El camino de la fe no es fácil. Nadie te lo ha prometido. En él muchas veces, encontraremos dificultades, dudas y temores, deviaciones y hasta algunos errores. Por eso debemos confiar en el Señor pero esforzarnos por vivirla con autenticidad. Sólo así nuestra fe saldrá fortalecida y purificada. Debemos confiar en que nuestra fidelidad al Señor, al Señor que nunca nos fallará, siempre debe ser más fuerte que nuestros temores ante las “tempestades” que nos agitan, que nos hacen titubear y hasta tambalear en nuestra fe. Debemos confiar que, siempre que nos sintamos casi hundidos y sin fuerzas, Cristo estará a nuestro lado para que lo llamemos, nos eche una mano y nos dé nuevas fuerzas para seguir luchando.
Sé valiente. Comprométete con tu fe. Vive siempre unido a Cristo. Aliméntate de Él. Deja que Él siempre esté a tu lado aunque parezca dormido. No te duermas tú. Ten la seguridad de que, si estás con Él, al final siempre vencerás.







